junio 28, 2006

Nunca me han presentado formalmente al vampiro - Colaboración desde Brasil


NUNCA ME HAN PRESENTADO FORMALMENTE AL VAMPIRO
Serjania Trochilidae

... Por eso me pregunto: ¿existen los vampiros? Cuando camino en dirección a mi casa, calles casi solitarias antes o llegando a la medianoche, ni mi sombra aparece para asustarme. Mis caminatas no han sido una o dos, incontables son las noches bajo los más variados rostros lunares. A mi casa llegan gatos de todos los tamaños y colores, ¡vampiros jamás! Lo más parecido que he llegado a ver son aquellos mamíferos con alas que sobrevuelan los árboles para extraer el néctar o polen de las flores. En la noche siempre se acercan a mi casa buscando insectos o frutos cerca del árbol gigante de mango que está en el frente. Nunca desperté con mi cuerpo horrorizado por el grito de una bella carioca siendo atacada por Drácula Nascimento do Amaral o por Nosferatu da Silva Neto. He virado mi cabeza a un lado pensando, con mi mirada perdida en cualquier punto, en el brasilero lindo que me gusta, y cómo será nuestro próximo encuentro. ¡Buena oportunidad para un vampiro atacar otra presa! Un cuello dispuesto a ser mordido, un cuerpo listo a ser sugado. ¡¡¡Y sas!!! Mis venas han sangrado, gota tras gota, sin parar, un dolor, arde, ¡que tonta soy! Qué descuido, mientras preparo el material vegetal me he cortado con la navaja recién afilada, las cuchillas son nuevas! Sí, lo único que ha penetrado mis venas (y aclaro que en el área de los dedos) son estos artefactos metálicos.

Nunca me topé con un espectro pálido, de ojeras, colmillos largos, puntiagudos, y capa negra. Sólo que mirándolo desde otra óptica, convivimos a diario con todo tipo de ejemplares chupasangre. Desde los que profesan el vampirismo más cómodo y fácil, empleado público, compañero de estudio, colega de oficina o el vecino del barrio, hasta los vampiriles hematófagos selectos que abundan en las esquinas de nuestro país, en pasillos de instituciones, abusando de su condición, de su posibilidad, y transitan en vuelo por varios de los cargos de estado. Sugan en las venas nuevas pero no dejan de tirar y morder en pieles ya cansadas y adoloridas. Clavan los colmillos, hieren, envenenan, agotan y se sigue pensando que darán la cura para el propio veneno que han inyectado con su mordida.

Pensándolo bien, prefiero morir dulcemente desangrada por un vampiro de verdad. ¡A mi que me lo presenten!

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