noviembre 28, 2006

Culpables - Colaboración desde la Patagonia


Culpables
por Aldo Novelli

El mundo está destruido
y yo he descubierto a los culpables.

Los culpables son ustedes
sí ustedes/ poetas/ o lo que es peor: lectores de poesía/
no me miren con esa expresión violenta en los ojos
ya hay demasiada violencia en el mundo/
sean comprensivos por un momento
dejen esa excelsa vanidad de artista a un lado.

Ustedes escribieron tantas palabras de amor
crearon tantos campos verdes avasallados de flores
extasiados de incontables soles/
que el mundo se tornó gris
humeante de metralla y muerte
desquiciado de poder y ambición.

¡Vamos poetas!
hagámonos cargo de la parte que nos toca/
esas incontables noches que hablamos con dios
no le avisamos nada
hasta lo distrajimos con muestras dudas existenciales/
mientras ellos
sin pausa y con esmero
construían la maquinaria infernal
que destruiría el mundo.

noviembre 27, 2006

De cómo hacer amigos


El listado de correos a los que Las Filigranas de Perder envía noticias y artículos, comenzó a crecer gracias a los reenvíos de otras listas y los correos enviados por seguidores del movimiento y miembros activos del mismo.

Debido a que a muchos no les agradó recibir por sorpresa nuestros correos, creamos nuestro grupo de Google, donde las personas pueden suscribirse por voluntad propia. Sin embargo, seguimos utilizando la vieja lista de correos.

Y aunque a algunos les molesta (con razones de sobra) que les llegue a su bandeja de entrada una serie de mensajes de proveniencia desconocida, hay un caso en particular que ilustra parte de la filosofía de nuestro movimiento y de nuestra forma de hacer amigos. Reproduzco el correo que nos envió, a propósito de la noticia del primer premio recibido por el taller "En la Inmunda", y la subsiguiente comunicación que se inició con el grupo:

*PERSONAJE DESCONOCIDO:
ME CAGO EN LA PUTA, ESTOY HASTA LOS MISMÍSIMOS COJONES DE RECIBIR CORREOS QUE NO DESEO NI ME INTERESAN. HARTO DE DENUNCIARLO A TODAS LAS AUTORIDADES NACIONALES E INTERNACIONALES, PORQUE EL HECHO DE HACER MAILINGS NO SÓLO ES ILEGAL SINO UNA AUTÉNTICA PUTADA PARA LOS QUE MANEJAMOS UN CIERTO VOLUMEN DE CORREO FUNDAMENTAL EN NUESTRO TRABAJO.

BORRADME DE VUESTRA PUTA LISTA PARA SIEMPRE, Y HACEDLO AHORA.

GRACIAS

*LAS FILIGRANAS DE PERDER
Ya mismo os borro de nuestra cochina lista de mierda, pero vuestro correo merecería ser publicado. Deberías pertenecer a nuestro grupo, cabrón. No dejes de leernos en http://escritores-rechazados.blogspot.com/

Hasta siempre.

*PERSONAJE AHORA CONOCIDO Y, PARA NOSOTROS, NUEVO AMIGO:
Gracias por la respuesta. Os leeré, sin mailings ;

Saludos

noviembre 16, 2006

¡¡"En la Inmunda" recibe Premio!!


Con premio en el concurso de cuento erótico "Karma Sensual 2" se abre lo que esperamos sea una larga lista de buenas noticias para los talleristas del Taller de Ensayo y Cuento “En la Inmunda”. El premio ha sido recibido por Néstor Pedraza con su cuento “El café no sabe igual”, un texto escrito como ejercicio dentro del taller.

La buena nueva proviene de "El Taller del Poeta", que publicará el libro “Karma Sensual 2: Historias de pueblo”, con los 16 mejores textos de este concurso.

El listado de los textos que se publicarán en esta selección, es el siguiente:

“El máximo error”, Cristina Validakis- Argentina.
“Ahora que remuevo el café”, Pedro Felix Novoa Castillo- Perú.
“El café no sabe igual”, Néstor Hernán Pedraza Hurtado- Colombia.
“Jamás te quites la venda”, Marcelo Brignole- Argentina.
“Amor a lo grande”, Susana Camilletti- Argentina.
“El papiro del deseo”, Carlos Gustavo Bellorín García-Miguel- Venezuela.
“Cristine”, Armando Aravena Arellano- Chile.
“Historias de mi pueblo”, Verónica Roxana Duffau- Argentina.
“Tiempo de juegos”, Carlos Pineda González- España
“Se movía, demonios, se movía”, Juan Ángel Laguna Edroso- España-Francia.
“El servicio”, Ana Inés Urrutia- México.
“101 días sin nieve”, Miguel Rodrigo Gonzalo- España.
“Con antiguo gusto a limón”, Graciela Diana Pucci- Argentina.
“Bajo tus dedos”, Graciela Diana Pucci- Argentina.
“La cuadra”, Juan Carlos Perez Lopez- España.
“Dame mi amor, la eternidad”, Paula Salmoiraghi- Argentina.

El Movimiento Literario Independiente "Las Filigranas de Perder", creador del Taller "En la Inmunda", celebra este triunfo e invita a todos los talleristas a continuar su trabajo literario, a no dejar de escribir teniendo siempre como prioridad el amor y el respeto por la buena escritura, y a compartir con todos los miembros del taller y del movimiento sus experiencias y sus logros.

noviembre 11, 2006

Alcira - Colaboración desde México


ALCIRA
Eduardo Lucio Molina y Vedia

Era fea pero flameaba la llamarada de su cabellera pelirroja, hirsuta, suelta o abigarrada de horquillas. Se acercó a mi mesa en la redacción, tímida, para hablar de no se qué nota, y recordé un ansia pelirroja naufragada en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras.

Vestía insólita Alcira. Medias blancas tres cuartos de colegiala y una expresión en el rostro como de asco placentero, si es posible algo semejante. Pero una confianza de aplomo íntegro envolvía su entorno y era como haberla conocido.

En la plaza San Martín, una tarde fuera del tiempo o robada al tiempo pautado de las obligaciones, sentí su piel y su aroma dulzón, insoportable en cualquier otro contexto e incorporado lentamente a mi mundo de lo femenino a lo largo de esos años cabales de amistad y amor.

Ella era triste y cordial como una auténtica argentina y recorrimos juntos, como si fuera la primera vez, los trayectos de nuestra repensada vida, eludiendo los escollos y los abismos mutuamente respetados. Nos veíamos en la redacción y en unos oscuros depósitos de libros de la editorial donde ella trabajaba por las mañanas. Había en nuestros encuentros una comunión que disolvía las circunstancias, los accidentes de nuestra existencia. El diálogo y los abrazos discurrían por los caminos de un ensueño concreto, más real que el mundo, trascendente de una sabiduría nueva pero reencontrada.

Me contaba de Rosario, de su amigo poeta y periodista, un idealizado Romeo hacia el que habían tendido incuestionablemente sus anhelos de aquellos años, de sus comienzos en la bohemia de un diario provinciano. Narró, minuciosa, el lento suicidio de un amigo alcohólico y edípico que ahora también vivía en Buenos Aires, con la misma magnanimidad con que su mujer intentaba apuntalarlo, lacerante y piadosa, hundida en la catástrofe de su amor.

Las horas eran todas buenas en aquellos tiempos y nos vieron mañanas, tardes y noches, confundidos en la vorágine de una cama, gozando nuestra inédita complicidad entre amigos, escuchando música en su pieza. Yo la veía joven e íntegra, tan mujer, tan sola en el Buenos Aires crispado y tenso de comienzos de la guerra, que ella crecía en medio de los edificios y la rutina, solemne y humilde, como un ídolo civil.

Leíamos horas un libro de Prévert que me había regalado, ella espectando mi descubrimiento de una poesía alzada y popular, también reelaborando ella su propia adhesión en el énfasis de otra lectura. Compartimos la soledad de la soltería y del matrimonio, la modesta repugnancia hacia el éxito, el cotidiano latir de dos vidas.

Mi amigo Daniel no se parecía a mí cuando se enamoró de Alcira. Como éramos compañeros del sindicato, y él se obstinaba en ser un joven discreto y reverente, me preguntó sobre ella como si me solicitara cierta aquiescencia, también discreta. Nos habíamos alejado sin darnos cuenta, ya no nos veíamos tan seguido, aunque para mí Alcira había penetrado definitivamente en el ámbito de lo que jamás me dejará. Le dije a Daniel que sí, en el lenguaje tácito de los elogios sin cálculo, salidos de las entrañas como los insultos y las lamentaciones, y después me enteré, con una tenue y vaga tristeza del alma, de mi inevitable sustitución.

La vi hermosa con él, dinámico y pragmático, un marxista positivo de los que ahogan la utopía. Pero ella había cambiado sorprendentemente a un Áfricalook pelirrojo, inesperado, y yo la elogié con imprudencia, sin que él supiera mi riguroso respeto por los límites y hasta mi agradecimiento por lo que pudiera caberle en la transformación.

Meses más tarde el cerco se hizo mortal. Huíamos como ratas acorraladas en medio de la masacre y los perdí de vista. Visitarlos hubiese sido contaminarlos con nuestro destino, asumido en la tempestad de la derrota. Después un intercambio de cartas MéxicoBuenos Aires, meramente informativo, sin el calor de lo nuestro, y varias cartas mías sin respuesta, perdidas en la incertidumbre de una mudanza, del terror represivo, tal vez de una sórdida reyerta conyugal.

noviembre 09, 2006

Tumbaga - Coraboración desde México


TUMBAGA
Eduardo Lucio Molina y Vedia

La fiesta es cada día
en la plaza de los portales.

Cruzan los jóvenes
cargando el gastado discurso de Occidente
en sus mochilas de arpillera
y la voz me dice
suave, lenta,
milagrosa:
"Escribamos algo..."

Clase de baile en el patio del museo.
Las señoras danzan su hermandad.

Por unas monedas
el pobrerío ambulante
desvive su rutina
y los turistas prueban el hartazgo.

En extraña arqueología
niños cirqueros se apilan en pirámide
sobre el fondo Azul de la marimba.

Oaxaca despliega su alegría.

Desfila la calenda
entre el corrillo celebratorio.
Su rítmica gracia displicente
bambolean los enormes muñecos cabezones
entre porras y fanfarrias de la banda.

Desde el borde de la calle
unos ojos celestes esbozan
la sonrisa del asombro
bajo una grácil cabellera áurea.
La cámara apunta
cuando el alma ha sido ya
herida para siempre.

Noche cerrada.

"¿¡Cuáles derechos!?"
clama la manta indígena
ante el Palacio Municipal.
Los avioncitos pintados
perforan la palabra genocidio,
bombardean la plaza.

Sobre el suelo se extiende
y respira acompasado
un tendal de cuerpos dormidos.

octubre 27, 2006

Creación Colectiva en Antología de Arango Editores


El Movimiento Literario Independiente "Las Filigranas de Perder" se complace en informar a todos los amantes de las letras en lengua castellana, y en particular, a los autores de narrativa, que Arango Editores ha decidido incluir un trabajo de creación colectiva en su antología de "nuevos" escritores colombianos.

El propósito de Arango Editores es el de hacer una compilación de textos tipo Páginas Amarillas o Líneas Aéreas de la editorial española Lengua de Trapo, en que sea abarcado un grupo en un género común prologado por un escritor o un crítico muy autorizado y presentarlo en sociedad. La editorial desea apoyar a los autores para renovar los nombres del panorama nacional o ampliar, al menos, el abanico.

Néstor Pedraza, Carlos Ayala y Alex Acevedo, enviamos tres textos escritos a seis manos, entre los cuales fue seleccionado Siete Hierbas y Un Gatito, que constituye el segundo capítulo de la novela El Instalador (Mención de Honor en el Premio Nacional de Novela, 2002).

Los miembros fundadores de Las Filigranas de Perder y autores en colectivo de las novelas El Instalador, Una Temporada de Sal, y Manual de Levitación Magnética, agradecemos a Juan Pablo Plata el habernos invitado a enviar nuestros textos a la selección de la antología, y a Arango Editores el habernos seleccionado, apoyando así nuestro proyecto de creación colectiva en literatura. Esperamos esto sea un aliciente más para que los autores tomen la creación colectiva como una alternativa seria de producción literaria, y para que las editoriales y los concursos abran sus puertas a la creación colectiva en literatura.

Compartimos este triunfo con los talleristas del Taller de Ensayo y Cuento "En la Inmunda", con todos los miembros, colaboradores y seguidores de Las Filigranas de Perder, y con todos los autores y los amantes de las letras.

septiembre 26, 2006

Nuevos Reconocimientos para la Creación Colectiva


El pasado viernes 22 de septiembre, el trabajo de creación colectiva que venimos desarrollando desde el año 2002 los miembros fundadores del Movimiento Literario Independiente "Las Filigranas de Perder", recibió dos nuevos reconocimientos.

Durante la mañana, nuestra ponencia "La Creación Colectiva en el Género Negro" tuvo muy buena acogida entre el público asistente al "II Simposio Internacional de Literatura" de la Universidad Central. Alex Acevedo, Carlos Ayala y Néstor Pedraza, sentados en la mesa de los ponentes frente a la enormidad de la Sala Fundadores (antiguo Teatro México), mientras compartíamos entre los tres un vaso de aguardiente, leímos nuestra ponencia escrita a seis manos, donde revelamos detalles e intimidades de la creación de dos de nuestras tres novelas escritas en colectivo. Las aventuras del asesino serial de "El Instalador" y del detective corrupto de "Una Temporada de Sal", junto con la lectura de un pequeño aparte de cada una de estas novelas, fueron la introducción que nos llevó a hablar de nuestra apreciación conjunta del género negro, de la literatura y del arte de escribir. Nunca pensamos recibir tantos halagos y tanto reconocimiento por nuestra ponencia.

Y en la tarde, luego de tomarnos unas cervezas, asistimos al acto de premiación del Concurso de Novela 25 Años del Taller de Escritores de la U. Central, donde nuestra novela corta "El Otoño del Superconductor", un relato cyberpunk que forma parte de nuestra tercera novela "Manual de Levitación Magnética", fue premiada con diploma de finalista.

Después, el coro de la universidad protagonizó el acto de clausura, destacándose en la obra "Bebamos", una polifonía coral del siglo XVII en la que se hace una apología al vino tinto. Por supuesto, de ahí salimos a acabar con el vino y el whisky que ofrecieron como despedida del evento.

Éxito por partida doble, pues, para nuestro trabajo de creación colectiva. Y queremos compartirlo con todos los amigos y seguidores de Las Filigranas de Perder, con los talleristas "En la Inmunda", y con todos los amantes de las letras.

Agradecemos a Isaías Peña y a Oscar Godoy por habernos invitado a participar en este evento, a la Universidad Central por abrir estos espacios de discusión y encuentro entre creadores literarios, y a todos los asistentes al simposio por su apoyo y compañía. Agradecemos especialmente a nuestro tallerista Jesús Delgado, cuya presencia fue motivo de orgullo y alegría para nosotros, y al escritor y amigo Iván Méndez, cuyo cuento "El Hombre más Feo" recibió premio como finalista del Concurso Nacional de Cuento organizado por el TEUC.

Un abrazo a todos.

Nuevo Grupo Google de Las Filigranas de Perder


A fin de facilitar el contacto con todos los amigos y seguidores de nuestro Movimiento Literario Independiente, los miembros fundadores de las Filigranas de Perder hemos creado un grupo de Google, al que podrán suscribirse todos los interesados en recibir noticias de nuestras actividades.

El enlace al grupo es: http://groups.google.com/group/filigranasdeperder

Adicionalmente, nos gusta que grupos de escritores y amigos nos involucren en sus discusiones y procesos. Pueden enviarnos invitaciones para ingresar a sus grupos de Google o de Yahoo o de cualquier otro tipo, al correo tallerenlainmunda@yahoo.com.ar

Sopla Viento, Sopla - Colaboración desde Lima, Perú


SOPLA VIENTO, SOPLA
Julio José Guillén

No sé que se podrá hacer
con los silencios de
los que ya se fueron
Si sólo cuando se retuercen
las soledades
afloran contentos
los muertos y sus ausencias

No sé que se podrá hacer
con esta peste creciente
que como luna se pierde
en lo peor de la noche
Perpleja de sueños
y de esperanzas ausentes
¿Qué se podrá hacer
con esta peste creciente?
Cuando se revele en el recuerdo
de los que alguna vez estuvieron

Duerme en el despertar
de pesadillas
Siente como escarba el dolor
una nueva tumba
para los que aguardamos
ebrios y ensimismados
a que algún viento sople
atareando así las velas
de esta
nuestra roída barca.

agosto 25, 2006

II Simposio Internacional de Literatura de la Universidad Central


El Movimiento Literario Independiente "Las Filigranas de Perder" invita a los amantes de las letras en general, y a los aficionados a la novela policíaca en particular, a participar en el II Simposio Internacional de Literatura “Indefiniciones y Sospechas del Género Negro”, que se llevará a cabo entre el 20 y el 22 de septiembre de 2006 en la Fundación Universidad Central, Carrera 5 N° 21 – 38, Bogotá, D.C., Colombia, organizado por el Departamento de Humanidades y Letras de dicha universidad.

Los miembros fundadores de Las Filigranas de Perder, participaremos en dicho simposio con nuestra ponencia "La Creación Colectiva en el Género Negro", en la que hablaremos del proceso de escritura a seis manos de nuestra novela negra El Instalador, ganadora de Mención de Honor en el Premio Nacional de Novela 2002, y de nuestra posición frente a la creación literaria. Los esperamos para compartir esta experiencia con ustedes.

A continuación, publicamos el programa completo del Simposio:
Miércoles Septiembre 20
Sala Fundadores:
  • 18:00 h – 20:00 h: Instalación del evento.
  1. Conferencia Inaugural: José Luis Muñoz – Escritor español.
  2. Copa de vino.
Jueves Septiembre 21
Sala Fundadores:
  • 08:30 h – 10:30 h: Conferencia: Roberto Rubiano Vargas: "La Mirada del Género Negro".
  • 11:00 h – 13:00 h: Proyección de Película: "El tercer hombre". Director: Carol Reed.
  • 15:00 h – 17:00 h: Encuentro con escritores: Lina Maria Pérez, Octavio Escobar, Roberto Rubiano V.
  • 17:30 h – 18:00 h: Entrega de Diplomas Diplomado Creación Narrativa.

Centro Cultural Universidad de Salamanca:

  • 18:00 h – 20: 00 h: Ponencias:
  1. Fernando Iriarte: "Una Literatura que fija su mirada en la oscuridad".
  2. Miguel Mendoza: “La soledad del detective”.
  3. Eduard Arriaga: “El género negro en el campo de la novela colombiana”.
  4. Clemencia Ardila: “Cronistas, investigadores y reporteros policíacos en la narrativa colombiana contemporánea”.

Viernes Septiembre 22
Sala Fundadores:

  • 08:30 h – 10:30 h: Conferencia: Gustavo Forero Quintero: “Indefiniciones y Sospechas del Género Negro”
  • 11:00 h – 13:00 h: Ponencias:
  1. Hubert Popel: "Fuerzas centrifugas y centrípetas en Santiago Gamboa y Gonzalo España".
  2. Néstor Pedraza – Alex Acevedo – Carlos Ayala: “La creación colectiva en el género negro”.
  3. Martin Vidart: “Aproximaciones al género negro en la narrativa colombiana”.
  4. Leonardo Reyes: “Los Ríos de Sangre: Panorama de las novelas del sicariato en Colombia 1982-2005".

Auditorio Jorge Enrique Molina:

  • 15:00h – 17:00 h: Encuentro con escritores: Jaime Alejandro Rodríguez, Rogelio Iriarte, Evelio Rosero Diago, José Luis Muñoz.
  • 17:00 h – 18:00 h : Conclusiones mesas de Discusión.
  • 18:00 h – 19:00 h: Fallo del Concurso Premios de Literatura “25 años del TEUC”.
  • 19:00 h: Entrega de Certificaciones Simposio, Acto de Clausura – Cierre del evento.

Las inscripciones estarán abiertas hasta el 19 de septiembre de 2006. Para inscribirse al simposio, es necesario acercarse a la Universidad Central donde se genera el recibo para poder efectuar el pago. La convocatoria está abierta a todo público, con los siguientes costos:

  • Estudiantes cualquier nivel e institución: $30.000
  • Profesores cualquier nivel e institución: $40.000
  • Particulares: $60.000

Mayor información sobre el Simposio:

Departamento de Humanidades y Letras
Universidad Central
Telefax: 342–3790
Conmutador: 323–9868, ext. 312

Quise - Colaboración de un seguidor incansable


QUISE
Pablo Estrada

he sido mendigo y un payaso
un poeta una estrella, en junio me haré
una bola y moriré
Allen Ginsberg

Quise ser un vaquero solitario con un cigarrillo apagado en la boca y un enorme sombrero de cowboy blanco como Lucky Luke, acompañado de Lucy Liu en vez de el indio Tonto; poco importaba si cabalgaba por los cañones y las praderas españolas o italianas de un spaghetti western, sólo quería entrar en un lugar con puertas batientes de madera donde no vendieran hamburguesas, pero sirvieran la cerveza en jarro y hubiese un negro (como el de Casablanca) al piano y rubias americanas y morenas chicanas bailando can-can alegremente y de vez en cuando se oyeran disparos fuera y corriera la aterradora expectativa de que algún forajido entrara en busca de duelo.

Quise ser un resistente boxeador peso pluma o mejor paja (¡existe!) o mini-mosca, convertido en la más reciente promesa blanca del ring: la revelación andina; un pugilista ligero como la ropa de las actrices porno, hábil como un manager o un hombre de negocios, con el aguante de un mueble viejo y un uppercut demoledor que resquebrajara la mandíbula de cristal de mis más espigados retadores y derribara alguno antes que me arrinconara contra las cuerdas y me tumbara sobre la lona, que sacara fuerzas de donde no hay como Rocky Balboa y terminara sus días como Jake La Motta: un viejo Toro Salvaje, reparando en su vida frente al espejo de un camerino.

Quise ser un motociclista renegado, una rara mezcla de Bobby Sixkiller o Seis muertos y Peter Fonda siendo el harlista hippie de Easy rider, un seductor circunspecto que dejara una amante quinceañera en cada estación de gasolina o bar de carretera en el que se detuviera; o el protagonista de una road movie, al volante de un Mustang 74 rojo convertible, con una chica fogosa, lista y atrevida –como la que tengo, perdón, la que tenía: una sexy mulata, o una despampanante (¿qué diablos es despampanar?) rubia con labios de silicona y pechos del mismo material o incluso la bella y exótica hija de un rudo militar americano y una exuberante guerrillera vietnamita.

Quise ser el cantante de una banda de Glam Rock de los 80, con largos y abundantes cabellos teñidos de rubio, rouge y rimel en la cara y pendientes de primera dama en las orejas, pantalones ajustados de cuero y botas de piel de serpiente, con compañeros igualmente melenudos y ruidosos, con talante y sin talento, adictos –como yo– al sexo, las drogas y el rock n’ roll; que estuviese en el negocio del espectáculo sólo por diversión, fama y fortuna, que fingiera su propia muerte y le regalara a la prensa un falso cadáver bien parecido (a él) comprado a buen precio en la morgue y que se retirara a disfrutar en la clandestinidad de sus regalías y su éxito de antaño.

Quise ser un escritor que hubiese querido ser un vaquero solitario, un resistente boxeador, un motociclista renegado, el protagonista de una road movie, el cantante de una banda de Glam Rock de los 80, un ramone, en eterno adolescente, la reencarnación de Jim Morrison, un gemelo que perdió a su hermano en la infancia, lo que le causó un severo trauma haciéndole crecer negándose a aceptar la pérdida, a tal punto que en un trastorno disociativo crea una personalidad doble y actúa como su hermano muerto y él mismo simultáneamente, termina desarrollando una sicopatología criminal y asesina a todo el que se atreve a decir que no hay dos sino uno.

Quise ser, pero no soy… ni seré… Y lo digo con los ojos aguados, los puños apretados, la vista fija en una botella de scotch sin destapar que me obsequió mi madre y Throught the rain de Cinderella sonando en el estéreo.

agosto 24, 2006

Pizzapizuela - Colaboración desde Buenos Aires, Argentina


PIZZAPIZUELA
Rolando Revagliatti

frenesí en la pizzería
espinacas conmigo salimos de tomates
a los huevos duros se les ha perdido un pollito
[y dicen que la empulpada cajera lo tiene
tramos de conmovida muzzarella y
[alternadoras aceitunas
morrones condecorando la melancolía
[ambiciosa de las cebollas
con todas las participaciones especiales y
[palmitos
extenso el reparto
pliegos de fainá deliberando en el argot de las
[anchoas
deplorando las anfibologías
suntuosamente con pulpo
o agridulce

agosto 13, 2006

Guerra da Terra Alheia - Colaboración desde Brasil


GUERRA DA TERRA ALHEIA
Affonso Romano de Sant’Anna

O povo que não tem pátria, patriota,
combate o povo que ontem
—nem pátria tinha.
O fato é que o mais fraco
vai de novo pagando o pato
sem que se saiba ao certo
se o ovo nasceu primeiro
ou se, ao contrário, a galinha.

É isto fábula de rato e gato?
História de cordeiro e lobo?
De fato o povo que outrora
não tinha pátria
combateu em pátria alheia
para ter sua própria pátria.
Agora na pátria própria
combatem em alheia pátria
os que, sem pátria, combatem
prá ter, enfim pátria própria.

Não se sabe por que não podem
compartir a própria pátria
esses que compartem a pátria alheia.
São aranhas enredadas
no ódio da própria teia?
Por que não compartem terra
e céu, como as flores e pássaros
compartem a aldeia?

Há fim? há princípio?
nesta história redonda e torta?
Por que não compartem a sorte
e a vida, esses compatriotas
do horror e morte? Além do mais,
se há tanto tempo compartem a guerra
por que não podem compartir a paz?

agosto 07, 2006

Comentarios abiertos en nuestro blog


Hasta ahora, los comentarios a los textos publicados en el blog estaban restringidos a los talleristas de nuestro Taller de Ensayo y Cuento "En la Inmunda". Sin embargo, informamos que a partir de hoy hemos abierto la posibilidad de comentar en el blog a cualquier persona

Los comentarios no serán publicados de inmediato, pues están moderados. No es censura, es sólo para evitar el spam.

julio 29, 2006

Paraíso - Colaboración desde Perú


PARAÍSO
Salomón Valderrama Cruz

¡De los ojos del muerto, mi mirada
paire en faceta a luz cristalizada
Martín Adán
razón innecesaria en fruición lapidaría
por escándalo in situ, por ojo humillado.

Ilustre acabado, estás de paso helado.
Enamorado de todo lo que faltaría.
Paraíso de Cartón, leyendo, te daría
todo, lo que no hiciera, aun en primavera.

Hipocampo embarazado, hombre de pecera.
Alma, corazón ciego, amarrado de utopía.
Libre de edad, viejo, en espera del, divorcio,
no conocer y enamorarme, ubicuidad.

No quiero en este fin, pagar, amor ni comercio.
Actuar y no pensar; haber gozado elevación.
Clonación, mutación tardía, espero en verdad:
niño del ocaso, acertijos de sublevación.

julio 25, 2006

La Ciudad en el Viaje del Mirar - Colaboración desde Brasil


LA CIUDAD EN EL VIAJE DEL MIRAR
Almandrade

Las ciudades son tristes cuando una curiosidad, una presencia, o un lugar no acalla la soledad de quien vive en la abstacción de la vida cotidiana. Nada tiene sentido. La falta siempre remite a una especie de desierto que desorienta al viajante solitario de su propio espacio.

—¿Será que las ciudades deberían ser habitadas por las imágenes que deseamos y por las imágenes poéticas? "Mas el deseo, la poesía, la risa hacen necesariamente deslizar la vida en el sentido contrario, yendo de lo conocido a lo desconocido" (Bataille).

Enfrentar lo desconocido es una tarea difícil para el hombre, principalmente cuando vive en ciudades hostiles al mundo del conocimiento.

La publicidad hace la imagen de la ciudad, como si la naturaleza fuera una imitación de alguna otra naturaleza. La arquitectura no es más arquitectura, es imagen out-door. La fiesta hace el paraíso urbano y una música mediocre anuncia el Carnaval, esta intervención autoritaria que desapropia la vida de la ciudad, para aquellos que no tienen el derecho a opinar contra la fiesta.

La ciudad es una multitud que cambia de imagen siguiendo la moda. Pero tiene la imagen que permanece en la memoria, como objeto de pasión para el apasionado. Pensé en Walter Benjamin y el "Diario de Moscú": El mirar apasionado de un filósofo sobre una ciudad: "En aquella mañana me sentí con energía y, por eso, conseguí hablar de manera sucinta y calma sobre mi permanencia en Moscú y sobre sus perspectivas inmensamente reducidas". Una relación de pasión compartida con el conocimiento de las imágenes percibidas de una ciudad.

Desde la ventana, contemplé la calle como un voyeur de ciudad. El tránsito, la publicidad, la multitud, el centro histórico. Los monumentos y la arquitectura eran objetos para las cámaras fotográficas de turistas, como escenarios sin fecha. Sin la imaginación el pasado es una imagen estancada, un efecto especial de lo cotidiano, donde todo es repetitivo. La historia, en este caso, no pasa de una mercadería para un mirar carente de anhelo cultural. "La era fastuosa de la imagen y de los astros y de las estrellas está reducida a algunos efectos de ciclones y terremotos artificiales, de falsas arquitecturas y de trucos infantiles con que las multitudes fingen dejarse engañar para no sufrir una decepción amarga por demás" (Baudrillard).

Por otro lado, la singularidad de un espacio, de un monumento o de una arquitectura fascina al viajante. Es como las imágenes poéticas que provocan el deseo de mirar y de vivir un estado de deslumbramiento. Mas las imágenes no son totalmente transparentes sino que se revelan ante cualquiera que mire sin reflexión: ellas provocan la imaginación y exigen un mirar atento, con un repertorio de referencias. Esto es, una sensibilidad capaz de percibir en las imágenes sus historias y sus verdades, para llegar a ser una sensibilidad marcada por la pasión de una imagen.

julio 23, 2006

Raza Odiada - Colaboración desde Brasil


RAZA ODIADA
Bruno Candéas

Quando a natureza
é sinistra
ironiza-se desgraças.
Não nos contentamos
em ironizar
o irônico.
Ironizamos
onde dói
noutro peito.
Seres como nós
devem viver isolados.

Tango para Final - Colaboración desde Buenos Aires


TANGO PARA FINAL
Rolando Revagliatti

¿y si no todo está podrido?
(¿aspecto, consistencia u olor?)
¿y si el diagnóstico ha sido tremendista?
¿herpes, dónde?
¿tropas, opio?
¿de ocupación, de los pueblos
no es que yo sea un canto a la esperanza
ni objeto de plasmación
de solamente algunos delicados especialistas
que pudieran designarme “el poema encarnado”
porque aún pían seres vivos
(el que quedó para contarlo
añade doscientos panes de trotyl)
¿por qué aún pían seres vivos?
¿te amo
o estoy emberretinado?
“mi orgasmo triste fuiste tú”

julio 13, 2006

Taller de Ensayo y Cuento "En la Inmunda" : Así fue nuestra programación


El taller "En la Inmunda" ha terminado. Como recuerdo de las actividades que llevamos a cabo, dejamos el registro actualizado de lo que fue la programación del taller.


TALLER DE ENSAYO Y CUENTO "EN LA INMUNDA"
PROGRAMACIÓN 2006

Sábado 13 de mayo: Literatura Vampírica.
"Precedentes Literarios y Orígenes Históricos de Drácula", un viaje por la historia de Rumania, la vida de Bram Stocker, y los textos clásicos más importantes de la literatura relacionada con los vampiros, por Néstor Pedraza.
Lectura de "Nosferatu", de Griselda Gambaro.
Lugar: Biblioteca Virgilio Barco, Av. Carrera 48 #61–50.

Sábado 20 de mayo: Movimiento Cyberpunk.
"Las Posibilidades Extáticas del Futuro Estático", un recorrido por los orígenes y los postulados del movimiento literario contracultural de la década de 1980, por Carlos Ayala.
Lectura y análisis de “El Mercado de Invierno”, de William Gibson.
Lectura de los cuentos de los talleristas que respondieron al reto "Villa Diodati".
Lugar: Biblioteca Virgilio Barco, Av. Carrera 48 #61–50.

Sábado 27 de mayo: Porno y representaciones grotescas.
"La Ruina de la Literatura Erótica vs. El Cine Porno", un breve recorrido histórico en busca del significado y la trascendencia del arte erótico, por Alex Acevedo.
Lectura de “Vida y Muerte de Cuatro Camarones”, ensayo de Alex Acevedo sobre la vida de cuatro figuras emblemáticas del cine porno norteamericano.
Lectura de “El Ojo del Gato” de Georges Bataille.
Proyección de la película “9 Songs” del director Michael Winterbottom, con comentarios del crítico de cine Augusto Bernal.
Lectura de cuentos cyberpunk enviados por los talleristas.
Lugar: Escuela de Cine Black María, Carrera 18 #82-23.

Sábado 3 de junio: Literatura Crónica.
Charla sobre periodismo narrativo a cargo de nuestro invitado especial Alberto Salcedo Ramos, ganador del Premio de Periodismo Rey de España (1998) y de tres Premios Nacionales de Periodismo Simón Bolívar.
Lectura de "La Palabra de Juan Sierra", crónica de Alberto Salcedo Ramos.
Lectura de “La Ventana Indiscreta”, crónica de Néstor Pedraza.
Lectura de relatos eróticos de los talleristas.
Lugar: Ciudad Invisible Libro-Café, Carrera 4A #26-12, Barrio Macarena.

Sábado 10 de junio: Drogas y estados alterados de la mente.
Lectura de “Eurotrash”, relato de Irvine Welsh.
Charla colectiva a partir de la investigación de los talleristas sobre drogas y literatura, coordinada por Carlos Ayala.
Lectura de las crónicas periodísticas enviadas por los talleristas.
Lugar: Biblioteca Luís Ángel Arango, Calle 11 #4-14.

Sábado 17 de junio: Minificciones.
Charla sobre minificciones por Alex Acevedo.
Lectura de “Homenaje a Otto Weininger” de Juan José Arreola,
“Teoría de Dulcinea” de Juan José Arreola,
“Vaca” de Augusto Monterroso,
“Amor” de Hector Oesterheld,
“Hegel y los Buhos” de Alberto Barrera,
“El Dios de las Moscas”, de Marco Denevi.
Cada tallerista presenta su respectiva mini.
Lugar: Biblioteca Luís Ángel Arango, Calle 11 #4-14.

Sábado 24 de junio: El Juego y la Literatura.
"Relaciones entre la literatura y los videojuegos", charla del invitado especial César Sánchez, adicto a los videojuegos.
"El juego como arte y la literatura como juego", por Néstor Pedraza.
Lectura de “Final del Juego”, de Julio Cortázar.
Lectura de un cuento de los talleristas.
Lugar: Scroll, Carrera 33 #96-51, Barrio La Castellana

Sábado 1 de julio: Fuera del lugar.
Ensayo sobre la vida y obra de Raúl Gómez Jattin, por Carlos Ayala.
Lectura de “Exactamente no fue Bernadette", de Charles Bukowski.
Lecturas de textos de Jattin y de cuentos de los talleristas sobre la locura.
Lugar: Biblioteca Luís Ángel Arango, Calle 11 #4-14.

Sábado 8 de julio: Creación Colectiva.
Ensayo colectivo sobre creación colectiva a cargo de los orientadores Alex Acevedo, Carlos Ayala y Néstor Pedraza.
Lectura de cuentos colectivos de los talleristas.
"Producción del Vino", charla de nuestra invitada especial Lilian Alvarado, experta en el tema.
Gran Clausura del Taller, lubricada con vino de coca, cortesía de Casa de Los Vinos, Carrera 105 #20B-24, Fontibón.
Lugar: Monserrate, cancha de minitejo a unos dos minutos subiendo por el camino de los peregrinos.

Alemania 2006 - Colaboración desde Argentina


Alemania 2006
Aldo Novelli

Se acerca arrastrando los pies
abre la bolsa
revisa con desgano
saca algo y come,
me mira mientras mastica
mete de nuevo la mano
recupera algo gelatinoso
se lo mete en la boca
y empieza a escupir con asco,
reputea al dueño de la bolsa
al país, al presidente, a la vagina de su hermana
a los políticos, a sus prostitutas madres
y a mí que lo observo impotente por la ventana
justo cuando Tevez le mete un golazo a los serbios.

Poema do Hexa - Colaboración desde Brasil


POEMA DO HEXA
Bruno Candéas

Viva o Cafu capitão perene
melhor lateral do Jardim Irene.
Viva Roberto Carlos veloz como o vento
que arruma as meias durante o cruzamento.
Viva o Kaká, menino bonito
na hora do jogo, amarela no grito.
Viva Ronaldinho Gaúcho
inútil como pinto murcho.
Viva o ativo Parreira
que não substitui, não treina e só diz besteira.
Viva o Gagallo
arrumem um asilo prá interná-lo.
Lamento por Dida, Juan, Zé Roberto e Robinho
que até brilharam nesse timinho.
Mas o resto eu quero que se dane
porque quem joga mesmo é o Zidane.
Chega de Zagallo, chega de Parreira
não precisamos destes velhos caretas.
E "Fora babaquice"
tem treze letras.

junio 28, 2006

Exactamente no fue Bernadette - Charles Bukowski


EXACTAMENTE NO FUE BERNADETTE
Charles Bukowski
(1983)

Me envolví en una toalla el pene ensangrentado y telefoneé al consultorio del médico. Tuve que descolgar y marcar con la misma mano con que sujetaba el teléfono descolgado, mientras con la otra aguantaba la toalla. Y mientras marcaba el número, una mancha roja comenzó a empapar la toalla. Se puso la recepcionista del consultorio.

—Ah, señor Chinaski, es usted. ¿Qué le pasa ahora? ¿Ha vuelto a perder los tapones dentro de los oídos?

—No, esto es un poquito más grave. Necesito que me dé hora inmediatamente.

—¿Qué le parece mañana por la tarde a las cuatro?

—Señorita Simms, es una situación de emergencia.

—¿Pero de qué naturaleza?

—Por favor, debo ver al doctor inmediatamente.

—Está bien. Venga y procuraremos que le vea.

—Gracias, señorita Simms.

Me fabriqué un vendaje provisional haciendo tiras de una camisa limpia. Por suerte, tenía un poco de esparadrapo, pero era viejo y estaba amarillento y no pegaba bien. No me resultó fácil ponerme los pantalones. Era como si tuviera una erección gigante. Sólo pude subirme la cremallera hasta la mitad. Logré llegar al coche, sentarme y salir hacia el consultorio. Al salir del aparcamiento, dejé estremecidas a dos señoras viejas que salían del oftalmólogo de la planta baja. Logré entrar en el ascensor solo y llegar a la tercera planta. Vi que venía alguien por el corredor, me volví de espaldas y fingí beber agua de un pilón metálico. Luego, enfilé el pasillo y llegué al consultorio. La sala de espera estaba llena de gente sin problemas serios: gonorrea, herpes, sífilis, cáncer o cosas por el estilo. Me fui directo a la recepcionista.

—Hola, señor Chinaski...

—¡Por favor, señorita Simms, no es ninguna broma! Es una emergencia, se lo aseguro. ¡Dése prisa!

—Podrá entrar usted, en cuanto el doctor acabe con el paciente que está atendiendo ahora.

Me quedé plantado junto a la pared divisoria que separaba la recepción de la sala de espera y esperé. En cuanto salió el paciente, entré como una bala en el consultorio del médico.

—¿Qué pasa, Chinaski?

—Una emergencia, doctor.

Me quité los zapatos, los calcetines, pantalones y calzoncillos, me eché sobre la camilla.

—¿Qué tiene usted aquí? ¡Vaya vendaje!

No contesté. Con los ojos cerrados sentía al médico quitarme el vendaje.

—Sabe —dije—, conocí a una chica en un pueblecito. Tenía menos de veinte años y estaba jugando con una botella de Coca Cola. Se la metió por allí y no podía sacarla. Tuvo que ir al médico. Ya sabe cómo son los pueblos. La cosa se corrió. Le destrozó la vida. Quedó condenada. Nadie se atrevería ya a tocarla. La chica más guapa del pueblo. Acabó casándose con un enano que iba en silla de ruedas porque tenía una especie de parálisis.

—Esa es una vieja historia —dijo el médico, desprendiendo el último trozo del vendaje—. ¿Cómo le ha pasado esto?

—Bueno, se llamaba Bernadette, 22 años, casada. Cabello largo y rubio; se le cae continuamente sobre la cara y tiene que retirárselo. ..

—¿Veintidós años?

—Sí, vaqueros...

—Es una fea herida.

—Llamó a la puerta. Preguntó si podía entrar. «Claro», le dije. «Estoy lista», dijo. Y entró corriendo en mi cuarto de baño, y sin cerrar la puerta del todo se bajó los vaqueros y las bragas, se sentó y se puso a mear. ¡OOH! ¡JESÚS!

—Calma, calma. Estoy desinfectando la herida.

—Sabe, doctor, la sabiduría llega a una hora infernal... cuando la juventud se ha ido, la tormenta se ha alejado y las chicas se han marchado a su casa.

—Muy cierto.

—¡AY! ¡UY! ¡JESÚS!

—Por favor. Hay que limpiarlo bien.

—Salió y me dijo que anoche, en su fiesta, yo no había resuelto el problema de su desdichada aventura amorosa. Que, en vez de eso, había emborrachado a todo el mundo y me había caído sobre un rosal. Que me había rasgado los pantalones, me había caído de espaldas y me había dado en la cabeza con un pedrusco. Un tal Willy me había llevado a casa y se me habían caído los pantalones y luego los calzoncillos, pero que no había resuelto el problema amoroso. Dijo que el problema había desaparecido, de todos modos, y que al menos yo había dicho un par de verdades.

—¿Dónde conoció a esa chica?

—Vino a la lectura de poesía en Venice. La conocí después, en el bar de al lado.

—¿Puede recitarme un poema?

—No, doctor. En fin, ella dijo: «No puedo más, hombre.» Se sentó en el sofá. Me senté enfrente en la butaca. Ella bebió su cerveza y me lo explicó: «Le quiero, sabes, pero no puedo establecer ningún contacto. No habla. Le digo: "¡Háblame!", pero, santo cielo, no hay forma, no habla. Me dice: "No se trata de ti, es otra cosa." Y no hay modo de sacarle de ahí.»

—Ahora voy a coserle, Chinaski. No será agradable.

—Sí, doctor. En fin, se puso a hablarme de su vida. Me dijo que se había casado tres veces. Le dije que no parecía tan gastada. Y me dijo: «¿No? Pues he estado dos veces en un manicomió.» Le dije: «¿Tú también?» Y ella dijo: «¿Has estado en un manicomio?» Y yo dije: «Yo no; algunas mujeres que he conocido.»

—Ahora —dijo el médico—, un poquito de hilo. Eso es todo. Hilo. Trabajo de aguja.

—Hostias, ¿no hay otra forma?

—No, es una fea herida.

—Me dijo que se había casado a los quince años. La llamaban puta por ir con aquel tipo. Sus padres le decían que era una puta, así que se casó con el tipo, para fastidiarles. Su madre era una borracha que iba de manicomio en manicomio. Su padre le pegaba sin parar. ¡OOOOHH DIOS SANTO! ¡POR FAVOR! ¿QUE HACE?

—Chinaski, no he conocido a ningún hombre que tuviera tantos problemas como usted con las mujeres.

—Luego, conoció a la lesbiana. La lesbiana la llevó a un bar homosexual. Dejó a la lesbiana y se fue con un chico homosexual. Vivieron juntos. Discutían por el maquillaje. ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Por favor! Ella le robaba el lápiz de labios a él y luego se lo robaba él a ella. Luego, se casaron...

—Habrá que dar bastantes puntos. ¿Cómo se lo hizo?

—Estoy explicándoselo, doctor. Tuvieron un hijo. Luego se divorciaron y él se largó y la dejó con el crío. Consiguió un trabajo, tenía un canguro para el niño, pero el trabajo no le rendía mucho y después de pagar el canguro apenas le quedaba dinero. Tenía que salir de noche y hacer la calle. Diez billetes por polvo. Siguió así un tiempo. Pero aquello no tenía salida. Luego, un día, en el trabajo (trabajaba para Avon) empezó a gritar y no había forma de pararla. La llevaron a un manicomio. ¡CUIDADO! ¡CUIDADO! ¡HOMBRE, POR FAVOR!

—¿Cómo se llama la chica?

—Bernadette. Salió del manicomio, vino a Los Angeles y conoció a Karl y se casó con él. Me contó que le gustaba mi poesía y que se quedaba admirada al verme conducir mi coche por la acera a noventa por hora después de mis lecturas. Luego dijo que tenía hambre y la invité a una hamburguesa con patatas fritas, así que me llevó a un MacDonald. ¡HOMBRE, POR FAVOR! ¡VAYA MÁS DESPACIO! ¡O BUSQUE UNA AGUJA BIEN AFILADA, POR DIOS!

—Ya casi he terminado.

—En fin, nos sentamos a una mesa con nuestras hamburguesas, las patatas fritas, el café, y entonces Bernadette me contó lo de su madre. Estaba preocupada por su madre. Estaba preocupada también por sus dos hermanas. Una hermana era muy desgraciada y la otra era simplemente tonta y se sentía satisfecha. Luego, estaba el crío y a ella le preocupaban las relaciones de Karl con el crío...

El doctor bostezó y dio otra puntada.

—Le dije que llevaba demasiada carga sobre las espaldas, que lo que tenía que hacer era dejar que la gente se las apañara. Entonces me di cuenta de que la chica estaba temblando y le dije que sentía haberle dicho aquello. Le cogí una mano y empecé a acariciársela. Luego le acaricié la otra. Deslicé sus manos por mis muñecas arriba, por debajo de las mangas de la chaqueta. «Lo siento —le dije—. Lo único que haces es preocuparte por los demás, eso no tiene nada de malo.»

—¿Pero cómo fue? ¿Cómo se hizo usted esto?

—Bueno, cuando bajábamos las escaleras, la llevaba cogida de la cintura. Ella aún parecía una estudiante de bachiller, una colegiala, aquel pelo largo y rubio y sedoso; aquellos labios tan sensibles y atractivos... El único sitio donde asomaba el infierno era en sus ojos. Estaban en un perpetuo estado de conmoción.

—Por favor, vaya a los hechos —dijo el médico—. Ya casi he terminado.

—Bueno, el caso es que cuando llegamos a mi casa, había en la acera un imbécil, con un perro. Le dije que siguiera con el coche un poco más arriba. Aparcó en doble fila y le eché la cabeza hacia atrás y la besé. Le di un largo beso, retiré los labios y luego le di otro. Ella me llamó hijo de puta. Le dije que le diera una oportunidad a un viejo. La besé otra vez. Un beso de verdad. «Eso no es un beso —dijo—. ¡Eso es lujuria, casi una violación!»

—¿Y qué pasó entonces?

—Salí del coche y ella dijo que me telefonearía a la semana siguiente. Entré en casa y entonces fue cuando sucedió.

—¿Cómo?

—¿Puedo ser franco con usted, doctor?

—Pues claro.

—Pues, en fin, de mirar aquel cuerpo, y aquella cara, el pelo, los ojos..., oírle hablar, luego los besos, me puse... muy caliente.

—¿Y?

—Entonces fue cuando cogí el jarrón. Es de mi medida, me va perfecto. Así que la metí y empecé a pensar en Bernadette. Todo iba muy bien hasta que el maldito chisme se rompió. Ya lo había usado antes varias veces, pero supongo que esta vez estaba demasiado excitado... Es una mujer tan atractiva...

—No se le ocurra nunca meter el chisme en nada que sea de cristal.

—¿Me curaré, doctor?

—Sí, podrá usted volver a utilizarlo. Ha tenido suerte.

Me vestí y me fui. Aún me hacía daño el roce con los calzoncillos. Subiendo por Vermont paré en la tienda. No tenía nada de comer. Hice un recorrido con el carro y compré hamburguesas, pan, huevos.

Tengo que contárselo algún día a Bernadette. Si me lee, lo sabrá. Lo último que he sabido de ella es que se fue con Karl a Florida. Quedó embarazada. Karl quería que abortase. Ella no quiso. Se separaron. Ella sigue aún en Florida. Vive con el amigo de Karl, Willy. Willy hace pornografía. Me escribió hace un par de semanas. Aún no le he contestado.

Nunca me han presentado formalmente al vampiro - Colaboración desde Brasil


NUNCA ME HAN PRESENTADO FORMALMENTE AL VAMPIRO
Serjania Trochilidae

... Por eso me pregunto: ¿existen los vampiros? Cuando camino en dirección a mi casa, calles casi solitarias antes o llegando a la medianoche, ni mi sombra aparece para asustarme. Mis caminatas no han sido una o dos, incontables son las noches bajo los más variados rostros lunares. A mi casa llegan gatos de todos los tamaños y colores, ¡vampiros jamás! Lo más parecido que he llegado a ver son aquellos mamíferos con alas que sobrevuelan los árboles para extraer el néctar o polen de las flores. En la noche siempre se acercan a mi casa buscando insectos o frutos cerca del árbol gigante de mango que está en el frente. Nunca desperté con mi cuerpo horrorizado por el grito de una bella carioca siendo atacada por Drácula Nascimento do Amaral o por Nosferatu da Silva Neto. He virado mi cabeza a un lado pensando, con mi mirada perdida en cualquier punto, en el brasilero lindo que me gusta, y cómo será nuestro próximo encuentro. ¡Buena oportunidad para un vampiro atacar otra presa! Un cuello dispuesto a ser mordido, un cuerpo listo a ser sugado. ¡¡¡Y sas!!! Mis venas han sangrado, gota tras gota, sin parar, un dolor, arde, ¡que tonta soy! Qué descuido, mientras preparo el material vegetal me he cortado con la navaja recién afilada, las cuchillas son nuevas! Sí, lo único que ha penetrado mis venas (y aclaro que en el área de los dedos) son estos artefactos metálicos.

Nunca me topé con un espectro pálido, de ojeras, colmillos largos, puntiagudos, y capa negra. Sólo que mirándolo desde otra óptica, convivimos a diario con todo tipo de ejemplares chupasangre. Desde los que profesan el vampirismo más cómodo y fácil, empleado público, compañero de estudio, colega de oficina o el vecino del barrio, hasta los vampiriles hematófagos selectos que abundan en las esquinas de nuestro país, en pasillos de instituciones, abusando de su condición, de su posibilidad, y transitan en vuelo por varios de los cargos de estado. Sugan en las venas nuevas pero no dejan de tirar y morder en pieles ya cansadas y adoloridas. Clavan los colmillos, hieren, envenenan, agotan y se sigue pensando que darán la cura para el propio veneno que han inyectado con su mordida.

Pensándolo bien, prefiero morir dulcemente desangrada por un vampiro de verdad. ¡A mi que me lo presenten!

junio 23, 2006

Final del Juego - Julio Cortázar


FINAL DEL JUEGO
Julio Cortázar
(1956)

Con Leticia y Holanda íbamos a jugar a las vías del Central Argentino los días de calor, esperando que mamá y tía Ruth empezaran su siesta para escaparnos por la puerta blanca. Mamá y tía Ruth estaban siempre cansadas después de lavar la loza, sobre todo cuando Holanda y yo secábamos los platos porque entonces había discusiones, cucharitas por el suelo, frases que sólo nosotras entendíamos, y en general un ambiente en donde el olor a grasa, los maullidos de José y la oscuridad de la cocina acababan en una violentísima pelea y el consiguiente desparramo. Holanda se especializaba en armar esta clase de líos, por ejemplo dejando caer un vaso ya lavado en el tacho del agua sucia, o recordando como al pasar que en la casa de las de Loza había dos sirvientas para todo servicio. Yo usaba otros sistemas, prefería insinuarle a tía Ruth que se le iban a paspar las manos si seguía fregando cacerolas en vez de dedicarse a las copas o los platos, que era precisamente lo que le gustaba lavar a mamá , con lo cual las enfrentaba sordamente en una lucha de ventajeo por la cosa fácil. El recurso heroico, si los consejos y las largas recordaciones familiares empezaban a saturarnos, era volcar agua hirviendo en el lomo del gato. Es una gran mentira eso del gato escaldado, salvo que haya que tomar al pie de la letra la referencia al agua fría; porque de la caliente José no se alejaba nunca, y hasta parecía ofrecerse, pobre animalito, a que le volcáramos media taza de agua a cien grados o poco menos, bastante menos probablemente porque nunca se le caía el pelo. La cosa es que ardía Troya, y en la confusión coronada por el espléndido si bemol de tía Ruth y la carrera de mamá en busca del bastón de los castigos, Holanda y yo nos perdíamos en la galería cubierta, hacia las piezas vacías del fondo donde Leticia nos esperaba leyendo a Ponson du Terrail, lectura inexplicable.

Por lo regular mamá nos perseguía un buen trecho, pero las ganas de rompernos la cabeza se le pasaban con gran rapidez y al final (habíamos trancado la puerta y le pedíamos perdón con emocionantes partes teatrales) se cansaba y se iba, repitiendo la misma frase: "Van a acabar n en la calle, estas mal nacidas".

Donde acabábamos era en las vías del Central Argentino, cuando la casa quedaba en silencio y veíamos al gato tenderse bajo el limonero para hacer él también su siesta perfumada y zumbante de avispas. Abríamos despacio la puerta blanca, y al cerrarla otra vez era como un viento, una libertad que nos tomaba de las manos, de todo el cuerpo y nos lanzaba hacia adelante. Entonces corríamos buscando impulso para trepar de un envión al breve talud del ferrocarril, encaramadas sobre el mundo contemplábamos silenciosas nuestro reino.

Nuestro reino era así: una gran curva de las vías acababa su comba justo frente a los fondos de nuestra casa. No había más que el balasto, los durmientes y la doble vía; pasto ralo y estúpido entre los pedazos de adoquín donde la mica, el cuarzo y el feldespato Ä que son los componentes del granito Ä brillaban como diamantes legítimos contra el sol de las dos de la tarde. Cuando nos agachábamos a tocar las vías (sin perder tiempo porque hubiera sido peligroso quedarse mucho ahí, no tanto por los trenes como por los de casa si nos llegaban a ver) nos subía a la cara el fuego de las piedras, y al pararnos contra el viento del río era un calor mojado pegándose a las mejillas y las orejas. Nos gustaba flexionar las piernas y bajar, subir, bajar otra vez, entrando en una y otra zona de calor, estudiándonos las caras para apreciar la transpiración, con lo cual al rato éramos una sopa. Y siempre calladas, mirando al fondo de las vías, o el río al otro lado, el pedacito de río color café con leche.

Después de esta primera inspección del reino bajábamos el talud y nos metíamos en la mala sombra de los sauces pegados a la tapia de nuestra casa, donde se abría la puerta blanca. Ahí estaba la capital del reino, la ciudad silvestre y la central de nuestro juego. La primera en iniciar el juego era Leticia, la más feliz de las tres y la más privilegiada. Leticia no tenía que secar los platos ni hacer las camas, podía pasarse el día leyendo o o pegando figuritas, y de noche la dejaban quedarse hasta más tarde si lo pedía, aparte de la pieza solamente para ella, el caldo de hueso y toda clase de ventajas. Poco a poco se había ido aprovechando de los privilegios, y desde el verano anterior dirigía el juego, yo creo que en realidad dirigía el reino; por lo menos se adelantaba a decir las cosas y Holanda y yo aceptábamos sin protestar, casi contentas. Es probable que las largas conferencias de mamá sobre cómo debíamos portarnos con Leticia hubieran hecho su efecto, o simplemente que la queríamos bastante y no nos molestaba que fuese la jefa. L ástima que no tenía aspecto para jefa, era la más baja de las tres, y tan flaca. Holanda era flaca, y yo nunca pesé más de cincuenta kilos, pero Leticia era la más flaca de las tres, y para peor una de esas flacuras que se ven de fuera, en el pescuezo y las orejas. Tal vez el endurecimiento de la espalda la hacía parecer más flaca, como casi no podía mover la cabeza a los lados daba la impresión de una tabla de planchar parada, de esas forradas de género blanco como había en la casa de las de Loza. Una tabla de planchar con la parte más ancha para arriba, parada contra la pared. Y nos dirigía.

La satisfacción más profunda era imaginarme que mamá o tía Ruth se enteraran un día del juego. Si llegaban a enterarse del juego se iba a armar una meresunda increíble. El si bemol y los desmayos, las inmensas protestas de devoción y sacrificio malamente recompensados, el amontonamiento de invocaciones a los castigos más célebres, para rematar con el anuncio de nuestros destinos, que consistían en que las tres terminaríamos en la calle. Esto último siempre nos había dejado perplejas, porque terminar en la calle nos parecía bastante normal.

Primero Leticia nos sorteaba. Usábamos piedritas escondidas en la mano, contar hasta veintiuno, cualquier sistema. Si usábamos el de contar hasta veintiuno, imaginábamos dos o tres chicas más y las incluíamos en la cuenta para evitar trampas. Si una de ellas salía veintiuna, la sacábamos del grupo y sorteábamos de nuevo, hasta que nos tocaba a una de nosotras. Entonces Holanda y yo levantábamos la piedra y abríamos la caja de los ornamentos. Suponiendo que Holanda hubiese ganado, Leticia y yo escogíamos los ornamentos. El juego marcaba dos formas: estatuas y actitudes. Las actitudes no requerían ornamentos pero sí mucha expresividad, para la envidia mostrar los dientes, crispar las manos y arreglárselas de modo de tener un aire amarillo. Para la caridad el ideal era un rostro angélico, con los ojos vueltos al cielo, mientras las manos ofrecían algo -un trapo, una pelota, una rama de sauce- a un pobre huerfanito invisible. La vergüenza y el miedo eran fáciles de hacer; el rencor y los celos exigían estudios más detenidos. Los ornamentos se destinaban casi todos a las estatuas, donde reinaba una libertad absoluta. Para que una estatua resultara, había que pensar bien cada detalle de la indumentaria. El juego marcaba que la elegida no podía tomar parte en la selección; las dos restantes debatían el asunto y aplicaban luego los ornamentos. La elegida debía inventar su estatua aprovechando lo que le habían puesto, y el juego era así mucho más complicado y excitante porque a veces había alianzas contra, y la víctima se veía ataviada con ornamentos que no le iban para nada; de su viveza dependía entonces que inventara una buena estatua. Por lo general cuando el juego marcaba actitudes la elegida salía bien parada pero hubo veces en que las estatuas fueron fracasos horribles. Lo que cuento empezó vaya a saber cuándo, pero las cosas cambiaron el día en que el primer papelito cayó del tren. Por supuesto que las actitudes y las estatuas no eran para nosotras mismas, porque nos hubiéramos cansado en seguida. El juego marcaba que la elegida debía colocarse al pie del talud, saliendo de la sombra de los sauces, y esperar el tren de las dos y ocho que venía del Tigre. A esa altura de Palermo los trenes pasan bastante r pido, y no nos daba vergüenza hacer la estatua o la actitud. Casi no veíamos a la gente de las ventanillas, pero con el tiempo llegamos a tener práctica y sabíamos que algunos pasajeros esperaban vernos. Un señor de pelo blanco y anteojos de carey sacaba la cabeza por la ventanilla y saludaba a la estatua o la actitud con el pañuelo. Los chicos que volvían del colegio sentados en los estribos gritaban cosas al pasar, pero algunos se quedaban serios mirándonos. En realidad la estatua o la actitud no veía nada, por el esfuerzo de mantenerse inmóvil, pero las otras dos bajo los sauces analizaban con gran detalle el buen éxito o la indiferencia producidos. Fue un martes cuando cayó el papelito, al pasar el segundo coche. Cayó muy cerca de Holanda, que ese día era la maledicencia, y reboto hasta mí. Era un papelito muy doblado y sujeto a una tuerca. Con letra de varón y bastante mala, decía: "Muy lindas estatuas. Viajo en la tercera ventanilla del segundo coche, Ariel B." Nos pareció un poco seco, con todo ese trabajo de atarle la tuerca y tirarlo, pero nos encantó. Sorteamos para saber quién se lo quedaría, y me lo gané.. Al otro día ninguna quería jugar para poder ver cómo era Ariel B., pero temimos que interpretara mal nuestra interrupción, de manera que sorteamos y ganó Leticia. Nos alegramos mucho con Holanda porque Leticia era muy buena como estatua, pobre criatura. La parálisis no se notaba estando quieta, y ella era capaz de gestos de una enorme nobleza. Como actitudes elegía siempre la generosidad, el sacrificio y el renunciamiento. Como estatuas buscaba el estilo de Venus de la sala que tía Ruth llamaba la Venus del Nilo. Por eso le elegimos ornamentos especiales para que Ariel se llevara una buena impresión. Le pusimos un pedazo de terciopelo verde a manera de túnica, y una corona de sauce en el pelo. Como andábamos de manga corta, el efecto griego era grande. Leticia se ensayó un rato a la sombra, y decidimos que nosotras nos asomaríamos también y saludaríamos a Ariel con discreción pero muy amables. Leticia estuvo magnífica, no se le movía ni un dedo cuando llegó el tren Como no podía girar la cabeza la echaba para atrás, juntado los brazos al cuerpo casi como si le faltaran; aparte el verde de la túnica, era como mirar la Venus del Nilo. En la tercera ventanilla vimos a un muchacho de rulos rubios y ojos claros que nos hizo una gran sonrisa al descubrir que Holanda y yo lo saludábamos. El tren se lo llevó en un segundo, pero eran las cuatro y media y todavía discutíamos si vestía de oscuro, si llevaba corbata roja y si era odioso o simpático. El jueves yo hice la actitud del desaliento, y recibimos otro papelito que decía: "Las tres me gustan mucho. Ariel." Ahora él sacaba la cabeza y un brazo por la ventanilla y nos saludaba riendo. Le calculamos dieciocho años (seguras que no tenía más de dieciséis) y convinimos en que volvía diariamente de algún colegio inglés. Lo más seguro de todo era el colegio inglés, no aceptábamos un incorporado cualquiera. Se vería que Ariel era muy bien. Pasó que Holanda tuvo la suerte increíble de ganar tres días seguidos. Superándose, hizo las actitudes del desengaño y el latrocinio, y una estatua dificilísima de bailarina, sosteniéndose en un pie desde que el tren entró en la curva. Al otro día gané yo, y después de nuevo; cuando estaba haciendo la actitud del horror, recibí casi en la nariz un papelito de Ariel que al principio no entendimos: "La más linda es la más haragana." Leticia fue la última en darse cuenta, la vimos que se ponía colorada y se iba a un lado, y Holanda y yo nos miramos con un poco de rabia. Lo primero que se nos ocurrió sentenciar fue que Ariel era un idiota, pero no podíamos decirle eso a Leticia, pobre ángel, con su sensibilidad y la cruz que llevaba encima. Ella no dijo nada, pero pareció entender que el papelito era suyo y se lo guardó. Ese día volvimos bastante calladas a casa, y por la noche no jugamos juntas. En la mesa Leticia estuvo muy alegre, le brillaban los ojos, y mamá miró una o dos veces a tía Ruth como poniéndola de testigo de su propia alegría. En aquellos días estaban ensayando un nuevo tratamiento fortificante para Leticia, y por lo visto era una maravilla lo bien que le sentaba. Antes de dormirnos, Holanda y yo hablamos del asunto. No nos molestaba el papelito de Ariel, desde un tren andando las cosas se ven como se ven, pero nos parecía que Leticia se estaba aprovechando demasiado de su ventaja sobre nosotras. Sabía que no le íbamos a decir nada, y que en una casa donde hay alguien con algún defecto físico y mucho orgullo, todos juegan a ignorarlo empezando por el enfermo, o más bien se hacen los que no saben que el otro sabe. Pero tampoco había que exagerar y la forma en que Leticia se había portado en la mesa, o su manera de guardarse el papelito, era demasiado. Esa noche yo volví a soñar mis pesadillas con trenes, anduve de madrugada por enormes playas ferroviarias cubiertas de vías llenas de empalmes, viendo a distancia las luces rojas de locomotoras que venían, calculando con angustia si el tren pasaría a mi izquierda, y a la vez amenazada por la posible llegada de un rápido a mi espalda o —lo que era peor— que a último momento Uno de los trenes tomara uno de los desvíos y se me viniera encima. Pero de mañana me olvidé porque Leticia amaneció muy dolorida y tuvimos que ayudarla a vestirse. Nos pareció que estaba un poco arrepentida de lo de ayer y fuimos muy buenas con ella, diciéndole que esto le pasaba por andar demasiado, y que tal vez lo mejor sería que se quedara leyendo en su cuarto. Ella no dijo nada pero vino a almorzar a la mesa, y a las preguntas de mamá contestó que ya estaba muy bien y que casi no le dolía la espalda. Se lo decía y nos miraba. Esa tarde gané yo, pero en ese momento me vino un no sé qué y le dije a Leticia que le dejaba mi lugar, claro que sin darle a entender por qué. Ya que el otro la prefería, que la mirara hasta cansarse. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas sencillas para no complicarle la vida, y ella inventó una especie de princesa china, con aire vergonzoso, mirando al suelo y juntando las manos como hacen las princesas chinas. Cuando pasó el tren, Holanda se puso de espaldas bajo los sauces pero yo miré y vi que Ariel no tenía ojos más que para Leticia. La siguió mirando hasta que el tren se perdió en la curva, y Leticia estaba inmóvil y o sabía que él acababa de mirarla así. Pero cuando vino a descansar bajo los sauces vimos que sí sabía, y que le hubiera gustado seguir con los ornamentos toda la tarde, toda la noche.

El miércoles sorteamos entre Holanda y yo porque Leticia nos dijo que era justo que ella se saliera. Ganó Holanda con su suerte maldita, pero la carta de Ariel cayó de mi lado. Cuando la levanté tuve el impulso de dársela a Leticia que no decía nada, pero pensé que tampoco era cosa de complacerle todos los gustos, y la abrí despacio. Ariel anunciaba que al otro día iba a bajarse en la estación vecina y que vendría por el terraplén para charlar un rato. Todo estaba terriblemente escrito, pero la frase final era hermosa: "Saludo a las tres estatuas muy atentamente. " La firma parecía un garabato aunque se notaba la personalidad.

Mientras le quitábamos los ornamentos a Holanda, Leticia me miró una o dos veces. Yo les había leído el mensaje y nadie hizo comentarios, lo que resultaba molesto porque al fin y al cabo Ariel iba a venir y había que pensar en esa novedad y decidir algo. Si en casa se enteraban, o por desgracia a alguna de las de Loza le daba por espiarnos, con lo envidiosas que eran esas enanas, seguro que se iba a armar la meresunda. Además que era muy raro quedarnos calladas con una cosa así, sin mirarnos casi mientras guardábamos los ornamentos y volvíamos por la puerta blanca. Tía Ruth nos pidió a Holanda y a mí que bañáramos a José, se llevó a Leticia para hacerle el tratamiento, y por fin pudimos desahogarnos tranquilas. Nos parecía maravilloso que viniera Ariel, nunca habíamos tenido un amigo así, a nuestro primo Tito no lo contábamos, un tilingo que juntaba figuritas y creía en la primera comunión. Estábamos nerviosísimas con la expectativa y José pagó el pato, pobre ángel. Holanda fue más valiente y sacó el tema de Leticia. Yo no sabía que pensar, de un lado me parecía horrible que Ariel se enterara, pero también era justo que las cosas se aclararan porque nadie tiene por qué‚ perjudicarse a causa de otro. Lo que yo hubiera querido es que Leticia no sufriera, bastante cruz tenía encima y ahora con el nuevo tratamiento y tantas cosas.

A la noche mamá se extrañó de vernos tan calladas y dijo qué milagro, si nos habían comido la lengua los ratones, después miró a tía Ruth y las dos pensaron seguro que habíamos hecho alguna gorda y que nos remordía la conciencia. Leticia comió muy poco y dijo que estaba dolorida, que la dejaran ir a su cuarto a leer Rocambole. Holanda le dio el brazo aunque ella no quería mucho, y yo me puse a tejer, que es una cosa que me viene cuando estoy nerviosa. Dos veces pensé‚ ir al cuarto de Leticia, no me explicaba qué hacían esas dos ahí solas, pero Holanda volvió con aire de gran importancia y se quedó a mi lado sin hablar hasta que mamá y tía Ruth levantaron la mesa. "Ella no va a ir mañana. Escribió una carta y dijo que si él pregunta mucho, se la demos." Entornando el bolsillo de la blusa me hizo ver un sobre violeta. Después nos llamaron para secar los platos, y esa noche nos dormimos casi en seguida por todas las emociones y el cansancio de bañar a José.

Al otro día me tocó a mi salir de compras al mercado y en toda la mañana no vi a Leticia que seguía en su cuarto. Antes que llamaran a la mesa entré un momento y la encontré al lado de la ventana, con muchas almohadas y el tomo noveno de Rocambole. Se veía que estaba mal, pero se puso a reír y me contó de una abeja que no encontraba la salida y de un sueño cómico que había tenido. Yo le dije que era una lástima que no fuera a venir a los sauces, pero me parecía tan difícil decírselo bien. "Si querés podemos explicarle a Ariel que estabas descompuesta", le propuse, pero ella decía que no y se quedaba callada. Yo insistí un poco en que viniera, y al final me animé y le dije que no tuviese miedo, poniéndole como ejemplo que el verdadero cariño no conoce barreras y otras ideas preciosas que habíamos aprendido en El Tesoro de la Juventud, pero era cada vez más difícil decirle nada porque ella miraba la ventana y parecía como si fuera a ponerse a llorar. Al final me fui diciendo que mamá me precisaba. El almuerzo duró días, y Holanda se ganó un sopapo de tía Ruth por salpicar el mantel con tuco. Ni me acuerdo de cómo secamos los platos, de repente Estábamos en los sauces y las dos nos abrazábamos llenas de felicidad y nada celosas una de otra. Holanda me explicó todo lo que teníamos que decir sobre nuestros estudios para que Ariel se llevara una buena impresión, porque los del secundario desprecian a las chicas que no han hecho más que la primaria y solamente estudian corte y repujado al aceite. Cuando pasó el tren de las dos y ocho Ariel sacó los brazos con entusiasmo, y con nuestros pañuelos estampados le hicimos señas de bienvenida. Unos veinte minutos después lo llegar por el terraplén, y era más alto de lo que pensábamos y todo de gris. Bien no me acuerdo de lo que hablamos al principio, él era bastante tímido a pesar de haber venido y los papelitos, y decía cosas muy pensadas.

Casi en seguida nos elogió mucho las estatuas y las actitudes y preguntó cómo nos llamábamos y por qu‚ faltaba la tercera. Holanda explicó que Leticia no había podido venir, y él dijo que era una l stima y que Leticia le parecía un nombre precioso. Después nos contó cosas del Industrial, que por desgracia no era un colegio ingl‚s, y quiso saber si le mostraríamos los ornamentos. Holanda levantó la piedra y le hicimos ver las cosas. A él para la estatua oriental", con lo que quería decir la princesa china. Nos sentamos a la sombra de un sauce y él estaba contento pero distraído, se veía que sólo se quedaba de bien educado. Holanda me miró dos o tres veces cuando la conversación decaía, y eso nos hizo mucho mal a las dos, nos dio deseos de irnos o que Ariel no hubiese venido nunca. El preguntó otra vez si Leticia estaba enferma, y Holanda me miró y yo creí que iba a decirle, pero en cambio contestó que Leticia no había podido venir. Con una ramita Ariel dibujaba cuerpos geométricos en la tierra, y de cuando en cuando miraba la puerta blanca y nosotras sabíamos lo que estaba pasando, por eso Holanda hizo bien en sacar el sobre violeta y alcanzárselo, y él se quedó sorprendido con el sobre en la mano, después se puso muy colorado mientras le explicábamos que eso se lo mandaba Leticia, y se guardó la carta en el bolsillo de adentro del saco sin querer leerla delante de nosotras. Casi en seguida dijo que había tenido un gran placer y que estaba encantado de haber venido, pero su mano era blanda y antipática de modo que fue mejor que la visita se acabara, aunque más tarde no hicimos más que pensar en sus ojos grises y en esa manera triste que tenía de sonreír. También nos acordamos de cómo se había despedido diciendo: "Hasta siempre", una forma que nunca habíamos oído en casa y que nos pareció tan divina y poética. Todo se lo contamos a Leticia que nos estaba esperando debajo del limonero del patio, y yo hubiese querido preguntarle qué decía su carta pero me dio no sé qué porque ella había cerrado el sobre antes de confiárselo a Holanda, así que no le dije nada y solamente le contamos cómo era Ariel y cuantas veces había preguntado por ella. Esto no era nada fácil de decírselo porque era una cosa linda y mala a la vez, nos dábamos cuenta que Leticia se sentía muy feliz y al mismo tiempo estaba casi llorando, hasta que nos fuimos diciendo que tía Ruth nos precisaba y la dejamos mirando las avispas del limonero.

Cuando íbamos a dormirnos esa noche, Holanda me dijo: "Vas a ver que mañana se acaba el juego." Pero se equivocaba aunque no por mucho, y al otro día Leticia nos hizo la seña convenida en el momento del postre. Nos fuimos a lavar la loza bastante asombradas y con un poco de rabia, porque eso era una desvergüenza de Leticia y no estaba bien. Ella nos esperaba en la puerta y casi nos morimos de miedo cuando al llegar a los sauces vimos que sacaba del bolsillo el collar de perlas de mamá y todos los anillos, hasta el grande con rubí de tía ruth. Si las de Loza espiaban y nos veían con las alhajas, seguro que mamá iba a saberlo en seguida y que nos mataría, enanas asquerosas. Pero Leticia no estaba asustada y dijo que si algo sucedía ella era la única responsable. "Quisiera que me dejaran hoy a mí", agregó sin mirarnos. Nosotras sacamos en seguida los ornamentos, de golpe queríamos ser tan buenas con Leticia, darle todos los gustos y eso que en el fondo nos quedaba un poco de encono. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas preciosas que iban bien con las alhajas, muchas plumas de pavorreal para sujetar el pelo, una piel que de lejos parecía un zorro plateado, y un velo rosa que ella se puso como un turbante. La vimos que pensaba, ensayando la estatua pero sin moverse, y cuando el tren apareció en la curva fue a ponerse al pie del talud con todas las alhajas que brillaban al sol. Levantó los brazos como si en vez de una estatua fuera a hacer una actitud, y con las manos señaló el cielo mientras echaba la cabeza hacia atrás (que era lo único que podía hacer, pobre) y doblaba el cuerpo hasta darnos miedo. Nos pareció maravillosa, la estatua másregia que había hecho nunca, y entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza y mir ndola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe. No s‚ por qu‚ las dos corrimos al mismo tiempo a sostener a Leticia que estaba con lo ojos cerrados y grandes l grimas por toda la cara. Nos rechazó sin enojo, pero la ayudamos a esconder las alhajas en el bolsillo, y se fue sola a casa mientras guard bamos por última vez los ornamentos en su caja. Casi sabíamos lo que iba a suceder, pero lo mismo al otro día fuimos las dos a los sauces, después que tía Ruth nos exigió silencio absoluto para no molestar a Leticia que estaba dolorida y quería dormir. Cuando llegó el tren vimos sin ninguna sorpresa la tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel viajando del otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises.

junio 22, 2006

Ese Tipo - Colaboración desde la Patagonia (Argentina)


ESE TIPO
Aldo Novelli

Yo soy ese tipo que ha cometido la osadía
de creerse poeta por unos instantes
y excavó con desesperación en el fondo de la noche
buscando palabras desconocidas
para dárselas al mundo en una jauría de gaviotas.

El que arrojó piedras a vagones ajenos de trenes inalcanzables
que cruzaban el oxidado horizonte del desierto,
el que pateó pelotas de trapo envueltas en viejas medias
en un potrero de cardos rusos gigantes y vientos furibundos,
y corrió entre cigueñas negras y alacranes amarillos
para calmar la sed de infinito y el hambre de mujer.

El tipo que se dejó crecer la barba
y lanzó volantes rojos en el aire espeso de la ciudad
como un acto de rebeldía en medio de la derrota.
El que recorrió bares y cabarets
buscando a la hembra más puta del mundo,
y terminó durmiendo sobre las mesas
la borrachera de todos los poetas malditos de la historia.

Yo soy el pastor de ovejas descarriadas
adicto a las sombras bajo la gran luz.
El lobizón que se hizo hombre
en una noche de incontables lunas sin cielo.
Yo soy la oveja que se comió al lobo.
Yo soy ese tipo que llaman padre
el santo padre putativo corruptor de menores de espíritu
adúltero de vírgenes endemonidas exorcista de toda estupidez.

El que cura las llagas de mujeres en pena
místico sanador de seres vulnerables de corazón.
Yo soy el dador de semen, el precario proveedor de cielos.
El que camina bajo la noche en callejones oscuros
y hace discursos salvadores para un tiempo desquiciado
entre multitud de cartoneros, desterrados y borrachos que aplauden y ríen
mientras las cucarachas observan la escena desde prudente distancia.

Yo también soy el tipo
que ha cometido la estupidez de escribir este poema,
él mismo que tiene ahora la insolencia
de ofrendárselo a ustedes
como un brusco zarpazo en la voz del silencio.

Mas no demores tanto - Colaboración desde Brasil


MAS NÃO DEMORES TANTO
Lucila Nogueira

O corpo —dizem— já não será mais o mesmo
em seu reflexo exterior,
mas alguma coisa se diga das cavernas fosforescentes
que navegam a fome do demônio
na hora do seu resplendor.
Olha o meu corpo antigo na curva do chafariz ou no leme do navio.
Eu sou um pássaro noturno perturbado.
Eu te ofereço os meus seios muito brancos
numa escada secreta do mar Cáspio.
Alguém falou de um modo descuidado
e as gárgulas de Notre Dame
contornaram os mamilos
como breves e clandestinos fogo-fátuos.
O corpo —dizem— já não será o mesmo,
desesperadamente eu te desejo
enquanto navego rochas subterrâneas
à beira da consciência humana
e o racha da atmosfera interfere na faixa luminosa
bem no centro da tela da televisão que se quebrou.
Porque naquele tempo
o amor era como um príncipe bêbado
e forçosamente hindu
ele era como a voz rouca de Dioniso
fazendo soar as teclas do piano austríaco
abandonado na passarela vermelha
de um carnaval de plumas na rua do Bom Jesus.
Saí pelo ancoradouro embriagada
arrastando candelabros escarlates
no rio de letreiros luminosos
enquanto a chuva batia no bico duro daqueles seios
ardendo sempre de tanto amor.
Todos eram demais e não sabiam
mas quando tu me pegaste forte eu me surpreendi tímida
e até hoje estou fugindo entre palmeiras
pelas estradas líquidas do vinho e do neon.
Digo que continua urgente a ilusão desse momento
acometido de inenarráveis confissões.
Utopia presa na cartilagem úmida,
quando tua boca recobrir o seio
seremos então as duas outras faces
de uma mesma única possessão,
como uma estória colada na outra
enquanto se lambe o lacre da carta escrita na infância
que uma água subitamente morna quase apagou.
Como dizer, sem te estranhar: recusa-me
que a dama nua ao telefone pode estar no transe
a que tanto aspiras sob o vermelho das lanternas
enquanto a chuva cobre os telhados à beira-mar.
Tudo agora se tornou tão urgente
que dói a espera imemorial das bonecas
sobre a madeira escura
imóveis mas não inertes
a aguardar seu número de magia
quebrando a banalidade dos noticiários da televisão.
A blusa de cetim verde tem um decote de princesa judia
assassinada nua em campo de concentração
esplêndido violinista, vamos enlouquecendo devagar.
A blusa de cetim verde deixa entrever a parte morta da carne branca
sob a luz do globo fosforescente
girando sobre os dançarinos
amanhã invisíveis do bar Royal.
Fecha os olhos e pensa no que quiseres
enquanto as mãos e as bocas cumprem roteiros de miragens desérticas,
enquanto eu toco novamente
o meu piano austríaco na calçada do cais
e o mar quase arrebenta as janelas dalinianas do Armazém XIV.
Porque o espírito há-de ser sempre o mesmo
eu desafio a tua preferência
e a blusa de cetim verde sem meu corpo dentro
tem ainda um oceano de lantejoulas
refletindo a vibração da pele
que por alguns momentos a habitou.
Dragão gigante
língua demoníaca
união clandestina
avesso encantamento
abismo vulcânico
onde a partitura se desfez em notas a cobrir a pauta
que guia o violoncelista ao Palácio de Cristal.
Fecha os olhos e beija-me de modo frágil
porque tudo se tornou mais urgente
desde o Museu Serralves e os desenhos rosa do mármore
revelam caminhos recifenses da pele emparedada
sonhando o êxtase da ressurreição.
O teu olhar tem o mesmo brilho de um atirador de facas
enquanto giro na roda sobre mim mesma
dramaticamente presa nas cordas
ao som de Tchaicovski na Abertura 1812.
O teu olhar é como um sino milenarmente gigante
rondando os patamares da Régua até a calçada de Copacabana,
o teu olhar é como um barco viking pedindo enseada
desde os coqueiros do Recife até os verdes pinheiros galegos
que deram sombra ao romance dos meus bisavós.
Sei que hás de vir sob a neve enluarada
conduzindo lanterna no pescoço do cavalo branco
e me tomarás a galope em tua capa de veludo escuro
enquanto no circo abandonado a trapezista continuará dormindo
completamente nua
na jaula dos leões.
Sei que hás de vir ferozmente enfeitiçado
nesse rapto anunciado para cruzar as águas do Capibaribe ao Douro
e dançaremos à luz de um candelabro de sete braços
até o sol secar as sete saias
tiradas ao som de sete violinos
durante as sete noites da encantação.
Mas não demores tanto.
Que amar é a arte
de se fazer presente
e tudo aquilo que precisamos
é de poesia,
loucura e ênfase
no ato heróico de reabrir as portas
da carne mansa que se equivocou.
Que o corpo -dizem- já não será o mesmo
e o que era assédio pode retemperar-se em fuga
e até nós -dizem- não seremos os mesmos
no estranho instante de raio laser
em que chegar sem aviso o prazer da manhã.

junio 12, 2006

Vaca - Augusto Monterroso


VACA
Augusto Monterroso

Cuando iba el otro día en el tren me erguí de pronto feliz sobre mis dos patas y empecé a manotear de alegría y a invitar a todos a ver el paisaje y a contemplar el crepúsculo que estaba de lo más bien. Las mujeres y los niños y unos señores que detuvieron su conversación me miraban sorprendidos y se reían de mí, pero cuando me senté otra vez silencioso no podían imaginar que yo acababa de ver alejarse lentamente a la orilla del camino una vaca muerta muertita sin quien la enterrara ni quien le editara sus obras completas ni quien le dijera un sentido y lloroso discurso por lo buena que había sido y por todos los chorritos de humeante leche con que contribuyó a que la vida en general y el tren en particular siguieran su marcha.

Homenaje a Otto Weininger - Juan José Arreola



HOMENAJE A OTTO WEININGER
Juan José Arreola

(Con una referencia biológica del barón Jacob von Uexküll)

Al rayo del sol, la sarna es insoportable. Me quedaré aquí en la sombra, al pie de este muro que amenaza derrumbarse.

Como a un buen romántico, la vida se me fue detrás de una perra. La seguí con celo entrañable. A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte. Ni siquiera al callejón sin salida donde soñaba atraparla. Todavía hoy, con la nariz carcomida, reconstruí uno de esos itinerarios absurdos en los que ella iba dejando, aquí y allá, sus perfumadas tarjetas de visita.

No he vuelto a verla. Estoy casi ciego por la pitaña. Pero de vez en cuando vienen los malintencionados a decirme que en este o en aquel arrabal anda volcando embelesada los tachos de la basura, pegándose con perros grandes, desproporcionados.

Siento entonces la ilusión de una rabia y quiero morder al primero que pase y entregarme a las brigadas sanitarias. O arrojarme en mitad de una calle a cualquier fuerza aplastante. (Algunas noches, por cumplir, ladro a la luna).

Y me quedo siempre aquí, roñoso. Con mi lomo de lija. Al pie de este muro cuya frescura socavo lentamente. Rascándome, rascándome...

Amor - Héctor G. Oesterheld


AMOR
Héctor G. Oesterheld
Desnudos, se hacen el amor delante de la chimenea.

El resplandor de las llamas les caldea la piel, los cuerpos son uno solo, rítmico latido. Un solo, rítmico latido cada vez más pujante.

Agotados, los tres cuerpos se desenroscan lentamente, las antenas se separan. Las llamas se multiplican en las escamas triangulares.

El Dios de las Moscas - Marco Denevi


EL DIOS DE LAS MOSCAS
Marco Denevi

Las moscas imaginaron a su dios. Era otra mosca. El dios de las moscas era una mosca, ya verde, ya negra y dorada, ya rosa, ya blanca, ya purpúrea, una mosca inverosímil, una mosca bellísima, una mosca monstruosa, una mosca terrible, una mosca benévola, una mosca vengativa, una mosca justiciera, una mosca joven, una mosca vieja, pero siempre una mosca. Algunos aumentaban su tamaño hasta volverla enorme como un buey, otros la ideaban tan microscópica que no se la veía. En algunas religiones carecía de alas ("Vuela, sostenían, pero no necesita alas"), en otras tenía infinitas alas. Aquí disponía de antenas como cuernos, allá los ojos le comían toda la cabeza. Para unos zumbaba constantemente, para otros era muda pero se hacía entender lo mismo. Y para todos, cuando las moscas morían, los conducía en vuelo arrebatado hasta el paraíso. Y el paraíso era un trozo de carroña, hediondo y putrefacto, que las almas de las moscas muertas devoraban por toda la eternidad y que no se consumía nunca, pues aquella celestial bazofia continuamente renacía y se renovaba bajo el enjambre de las moscas. De las buenas. Porque también había moscas malas y para éstas había un infierno. El infierno de las moscas condenadas era un sitio sin excrementos, sin desperdicios, sin basura, sin hedor, sin nada de nada, un sitio limpio y reluciente y para colmo iluminado por una luz deslumbradora, es decir, un lugar abominable.

Hegel y los búhos - Alberto Barrera


HEGEL Y LOS BUHOS
Alberto Barrera

Desde Hegel, tal vez antes, los búhos han sido condenados a la sabiduría. Aburridos y sobrios contemplan la noche, mientras el reino hace el amor o descansa.

Hay quienes piensan que los búhos pasan la vida decantando razones mayores, organizando una inteligencia a la que no podrán sobrevivir. Sin embargo, los búhos odian su insomnio inútil; su cabeza no da sino para contar ovejas y, carnívoros al fin, sólo sufren el placer de esta cuenta con la ilusión (o la utopía) de que la última oveja, la rosada y fresca, la anterior al amanecer, sea cierta, firme, hermosa como una gota de sangre en el horizonte.

 
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