junio 16, 2007

El Instalador - Capítulo 3


EL INSTALADOR
Alex Acevedo, Carlos Ayala, Néstor Pedraza



DESPERTAR EN LA INOPIA: RESIDENCIAS EL PALMAR



Los que niegan a Dios destruyen la nobleza del hombre; pues ciertamente el hombre es pariente de las bestias por su cuerpo y si no es pariente de Dios por su espíritu es una criatura baja e innoble.

Francis Bacon.



Roberto se había despertado en un motel, una residencia parejera estándar, de las que aromatizan con el mismo olor a La Catleya Floral, las iguales cortinas rojas, el televisor empotrado en la pared, los espejos y la mesita de noche con el rollo de papel higiénico sencillo y unas toallas para lijarse el cuerpo. La humedad de siempre y una grabadora barata para escuchar la radio. Era imposible saber a qué parte de la ciudad había ido a parar. Se oía ruido de agua corriendo en el baño, de modo que había alguien en la ducha, seguramente una mujer, y que lo aspearan si la bañista no era una furcia, una masajista profesional. Era una deducción limpia, sería un sábado en la mañana y habría sobrevivido a una juerga más en el Santafé. Debía estar en el Centro. Parecía como si lo protegiera Dios, porque se acordaba de todas las veces que había salido de Calamares o de Tamaguchi hecho una piltrafa humana, equilibrista mágico que no caía a pesar de tener la cabeza con un kilo más de peso, un kilo de alcohol en volumen, y no sólo no caía sino que podía hacer el cuatro a la perfección, y aún más: nunca lo habían atracado, siendo que la zona, la Veintidós con Caracas a las diez u once de la noche, no era como para demostrar sus dotes innatas de equilibrista. Para eso estaba el Circo de los Hermanos Gasca.

Se concentró un momento y recordó algo clave, un taxi, un Daewoo Racer, en la Quince con Noventa y Tantas, quizás a las tres o las cuatro de la mañana, un night club caro, donde echarse un polvo costaría por ahí unos cien o más, o menos; en fin, dependiendo del marrano. Pero él siempre era muy profesional, siempre pensaba primero en la empresa en que trabajaba y luego en él y sus apetencias. Bueno, a veces ese mismo profesionalismo le facilitaba las cosas. A todas las nenas les decía que trabajaba en El Vespertino, que hacía la sección de Deportes, y todas se lo tomaban en serio, lo hallaban más encantador, con más clase, y ya como que no les daba pena jugar con su corbata, pasarle una mano por el cuero de la chaqueta alisándoselo, arruncharse pegadas a él con pegamento etéreo. Así debió ser la noche anterior, ahora lo recordaba; todo venía ennubecido, nublado, como en un sueño. Había una mona oxigenada, ya, exacto, la misma que salía del baño con la toalla enrollada al cuerpo; pudor, misterio. Ahora, en la intimidad, oculta lo que entre el gentío mostraba abierto de par en par. ¿Quién entiende?

—¿Ya se despertó, papi? —dijo la mona oxigenada—. Usted sí, mijito...

Siguió hablando la rubia incoherencias propias de su profesión. Él la encontraba un poco fuera de su gusto, demasiado mona, demasiado oxígeno, demasiado parlanchina, y se perdía en las nubes de la noche anterior. Mierda, ¿cómo iría a dar a ese sitio? Escasamente recordaba que a eso de las tres o las cuatro, se había embarcado en un taxi Daewoo con esa boleta que ahora se empezaba vestir: sus calzones de encajes rojos, un pantalón descaderado botacampana, una blusita ahí, pura pinta de impulsadora de supermercado, de esas que están con una bandeja y le hacen a uno una sonrisa de medio pelo para ofrecerle un toque de galleta con atún, una copita de vino, un diminuto trago de aguardiente. Eso justamente era lo que necesitaba ahora para poder despertar, un chorrito de anís.

—¿Dónde estamos, mi amor? —le pregunta al esperpento, que está con un espejito aplicándose pestañina o delineador o sombras, a lo mejor líquido de frenos, diablo rojo.

Ella se voltea a mirarlo, con esa mirada que saben hacer las mujeres más dignas, como diciendo “Uich, usted sí, mijito, ¿no? Uich, ¿no le da pena?”, y le contrapregunta que si no se acuerda, que ella anoche se cansó de decirle que para qué se iban tan lejos, que era hasta maricada ir tan lejos habiendo dónde meterse allí no más en Chapinero o en el Siete de Agosto. Luego lanzó su perorata acerca de la terquedad de los hombres y de los borrachos, y la cerrazón total de los hombres borrachos, ¿no eres de casualidad Tauro? Y en resumen, por fin dijo que estaban en la mierda, Fontibón adentro.

Lindo paseo, debió ser, desde la Noventa y Tantas con Quince hasta el recoveco más sórdido de Fontibón, donde solía terminar sus juergas los días de quincena. Entonces se mentía, arguyendo que era por razones de seguridad, que en una ciudad tan podrida y dañada como ésta uno tenía que saber muy bien dónde meter sus pobres huesos, no fuera a ser que...

¡Ya!, se empezó a iluminar el sótano oscuro de sus recuerdos. En el night club caro, a eso de las once, ya se estaba acabando la botella de whisky y él estaba más prendido que un pesebre, y estaban arreglando el mundo con alguien. Que este país así y este país asá, y que por eso es que todo el mundo está como está, porque tal y pascual, y se levantó de la mesa camino de los baños, y por el camino sintió apetencia por esta mona exuberante, y entonces fue cuando le dijo mamita, que trabajaba en El Vespertino, que él hacía la sección de Deportes, y ella empezó a hacerse la niña consentida, a pedir tragos de brandy, a sugerir que podían hacer algo en esta noche perdida en que todo parecía indicar que empezaba el fin del mundo, y ya no tardarían en llegar los ángeles exterminadores a barrer con todo, los expendios de bazuco y las licoreras y los puestos de perros y de chorizos, que por qué más bien no se iban para algún lado a pasarlo bien rico.

Ahora la boleta se echa al hombro su carterón, se está despidiendo con un besito en la mejilla, le pregunta que cuándo vuelve a sacarla, le recuerda que muy rico todo, papi, chao, Dios te pague.

Pero, ¿con quién estaba? ¿Quién pagó? Las jugarretas de la memoria. ¡Ya! Hablaban de su carrera en El Vespertino, él contaba que la situación estaba muy dura, que hacía quince días un pirobito de McKensey Consultores se paseaba por la redacción, husmeando en todas partes, metiendo sus narices donde no lo habían llamado. Era un pirobito recién egresado, póngale de Los Andes, un ingeniero industrial ahí, puro vestidito de Hugo Boss y las gafas negras, tramando de duro o que sé yo, un cabrito que no sabía ni mierda de ni mierda, pero que Don Hernando tenía haciendo reingeniería, un plan para echar gente, mejor dicho. Sí, claro, de eso estaban hablando, que el pirobito se paraba al lado de la greca y se quedaba mirando para su escritorio, el pirobito se estaba enamorando de él, y lo miraba a él y se fijaba en la hora y anotaba cosas en una de esas agendas, una Palm Pilot es, ¿no? Un espía de Don Hernando, el muy cabrito, y lo tenía nervioso, claro, como está la vida en este país, con este desempleo tan verraco, había que despistar al pirobito, había que descrestar a Don Hernando, lucirse con algo para que lo tuvieran a uno en cuenta. De eso estaban hablando, sí, pero ¿con quién? Mierda, estas lagunas cada vez están peores.

Se mete a la ducha, quizás un buen chorro de agua helada le ayudara a disipar los vapores de alcohol que le nublaban los hechos. ¡Ya!, eran dos tiras, Bermúdez y López, de la Dijín, claro, era eso, y ahora empezaba a ver cuando el mesero les trajo la cuenta, y él les decía no, ni más faltaba, y sacaba su cartera, y ellos seguramente alcanzaron a protestar que no, que no era justo, que ellos también querían colaborar con algo, y salieron los dos billetes de veinte, y él ¡ay, mierda!, él los rechazó, yo pago, tranquilos, a ver cuánto es, cómo así que no puedo invitar a mis amigos, no, ni más faltaba, a ver cuánto es. ¿Cuánto sería? ¿Ciento cincuenta? ¿Doscientos? Sale de la ducha como está, cubierto de jabón, busca su pantalón y no encuentra la billetera, “¡ay jueputa!” Un momento, tranquilo, de borracho siempre la metía en su chaqueta de toda la vida, la negra de cuero tumbalocas, sí, ahí está, saca la cartera, y ¡ay mierda!, quedan tres billetes de dos mil para quince días, ¡seis mil pesos para quince días!, y una mancha de espuma se descuelga de su cabeza y entra en su ojo derecho, para justificar el ardor y las lágrimas.

Ahora ya había acabado de armar el cuadro. Había salido del periódico antes de las cuatro, a encontrarse en La Sultana con el Dr. Gómez, a contarle lo mismo que les diría a los tiras de la Dijín, y ahí, entre un cigarrillo y medio frasco de anís en la cafetería, el Dr. Gómez, un señor, un caballero, había quedado de conseguirle algo para esta semana o la otra, algo para despistar al pirobito y descrestar a Don Hernando. Entonces fue cuando se sentaron en su mesa el Bermúdez y el López a gorrear, y ni modo de decirles que no. A la media hora o así, el Dr. Gómez dijo que tenía diligencia y se fue, y se quedaron él y los otros dos, por otro medio frasco, y ¡ay!, los tiras se habían hecho invitar también a pollo, ahora se acordaba, ¡qué dolor! Claro, antes de llegar a la Quince con Noventa y Tantas, habían estado comiendo pollo, “¡me cago en la leche!”

—Una propinita, patrón —le dice el ganapán cuando está atravesando la puerta de la residencia rumbo al infierno de la calle Trece.

—Paila, mijo —le responde de mala gana, y sigue calle abajo haciendo cuentas, mil para un tinto con empanada, el brunch, setecientos para la buseta hasta la casa, mil para los servicios, mil para el arriendo, mil para el mercado, uy, y todavía le iban a sobrar mil trescientos, muy de buenas, casi la mitad de la entrada para el Novedades, y además se iba a salvar de tener que empeñar el VHS otra vez.

El Evangelio según el Diablo - Colaboración desde Perú


EL EVANGELIO SEGÚN EL DIABLO
Raúl Heraud

Pequeño Dios
cuando abandones tu sagrada indiferencia
y dejes la cerradura abierta
para que camellos y locos
sean tan libres como el asesino
de niños,
cuando no reclames
tristes almas en las puertas del infierno
y tus ángeles afeminados
vengan a vivir
a este enorme panteón
donde ya nadie te nombra,
cuando recorras cada pozo de huesos
cada mierdero con sus despojos humanos,
comprenderás que no se trata de amor
ni de juicio final
sólo que aquí
huele a muerte
permanentemente.

Temor Compartido - Colaboración desde Italia


TEMOR COMPARTIDO
Marta Roldán

Si mi abrazo materno te acogiera en el aire
o sólo este cariño sostuviera el avión.

Si tu miedo y el mío se unieran en un punto
servirían de ancla o de eje o bastón.

La nada está observándote mientras yo sólo escribo.
Una in-sustancia mía, desprendida, se eleva
rodeando al monstruo horrible que te lleva en su entraña.

Debajo es ese océano poblado por mis lágrimas
y la atmósfera férrea gracias a mis suspiros.

Yo procuraría, con asfalto o raíles,
desplazarte segura y sin temor a destino.

Color De Muerte, Como Tu Aroma - Poesía de uno de nuestros fundadores


COLOR DE MUERTE, COMO TU AROMA
Carlos Ayala


No podía creerlo
el tajo limpio de lado a lado
no esparcía rojo escarlata tibio y dulzón
era petróleo puro... negrura de calibres indescriptibles
_____(como la palabra misma I N D E S C R I P T I B L E).

Bajaba a tocarme el chupo y nada la acercaba a mí,
__________[bajaba al panteón
ahora después del corte y nada la acercaba a mí.

No adornas mis fijaciones en estertores
no eres más mi víctima número uno.... no lo quiero más.

A Raúl González Tuñón - Colaboración desde Argentina


A RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN
Rolando Revagliatti

En el fumadero
alertados por un chino
nos escaparemos de la policía
con Jerónimo y con Perecito
por el espejo con licencia de puerta al milagro.

Nos recibirán
Señoritas Todavía Vivas
y desanimadas.

Es tan Bella - Colaboración desde Argentina


ES TAN BELLA
Oscar Portela

Es tan bella esta tarde de junio para morir. Escucha en mí las voces del cielo. El cielo azul como el mar cálido se arremansa en mis ojos y los colores son insinuaciones, apenas vislumbres de una paz que llena todos los rincones del ama.

No es bueno, no, despedirse del mundo entre ciclones, entre enardecidas colmenas y tábanos, entre oleajes de mares procelosos y una naturaleza rebelada contra el mortal in-grato. In-habitud es el mundo y no hay refugio para el alma condenada a vagar entre médanos traidores y faros-espejismos que conducen a las rocas que provocan naufragios más hondos que el diabólico soplo de una libertad “increada”. ¿Pues por qué estar siendo entonces?

No es más bello despedirse de los seres amados en una tarde clara donde los ruiseñores callan ante tanta belleza incomprendida. No, no pido la ingle de un ciervo herido para morir sobre él.

Sé de tanta belleza que se ignora a sí misma en medio del horror y del caos.

En intentado recogerla en abandonadas playas, en poema de Edna, en el viaje de Cabeza de Baca, en los niños abandonados a la intemperie de la calle, en el ceremonial de los cuerpos desnudos, sin pecados ninguno, en la Lucha de Marcias contra Apolo, en la búsqueda eterna de Perséfona, y he fracasado en todo. ¿Por qué no renunciar ahora cuando el otoño se adelanta?

¿En éste invierno de días cálidos, donde mi corazón revela sus misterios y los amigos aún están conmigo junto al fuego paterno? ¿Para qué más? ¿Para qué el absoluto?

Es tan bella esta tarde para despedirse y dormir en calmos lagos.
Estoy siendo sí, querida Edna. Pero cansado de soledad y espantos.

El silencio de los corderos aturde a veces y nubla mi visión con espejismos y con musgos ya secos como mi corazón. He desandado mi camino a solas.

Los que conmigo fueron mis tutelares hados ya se fueron aunque permanezcan en perfumes de Opio. No me despido no. Sólo pregunto por qué permanecer cuando las despedidas pueden aún ser bellas y sin dolor ninguno.

Si podéis contestarme habéis hecho lo que Bettina Von Brentano mirando el Rin desde el ventanuco de Holderlin comprendía sólo ella...

Más Allá de los Colores - Colaboración desde Argentina


MÁS ALLÁ DE LOS COLORES
Betty Badaui

__________“Me gustaría pintar retratos,
__________que dentro de un centenar de años
__________fueran como apariciones para las
__________gentes de esos días”.
__________Vincent van Gogh (1853-1890)


La inocencia solamente
nos dejaba ver
los girasoles de van Gogh.
¿Qué, del doctor Gachet
con su mirada atravesando siglos,
de Armando Roulín
con su rostro sobrepasando
la centuria,
y de la plantadora
de remolachas…?
Ayer vi a esa mujer
con su espinazo doblado
—el pincel quebró consignas—
hoy la vi erguirse
sobre la historia.
¡Y sólo veíamos
los girasoles!

Hace Apenas Días - Colaboración desde Argentina


HACE APENAS DÍAS
Hugo Mujica

hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.

cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
_____sobre el mármol de su tumba.

bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
_____ahora que he muerto en otro.

Simulacro - Colaboración desde México


SIMULACRO
Eduardo Lucio Molina y Vedia

El inicio de mi inclusión paulatina en el espanto de la muerte, la primera noticia de la finitud de las formas, fue esa imagen que no me abandona desde la infancia, hace medio siglo. Una enorme yegua insolada de pelaje rojizo oscuro, boqueando, tendida a todo su largo sobre la vereda de la ochava, a la que daba la ventana del cuarto donde me despertaron de la siesta las voces y los baldazos, el castañetear de los cascos desesperados sobre las baldosas.

Belfos anhelantes, desenfrenada dentadura equina, agua inútil brillando entre las crines bajo el sol vertical del verano porteño, fuelles abriendo y cerrando costillares, afán de los hombres por salvar a la bestia.

La escena atravesó las décadas asomándose por los entresijos de la conciencia como una señal cruda y diáfana, sin énfasis.

Fue preciso que la idea de los finales, del propio fin, encarnara en la región de las certidumbres, para que la tácita interrogación sobre ese acotado destino animal, como el mío, sobre ese episodio que el recuerdo rescató de entre olvidos y memorias familiares, tuviera su ambigua respuesta.

Murió allí la yegua insolada, que unos evocaban blanca y otros overa. Hacía unos meses, me contaron con el tiempo, habían pavimentado las calles de tierra con unas maderitas duras que devolvían el calor. Una causa plausible: la bestia y los hombres que la manejaban no midieron los efectos combinados del trabajo de tiro, el sol calcinante y el reflejo del calor del suelo, arrastrando quizá un carro con frutas o verduras por las calles de Villa Ortúzar.

Pero a aquel niño de dos años y medio en ese enero del 42 la imagen le había dicho otra cosa, algo más de fondo. Que tras las causas está una causa, elusiva, desconcertante, inverosímil.

Se lo siguió diciendo, persuasiva, a través de los años, las geografías, las amistades y las discordias del mundo y de la gente, de un modo discreto y tenaz, como disculpando el exabrupto, fijándolo a aquella ochava como al lugar de su destino, soleado y letal.

Compré un Tapir - Colaboración desde Perú


COMPRÉ UN TAPIR
Julia del Prado

Compré un tapir
que llena mi sala
se llama Teobaldo
y sabe tejer.

Teje chompas
para mi frío
de variados colores,
juega conmigo
me da su manaza
de saludo continuo.

Y luego teje
chompas, chalinas
que me las da
para mi abrigo.

Hace además poemas
de luciérnagas y mariquitas,
de añujes y gatos.

Contenta me tiene
le doy su comida
salta y brinca,
juega a la escondida.

Sachavaca es
teje, teje Teobaldo
Poeta es.

La Realidad Y La Imaginación - Colaboración desde Argentina


LA REALIDAD Y LA IMAGINACIÓN
Marga Seoane

Cortaré las cadenas de la imaginación si alguien me alienta
a convertirme en arco iris
para que un duende me pinte
con todos los colores.

Cortaré las cadenas cuando llegue el atardecer
para que la noche y mi alma
dejen de ser hermanas.
Cuando sueño vivo,
cuando vivo sueño...
y es todo un sueño...
o... ¿más que un sueño...?
o... ¡nada más!
y entonces deseo despertar
y vivir y sentir sin soñar.

Allá lejos en mi recuerdo...
busco y digo :
¿dónde estará la realidad?
tal vez... ¿en la imaginación...?

Mientras.... sigo
soñando y encuentro
suaves voces que envuelven mis miedos
y la brisa que acaricia mi cuerpo
porque cuando sueño...
a veces lloro... la realidad...
a veces sufro... la imaginación...
y a veces...
duele cuando están juntas.

De La Incredulidad - Colaboración desde Colombia


DE LA INCREDULIDAD
Melissa Fonseca

Caminás… hablás…
reís… soñás…
Pero sos como esos años que no se cuentan
mi medio día, mi calumnia.

Sos una sombra en la pared,
sos triste árbol deshojado,
tierra abonada del precipicio,
sos hijo de la grandísima vida,
sos pluma desvanecida.

Agua… luz…
oscuridad… tiniebla…
Vos muchacho
sos como las noches que se estremecen
sos augurio
edificio y calle.

Montaña de verdes amistades,
cría de lobos hambrientos.
sos mi sospecha… la humedad…
lo reseco… Sos un tren
que deja el aire agrietado.

Ese eterno horizonte de placer
sos nada… no sos.

Vos encarnás mi cotidianidad.
Estás en todo lo que toco,
en todo lo que miro.
en todo
del todo que me cubre.

Vos no lo sentís… no lo entendés
pero estás en todo…
En todo aquello que no creo.

Una Tarde Para Amar - Colaboración desde Bogotá, Colombia


UNA TARDE PARA AMAR
Andrea Carolina González

Siento cómo quema
cómo baja y se estremece
una gota de sudor
que palpita entre dos cuerpos
de recuerdos que hoy quedan
de una tarde para amar.

Ella se fue…
Solo sé que se fue
como la noche que nunca llegó,
pero en cambio me dejó
una tarde para amar.

Su recuerdo entre mis manos
desde el primero en sus labios
hasta el último en sus rincones ocultos.

Una tarde de pasión
en que sus labios me culparon
lo que mis caricias robaron
al descender por sus valles temerosos.

Llegó a mí aquella tarde
de sus miedos y pudores
que mis besos controlaron y olvidaron.
Aún es niña… para mí una mujer…
Así llego… así ella se fue…
Sólo sé que se fue
como el amor no se consumió
pero en cambio me dejó
una tarde para amar.

Ventrículos Secos - Colaboración desde Bogotá, Colombia


VENTRÍCULOS SECOS
Lina María Medina

Notó varias noches que las cavidades se hacían cada vez más amplias,
que un malestar, inherente al típico lamento de la enfermedad, embargaba la pulsión.
Esos marcapasos baratos de jugueterías antiguas a veces sirven
pero, ¿en qué momento su propia cura trastocó su misma esencia?

Fatigada por el hastío de lo monótono
de intentar crear lo que no se ha inventado
y padecer a muerte el síndrome del ventrículo izquierdo,
renunció a su única esperanza
volvió insuficiente la potencia precisa
negó que aún estaba viva.

Trágica estrategia fue pensar que todo era inmutable,
la trasgresión de algún modo parió el derecho a creer
que los muertos andaban vivos y los vivos andaban muertos,
acaso fue ella la que por no ensuciarse yació.

Ainda Que Seja Em Tempo - Colaboración desde Brasil


AINDA QUE SEJA EM TEMPO
Ivaldo Gomes

Agora, se quiséssemos verdadeiramente,
resolveríamos as questões básicas
das nossas vergonhas sociais.
Casa, comida e roupa lavada,
sempre foram bons conselheiros.
E de conselhos a fome sempre foi
uma péssima companheira de viagem.
Por favor, não a leve na bagagem.

Ainda que talvez, seja possível,
mesmo quase sem tempo algum,
você possa incentivar a harmonia
no caos dos tempos.

Onde ter consciência muitas vezes
não explica o CO2 no ar.
Na poluição do ambiente, o doente
somos todos nós.

Ainda que em tempo seja.
deseja a vontade de sonhar o
possível ao alcance da mão.
Desarmada, estendida ao dia,
da não-violência, pelo amor
ao próximo, mais próximo.

Sem soar piegas. Mas, na
maioria das vezes o próximo,
apesar de próximo, está
tão distante.

A solidariedade da espécie,
poderia ser mais fraterna e menos
meu mundo, meu eu.
Quanto mais se caminha, fica
a estrada mais comprida.
Quem sabe no próximo oásis,
verteremos a água pura da fonte
dos tempos eternos.
Enquanto dure! Disse o poeta.

Passa-se o tempo e o tempo urge
quando precisamos trabalhar
a nossa tarefa atrasada que
deixamos de fazer.

E terminou não sendo feita,
sem educação não somos nada.
Nem nossa presença pode ser
registrada sem a existência dela.
Através dela, se erguerá o
terceiro milênio.

Apesar de tudo.

Con Excesos de Dolor - Colaboración desde Canadá


CON EXCESOS DE DOLOR
Jaime Serey

¡Inspiración el poeta!
Perenne estará buscando la difusión
y el reconocimiento
para tener un bello mausoleo
donde acudirá gente con excesos de dolor
para ofrecerle un homenaje póstumo.
Ellas las musas llegaran con sus deseos
trayendo un obsequio valioso
un bello bouquet de orquídeas,
que siempre los drogará…

junio 15, 2007

Las Siete Hijas de Eva - Colaboración desde Estados Unidos


LAS SIETE HIJAS DE EVA
Carlos López Dzur


1.

__________... al fruto que me alimentó lo regresé.
__________Otro fruto y cada vez que me cortaban ramas
__________de ilusión
__________crecían más fuertes realidades: Maritza Pérez,
__________poeta puertorriqueña de la Generación del '70


Culebrita que estás en la Tierra
(y cuyo Edén, más allá de lo óntico,
se te fue de la memoria), dame tu pan cotidiano.
Acuérdate de las siete hijas de Eva.
Avísame si están vivas en los cielos.

Dona a los ribosomas, pero dame
trece proteínas porque soy el hambriento.
Fosforilizaré lo que debo al Azazel oxidativo.
Hazme de paz. Dame tus días de menstruo
y que nadie entonces me toque; haz el placer
para la espiga oblonga, pero también
anuncia el dolor respetuoso, el ser mujer,
y la forma-materia y sustancia en sí
que es misericordia, justicia inagotable
siendo la grandeza tan humilde, energía
que no se tira al trasto, por ética hermosura,
por causa de entropía.

2.

__________En mí crecieron todos los azules verdosos
__________de los ríos y cunetas, frutas dulces, agrias, raíces
__________de yerba mala, malojillo, tabaco, café y caña,
__________nidos de reinita: Maritza Pérez


Que del ADN mitocondrial
no falte esa energía en los días del Kotex
ni en los días celestes del orgasmo.
Hijo sea de los óvulos de la Tierra
(porque dependo de tu entes mundanales)
lo mismo que de las hiedras eternas,
infinitas del Yetzirá y el Ofiuco,
hijo de tus mejanas
del cimiento.

Tú, que puedes abrir, dar alimento,
las membranas resistentes, santifica
mi nombre, yergue tu voluntad
en mundo y cielo,
la valencia de tu espacio,
a veces súbito y violento
y permite que viva,
lo mismo que mis enemigos
que han preferido ser el muro,
el escollo, la rémora,
bendícelo en el folículo,
en el vector de vidas bacterianas,
en la abiogénesis.

3.

Dependo de tu prehumanidad.
Vasijas, receptáculos, cálices,
tallos que me precedieron,
entonces, permite los intrones
y reprende a los intrusos
y al gorgojo y al parásito
que arruina nuestros nombres.

Son 150,000 años de tu arrastre
antes de amar tu cuello uterino
y salir del desierto,
ausente de tu alma
como estuve.

Ahora te llamo citostoma
y me glorío de tu forma de serpiente
y en el altar de tu óvulo
me renuncio como cuerpo de pólipo y molusco
que a contragusto
admite la belleza de tus cilios
y tu boca de ostra que me aperla
y tu beso de manzana.

Ahora sí nazco a gusto
de tus cascarones y me bautizo
en los amnios.

4.

Del plano de tus secuencias aminoácidas
hice mi alfabeto. Creí al shofar, a la trompa
de Falopio, al dulce aguijón con que matas
(a mí que soy más pajarón y distraído
que tú, cuando vamos a la vida,
no por mero pervivir, por la raíz y lo básico,
del encuentro infinito, y la tarea de corregir
las diez potencias de la Dicha y el Destino).

5.

__________Obrero de las reencarnaciones,
__________oreja del espíritu, músico del alma,
__________amigo y poeta pepiniano, Héctor Soto Vera

Bajo la roca donde la Hidra se cercena,
tu cabeza inmortal, Seth, mi serpiente,
me salvaste de la fosa; el fuego de mis rivales
no me alcanza. De mí no hizo fósil, ni me recombina,
regresivamente, para que yo sea
alimaña, hiena, lagarto, me protejo
cuando tú me instruyes.

Como Loba me lactas, como médico celeste
Asvín te llamo; del caduceo te cuelgas,
como un rayo kundalinas y encantas.

Tú me gustas como mensajera de ARN
y me la elaboras como quiero.
A la enfermedad, al virus, a la basura,
recoges, atrapas, reciclas.

Lembro… De Minha Infância - Colaboración desde Portugal


LEMBRO… DE MINHA INFÂNCIA
Jorge Humberto

Lembro, de minha infância, que já era adulto
antes de ser criança. Fascinado me via,
com o que o mundo me dava a ver – indulto
da natureza que, presente, nada escondia.

Lembro ainda, se a memória não me atraiçoa,
que me sentia o defensor do mais fraco –
não cabe aqui a demérita e astuta loa,
quando vinham até mim vítimas de maltrato.

Muitas lutas travei para defender o inerme,
mas aqui a nada nem a ninguém deve,
se a escolha se fez com a própria epiderme.

Hoje sigo com as mesmas convicções,
argonauta da estratosfera, que nada teme,
porque não entra em dúbias contradições.

Memorias - Colaboración desde Argentina


MEMORIAS
Santiago Bao

¿Quién defenderá la memoria
de quienes ya no están
y cada vez más borrosos
se alejan en la distancia?
La casa de mis abuelos
habitada por otros que desconozco
aquella casa con mis tíos
discurriendo alegres en el hilo
del mediodía
de los domingos diáfanos
en que el mundo se asomaba
por un momento a los designios
invisibles de una dicha breve.
Ni siquiera ruinas
casas de la infancia
sino sobre sus cimientos
otras paredes ventanas puertas
otras gentes rostros desconocidos
para arrojar sobre la memoria
la arqueología de los derrumbes lentos,
el desamparo del polvo
y el silencio del corazón
del abismo.

La Grieta - Colaboración desde Cali, Colombia


LA GRIETA
Winston Espejo

Carlos Cabeza de Col, como le llamaban en el barrio, vivía en una modesta casa con su madre que innovaba trajes para ricos. Quería ser médico, orgullo de su progenitora enviudada años atrás, cuando él recién adquiría el uso de la razón. Con tamaño objetivo, estudiaba duro después de las jornadas matutinas en el colegio, en franca disciplina, después de almorzar y descansar por media hora. Despreciaba las salidas con amigos, los juegos de fútbol, las reuniones con las chicas. Era, en su último año de secundaria, lo que muchos suelen llamar un ratón de biblioteca, un jovenzuelo con una meta bien puesta haciendo todo lo necesario para obtener las mejores notas e iniciar una carrera que se empeñaba en llamar superior.

Pero el objetivo se nubló en aquel septiembre que se mudaron a la vecindad varias familias. Una de de las cuales, conformada por una pareja con hijas trillizas (dos alegres, la tercera silenciosa e inválida) alquiló la casa contigua a la de Carlos. Tímido por naturaleza, rechazó todas las invitaciones para que le presentaran sus nuevas vecinas. Sin embargo, a diario, a una hora en punto, durante más o menos medio mes, repitió con sigilo el acto de espiar a la discapacitada.

La descubrió una tarde por casualidad cuando la madre le reclamó por los libros desordenados y la limpieza de su cuarto. En el afán de acabar con prehistóricas telarañas, corrió la biblioteca que heredó de su padre y ¡sorpresa! En la pared olvidada, una pequeña grieta que nunca había visto. Sin tener alguna razón diferente a la curiosidad, enterró sus uñas en el pequeño mundo. Tarea ingrata, cada uña ganó grietas y se venció primero que el objetivo. Una larga puntilla encontrada en un montón de trebejos fantasmales sirvió para acabar el propósito empezado. Además del sudor, el trabajo y la paciencia del muchacho, la herramienta fue perfecta para la construcción de una circunferencia de casi un centímetro de diámetro que permitió el descubrimiento de un paisaje conformado por una de las jóvenes, una cama, un tocador, una silla de ruedas, muchos afiches y muñecas. En el preciso instante del fruto alcanzado, entendió mejor su motivación perversa.

—¡Ven a almorzar! —gritó su madre ese día, justo antes de que Cabeza de Col terminara su obra.

Después de la comida volvió a encerrarse. Repitió la actividad los siguientes días porque al otro lado encontró a la doncella desvalida en fascinantes actos que lo hipnotizaron a través de sus enormes gafas. Fascinaciones que le arrebatarían una hora de estudio diaria.

Más que el tiempo dedicado, debieron ser los gemidos, las partes nunca vistas, las manos maestras de la joven en su propio oficio, lo que hizo del adolescente una persona diferente. Más retraído, descuidado en el estudio, ensoñado, pensando sólo en ella. Y esperando veintitrés horas con ahínco, el inicio del trance auto satisfactorio.

Hasta que un día fue diferente. La angelical adolescente, bucles perfectos, ojos azules, no se desmontó de su silla de ruedas. Tampoco mencionó en voz alta los galanes de moda ni el joven más apuesto de la cuadra del que guardaba una fotografía en un libro. Pasó por alto ojear las revistas prohibidas que le enrojecían la cara. Mucho menos tomó del fondo de la gaveta del armario un delgado objeto de placer que permanecía camuflado entre la ropa.

Carlos quedó en espera del protocolo de la blusa despojada con sigilo y las caricias a un níveo pecho que le apuntaba, sin proponérselo, a sus labios inexpertos. El mundo del objeto de placer no fue más en el universo de la chiquilla.

Nada pasó, excepto que después de la espera, la rubiecita de mirada profunda y cierto aire misterioso lo invitó a su encuentro con una seña de mano derecha. Ven, le dijo sin hablar, moviendo el dedo índice hacia ella, desconociendo la pared, como si estuviera al frente del avergonzado incrédulo que no comprendía lo que estaba sucediendo y eligiera el más sutil lenguaje para invitarle a la compañía.

Una vez superada la vergüenza, el joven verificó su presentación personal para acudir a la sorpresiva cita. Jamás, en sus dieciséis años y ante un espejo, había visto que le quedaran tan mal las pecas. Entonces, en el afán de ocultarlas, ensayó con dos o tres menjunjes que usaba su madre en la cara. Un poco de gelatina de moda en el cabello que acomodó con esmero, mientras que volvió a debatirse en la indecisión que lo atrapó desde un principio de ir, o no, al encuentro de la bella espiada. Pensó en lo bueno y lo malo que podía ocurrir en la casa contigua. Lamentó la falta de experiencia, pero se ufanó a sí mismo por la suerte desmedida.

Al rato, el chico accionó el timbre de los vecinos.

—¡Hola! —le dijo ella con una pomposa sonrisa y la mirada más profunda y brillante.

—¡Ho-la! —tartamudeó Carlos, atrapado entre la timidez y la osadía, tratando de secar con torpeza las pequeñas gotas de sudor naciente en su frente desproporcionada.

—Estoy sola. Mis padres trabajan hasta tarde; mis hermanas están en clases de glamour y teatro.

Con pericia, la adolescente giró ágilmente la silla en dirección al interior de la casa, tomó con delicadeza las manos del muchacho y las puso sobre el espaldar, luego hizo un ademán para que él la empujara hasta su cuarto. Cabeza de Col imaginó en el corto trayecto, que la ayudaba a tenderse en la cama y le abría el deseo con la teoría aprendida en un libro.

Sobre una alfombra deshilachada, la pareja disertó sobre la vida y el trágico accidente de unos años atrás que la dejó sin poder caminar, tocaron el tema del afecto por los bordes y prometieron un segundo encuentro para la siguiente tarde en la que él, a petición de ella, prometió llevarle una composición sobre lo tedioso y oscuro de la existencia.

La media noche pilló al chico feliz en la ejecución de la tarea prometida. No fue fácil. Miró, por si de pronto, en su propios libros, visitó la mejor biblioteca de la ciudad, investigó con profesores, leyó los autores más tristes, los poetas suicidas, a escritores sin esperanzas y a filósofos envestidos de amargura. Al cuarto o quinto día tuvo su mejor ensayo: gran recompensa para el joven académico que no comprendió del todo el fondo de la encomienda.

Ya iniciaba noviembre cuando volvieron a verse. Él, con orgullo, exhibió la ofrenda. Seguramente con la intención más romántica había adornado el papel con bordes dorados y escarcha. Ella, después de leer, se quedó mirándolo. Silenciosos permanecieron un tiempo hasta que la púbera con voz triste musitó:

—Está hermosa Carlos, pero llévala siempre contigo. Es para que te acuerdes de mí.

Los días fortalecieron la furtiva relación de los dos. Por alguna razón, ambos preferían mantenerse al margen del resto de muchachos. Y si alguno preguntaba, ellos negaban la fortaleza de aquella amistad que parecía única en el cosmos.

Una tarde de diciembre, él, en voz baja, se atrevió a pedir lo que lo venía atormentando de tiempo atrás.

—Déjame ser tu novio, ya conozco muchas cosas de ti.

Ella se mostró complaciente, pero no le dio la respuesta. Le habló del don de la espera, pero, sobretodo, de un pacto. De cambiar los roles y dejarla ser espía por el mismo huequito donde se habían conocido. Solicitó que él se desnudara e hiciera lo que ella hacía, sólo faltaba escoger el día y el momento indicado.

—El veinticinco a mediodía —sugirió la adolescente refiriéndose al día de pascua, — todos se van a festejar.

Le entregó un frasquito para que juntos, separados por la delgada mampostería, bebieran a las doce en punto una pócima de amor. Él, feliz y entusiasmado, asintió.

En la mañana del día acordado, en su cuarto, Carlos dispuso el armatoste lleno de libros para permitir ser visto. Ante la radiante y maliciosa mirada de su madre que pensó que le iba a pedir dinero o un permiso para las fiestas que iniciaban, sacudió el polvo de libros limpios y batalló con telarañas imaginarias.

Faltaba poco para el mediodía cuando la inválida inició con él, el propuesto rito de amor, turnándose para poder ser vistos el uno por el otro por aquel huequito fantástico y agrandado, dejándose llevar por las imágenes y una estridente música que había colocado la chica.

—¡Bebe! –gritó ella. —¡Es por nosotros!

Él, tan enamorado como obediente, justo cuando una sirena en lejanía indicó las doce en punto, tomó el líquido resuelto a concluir el asunto. Al instante, de su boca trémula y deformada, salió una espuma blanca y un agónico alarido:

—¡Me siento mal!

La inválida, moviéndose en su silla de un lado a otro, con los ojos despiadados y más brillantes que nunca, replicó:

—¿Sabes? Tú no debiste mirarme, además… ¡Ya tengo novio! —señaló sobre la cama el objeto de placer.

—¡Ven a almorzar! —llamaría unos minutos después la madre, quien jamás pudo entender, después de leer un escrito suyo en papel fino y bordes dorados, a su puño y letra, el por qué de aquellos conceptos tan aburridos y lastimeros de la vida.

De Noite - Colaboración desde Brasil


DE NOITE
Ronaldo Monte

Ela era De Noite, como eram De Fátima, Da Guia, Das Dores, Dos Prazeres.
Ela era De Noite, como eram as corujas, os morcegos, os bacuraus, os pirilampos.
Só saía de noite, como a lua, as estrelas, o lobisomem e as almas penadas.
Era De Noite quem passava agora, vinda não se sabe de onde. Era De Noite que já ia longe,
não se sabe pra onde, não se sabe pra quem.
Era De Noite que ele queria. Era De Noite que não o queria, que passava por ele sem olhar,
deixando um rastro de cheiro de carne negra. Que era negra, De Noite.
Negra ficou-lhe a vista, turvada pela ânsia da noite que morava no canto mais escuro do
corpo de De Noite. Do corpo que sumia fundido com a noite.
DE NOITE, DE NOITE, gritava para as casas pesadas de sono.
De Noite, De Noite, soluçava para dentro de si, na mais completa escuridão.

Aún no - Colaboración desde Argentina


AÚN NO
Julieta Santos

La súplica sostenida,
revisa
un deseo postergado

y lo expone,
armónica y sugestivamente,
a la duda.

Con la calma de un ciempiés
veo dormir tu juicio,
cómodo,
en mi desvelo.

Mi pensamiento,
tímido,
se va a surcar lo inextricable
de tu discurso

para intentar hallar
en lo más contradictorio
de tu palabra,
lo no dicho.

Se desdibuja
el misterio,
y asoma el sentido
alarmado...
y alarmante.

Se agita mi pecho,
lloran mis letras,
rojas las sienes,
seca la boca,
negra la frente,
tenso el oído,
rígido el cuello,
quieto el instinto,

rota la punta de mi pluma,
quebrado el brillo de mis días,
destruido el porte de mi talla,
solemne y firme el grito de esta consigna,
gélidas mayúsculas amenazan mi hacer,
yace, gigantesco, el milenario coloso de piedra que me espía,
finas costuras dividen mi totalidad,
tensas ligaduras retienen mi partida...

Aún no he parido este dolor.

De Fugas a Niñas - Poesía de uno de nuestros fundadores


DE FUGAS A NIÑAS
Carlos Ayala

Por aquí ya no hay princesas
de las cuales hacer sopa
virginal.

Por aquí y aquí todas son putas
ardiendo y queriendo cabalgar.

Por aquí, algunos se hicieron
insulsos y beodos después de
viejos para evitar el pensamiento
antiprincipal.

Por aquí seguimos todos, a ver si la
gana se calma fornicando con la ansiedad.

Escribir - Colaboración desde Estados Unidos


ESCRIBIR
Nubia Krug

Escribir, escribir para sentir que estoy viva
para darle un propósito a las horas…
Para escapar del polvo de la cómoda
para espantar la agonía.

Escribir para trenzar el tiempo
para ahuyentar la inercia a punta de letras.

A través de los cristales miro…
Pasan las horas, las gaviotas raudas,
Extraviadas, vuelan. Los ruidos de ambulancias
y motores con el paisaje se entremezclan,
y las sombras de la tarde se alejan.

La luz de la pantalla sobre el escritorio
Refleja, las letras: ¡Poemas, Neruda,
Salinas, Buesa!... Leer, leer para agotar
los minutos, para eludir los pensamientos,
para solfear e hilvanar las horas.

Leer para abrazar el tiempo
para desahuciar los días a punta de letras.

Escribir, escribir para distraer la tristeza
para encontrarle sentido a las noches
para no sentirte preso, preso de la vida
preso de la inefable existencia.

Pocilga Perla - Colaboración desde Perú


POCILGA PERLA
Julio José Guillén


Encantándome mientras
huyo del hedor del basurero
ando buscando belleza
en aquello que no suena
brilla o conecta.

Caballos blancos trotan
a galope encantado,
me dictan aburrimiento femenino.
Las puertas ya no abren,
estoy que deslizo el pergamino.

Mientras el sol me arde
en la cara caliente
pienso en belleza
encantándome mientras
dejo atrás
la pus del albañal.

Volver - Colaboración desde Colombia


VOLVER
Melissa Fonseca

Quisiera escribir como antes
¿te acordás?
Era torpe mi escritura
pero llena de alegría.

Quisiera volver hoy mismo
a recorrer con vos
los caminos
_____(sin cemento)
que llevaban a la escuela.

Quisiera al menos por hoy
saborear esos momentos
cargados de asombro…
de estupidez.

Volvamos a tu casa
llena de encantos;
vamos a la mía
para maquinar sueños
amiga de casi por siempre.

Evoquemos la inocencia
la palabra ausente.
Si te acordás…
vivir no era duro
_____no tanto
amar no dolía…
_____no tanto
la lluvia no mojaba…
_____no tanto.



No tanto tiempo ha pasado
pero de aquel ayer
al incomprensible hoy
la vida, amiga mía…
la vida tanto…
tanto ha cambiado.

A Manrique Fernández Moreno - Colaboración desde Argentina


A MANRIQUE FERNÁNDEZ MORENO
Rolando Revagliatti

Era un hombre colgado de un filamento
que mentaba filos propios y ajenos
que besaba en bicicleta, en limusina, en carrindanga

Era un hombre colgado de una calamidad
(como una frutita entre pintoresca y venenosa)
que se apaciguaba espantando a entes y carteros

Tenía una novia el hombre que colgaba
tenía una novia que lo tenía a él
de quien recibía esquelas embadurnadas con degenerados incentivos
mientras mate va, whisky viene
se empedraba la pata

Era un hombre colgado de su bibliografía.

El Huésped - Colaboración desde Lima, Perú


EL HUÉSPED
Juan Benavente

Oprimió dos veces el botón del timbre y luego de una corta espera se abrió la puerta y el silencio salió brutalmente huyendo por la ventana en esa noche oscura y fría.

—¡Hola tío! ¡Cómo estás tiíto!

—Aquí hijito. ¡Muy bien!

—Pase… ¡pase no faltaba más! –llamó ágilmente. —¡Betty! ¡Ven! ¡Adivina quién está aquí! –mientras continuaba con el brazo sobre su tío, cruzándolo de hombro a hombro. Ella salió. Precisó la mirada y…

—¡Tío Florentino! –Con celeridad corrió a sus brazos y casi con lágrimas en los ojos quería demostrar su inmensa alegría.

—¡Qué tal tío! ¡qué sorpresa! –En coro ambos pidieron que se sentara. Hacía mucho tiempo se habían dejado de ver. Ya más calmados, Roberto preguntó:

—¿Qué dice la familia por allá?

—Bueno, todos sin novedad, gracias y ustedes aquí cómo están.

—Bien, muy bien tiiíto.

—¿Los niños?

—Ya están grandecitos. Ahora deben estar en su cuarto.

—Y pensar que sólo los conozco por fotos.

Por un buen rato conversaron animadamente y luego de servirse algunos sorbos de un trago para la ocasión, Betty propuso salir a celebrar el acontecimiento. Convenció a Roberto y ambos se alistaron, y cerciorándose de dejar dormidos a los pequeños, salieron entusiasmados a una cena especial. Roberto, dándosela de gran conocedor, se ubicó como un buen guía y caminó siempre tomando la delantera. Al fin y al cabo, el pariente tenía que llevarse buena impresión y seguro comentaría a su retorno. Luego de haber ingresado a un elegante restaurante, vibraron palabra a palabra, la comida, el vino y las cervezas. Otra vez, Florentino llamó al mozo y otra vez Roberto insistió.

—No tío, estas dos que vienen son mías también. Por favor no se preocupe. Usted es el invitado.

—Gracias hijo, veo que estás bien.

—Bueno tío, se hace lo que se puede. Ahora soy funcionario, tengo una tremenda responsabilidad y como es lógico, algunas gollerías. Usted sabe cómo son esas cosas.

—Ya lo creo hijo. Ya lo creo…

—Bueno, pero como lo tengo todo controlado, no hay problemas. Para eso están mis subordinados, ja, ja, ja…

Su risa provocó la misma en sus ocasionales espectadores, Betty y Florentino.

Finalmente y ante tanta insistencia, Roberto se hizo cargo de toda la cuenta. Sacó su chequera, una tarjeta de crédito. Si hubiera tenido un banco en el bolsillo, seguro también lo sacaba. Todo eso era para mostrar al tío que su sobrino no era un “don nadie” y luego de sacar fajos de billetes del bolsillo de arriba y el de abajo, entonces Betty tomó apresurada tres de ellos al notar la grotesca ridiculez, ya al borde de la necedad más absoluta. Pagó la cuenta con un sonoro “quédate con el cambio”.

—Cómo son las cosas, vine sólo a saludarlos por un momento y…

—¡No tío! Usted se va a mi casa y punto.

Abordaron un taxi, felizmente los niños no se habían despertado; sin embargo cada vez que requerían, encargaban a una vecina, quien solícita acudía.

Betty se encargó de preparar el lugar donde descansaría Florentino, éste al acostarse en medio del torbellino que causa el licor, se sintió tan feliz al tener unos excelentes sobrinos como ellos.

Al siguiente día, el ruido que ocasionaron los niños, despertó a Florentino. Betty preparaba el desayuno y Roberto se duchaba. De inmediato se incorporó y acudió al baño para asearse. Ya daban las nueve mientras esperaba su turno.

—Y tío cómo amaneció.

—Bien ¿y ustedes?

—Bien, aunque con una pesadez, menos mal que hoy es sábado.

Betty complementó el diálogo.

—En cambio a mí, aún la cabeza me hace tum-tum.

Entre conversación y conversación, luego de desayuno y cuando Florentino intentaba despedirse, ella le pidió quedarse hasta el almuerzo y que no lo dejaría sin probar su sazón. Él agradeció y aceptó la invitación, afirmando partir de inmediato por tener que cumplir diversos encargos. El tiempo apremiaba y más por el boleto del avión que señalaba su retorno al interior del país. Durante la espera se puso a escuchar música y hojear algunas revistas. Aprovechando estar solo en ese momento, se encumbró y colocando los dedos de la mano derecha en la quijada, resolvió qué decir al resto, lo buenos que eran sus sobrinos y no como algunos los creían. Él había sido testigo de tanta amabilidad y no iba a aceptar de modo alguno una versión contraria. No iba a permitir más injusticia.

—Muchas gracias… de veras el almuerzo estuvo exquisito – agregó. – Roberto, te has sacado la lotería con Betty.

—Ella se la ha sacado conmigo, que es otra cosa –interrumpió, dándole una gota de gracia al vaivén de la carcajada.

—¡Muchas gracias! Ahora sí, gracias por todo. Han sido muy amables.

Ahora ellos insistían para que se quedara más días.

—Gracias, muchísimas gracias, pero tengo que ir al hotel donde he dejado mis cosas.

Al final se comprometió a regresar para despedirse formalmente. Se dieron la mano, el abrazo. Betty depositó con ternura un beso en la surcada mejilla de su tío Florentino y luego de esa ceremonia y la persistente agitación de las manos, cerraron la puerta. Florentino emprendió su alegre y garboso caminar, cuando se dio cuenta que uno de los patines del pequeño se encontraba en el jardín, expuesto a perderse. Retrocedió, lo tomó haciendo un esfuerzo y antes de dirigirse hacia la puerta, prefirió hacerlo mejor a través de la ventana por estar más a la mano y al intentar tocar el marco, pudo notar a Betty y Roberto que acaloradamente discutían. Al acercarse más a la ventana entreabierta, escuchó con suma claridad.

—¡Ya basta carajo! Tómalo como una inversión, yo tampoco lo soporto, pero el día que nos pidan garante para el carro, ¿quién nos va a dar con seguridad, quién?

El patín quedó solitario al pie de la ventana como un mudo testigo al ver alejarse a un hombre con un dardo en el centro de su corazón, luego de ésta, su única visita.

junio 14, 2007

Simulacro I - Colaboración desde México


SIMULACRO I
Eduardo Lucio Molina y Vedia

Cota liminar de vago espanto,
la yegua insolada de mi infancia
boquea hace medio siglo
bajo golpes de agua inútil.

Desmesurada dentadura equina,
cascos castañeteando las baldosas,
desesperado brillo de llovidas crines
siguen iluminando la abismal escena.

Los belfos anhelantes,
el ajetreo y los gritos,
el afán del hombre por salvar la bestia,
primer amago de infinita nada.

Gusta por los detalles - Colaboración desde Argentina


GUSTA POR LOS DETALLES
Graciela Wencelblat

Gusta por los detalles
esas pequeñísimas señales

en el tobillo derecho
en el pezón izquierdo

en la taza de café

por el pirata oculto
en su pollera

por la destreza de sus dedos
con los candados

gusta porque tiene un árbol
su tesoro más preciado.

Enfrentamientos - Colaboración desde Argentina


ENFRENTAMIENTOS
Santiago Bao

Qué manera
de enfrentarme al destino
con un cuchillo
que no corta nada.
Sangran los otoños antiguos
en esquinas
donde se arrastran
heridas abiertas
en combates desiguales
hacia la zozobra
de seguir estando
en el camino.

Dádivas da Natureza - Colaboración desde Brasil


DÁDIVAS DA NATUREZA
Luis Carlos Mordegane

Nas terras férteis que fecundem os grãos.
Nas áreas ressequidas da terra, que caia a chuva.
Nos campos, que germinem as sementes.
Por sobre os montes, que soprem os ventos
para que brote a flor como uma dádiva.
Que as intempéries façam-na forte para florir
e com beleza, tal qual dama da noite,
desabroche, lance para a lua, no ar seu perfume...
Que seja forte, sensível e verta lágrimas tal salgueiro chorão...
Que seus galhos dêem-nos a sombra harmoniosa,
que nos agracie com seus frutos saborosos,
que nos alimente com a graça do pão...

Por mais que destruamos teus domínios,
como mãe amorosa e piedosa, conceda-nos o perdão.

Ríes - Colaboración desde Gijón, España


RÍES
Daniel Gómez

Ríes como blancas mariposas;
rocío de alas y dientes,
como caricias de arena blanca
deslizadas por el viento.

Como dientes en mármol,
forjados
en la fragua de tus besos.

Amada,
ríe tus dientes y tus labios;
pues te ríes, sí,
y te vas riendo
empapada de sangre y de plata.

Te ríes
con la luna entre tu boca.
Te ríes,
y te ríes con esa risa
de azúcar, de espuma, de niebla.

Mas no sonrías;
y no sonrías más…
No entierres a tus risas
en mi corazón,
no me remuerdas con ellas,
como una fruta prohibida…

Sin embargo,
yo he de beber de esas risas,
sí;
y habré de mezclarlas,
como la miel en el agua;
para el cálido y rojo hueco
de tu boca…

La tarde se hunde,
nada en los lagos azules,
en los hielos de tus ojos.
Tus manos ríen, y tus ojos ríen;
toda tu piel se ríe de mí,
amada.

Ya reirás;
hasta que la luna
caiga,
como una noche cerrándome los ojos.

Cerrarás dientes con labios,
risas, risas en gotas de sangre,
rocío y sudor de lápiz rojo.
Tus albas en mi cuerpo…

Laicismo - Colaboración desde Portugal


LAICISMO
Jorge Humberto

Concordo plenamente com todo o laicismo,
assim como discordo do nacional socialismo
ou do comunismo, comodista e arcaico…
sou anarquista e agnóstico não laico.

As religiões fizeram-se para estar na igreja,
não para suportar governos ou a deixa
de outras instituições — e a França rejubilou
quando o laicismo em separado conquistou.

Nem Marx nem Jesus: um porque era um
teólogo fraco, outro porque morreu de jejum.
Já Nietzsche, falava de uma raça altruísta,

Onde o forte sobrepunha-se ao mais fraco,
propaganda para o nazi mais barato —
que viva o homem consciente e separatista.

Transformación - Colaboración desde Estados Unidos


TRANSFORMACIÓN
Carlos López Dzur

«Y mensajeros hay como yo y como ella,
tu Divina materia, en irrestrictas formas,
y podemos ser gigantes como las nebulosas
o minúsculos como un grano de mostaza,
o la chispa en la sinapsis de redes neuronales...
... y puedo ser la que suba a tu cama,
presencia de carne y hueso que deja
que la asalte, que ebullicione de amor
tu instinto en la caldera,
o puedo ser la que te arranque de los huesos
y se vaya contigo a espesuras etéreas,
al ego cesativo que te llamó a los sueños».

Te-trasciendo - Colaboración desde Argentina


TE-TRASCIENDO
Julieta Santos

Niego tu fundamento
y justifico tu miedo,
tu angustia,
tu fe.

Desarmo tu rostro
y arqueo tu espalda,
tu mentón,
tu sien.

Simplifico tu relato
y digo tu historia,
tu cuento,
tu fin.

Atravieso tu éter intacto
y corrompo tu imagen
tu espacio,
tu piel.

Deconstruyo tu nombre
y blasfemo tus letras,
tu estirpe,
tu gen.

Trasciendo tu fibra cósmica
y te vuelvo de carne,
de tiempo,
de error…

_____te niego te desarmo te simplifico te atravieso te deconstruyo…
_____te trasciendo.

No Regreso Hasta El Martes - Colaboración desde Florida, Estados Unidos


NO REGRESO HASTA EL MARTES
Alex Alonso


Hola, mi nombre es Fermín, tengo 68 años y soy librero jubilado. Hoy es Miercoles y quiero comentarles algo que sucedió hace un par de dias, es decir, el Lunes.

Resulta que ese dia, como de costumbre, fui a sentarme en el mismo banco de la plaza, donde desde que me jubilé, espero a mi amigo Paco y allí, durante horas charlamos sobre lo que leimos o vimos la tarde anterior en la tele, etcétera, o sea, que no es nada especial. Cúantos amigos no habrá que hacen exactamente lo mismo, en todo el pais y quizás, hasta fuera de él.

Como les decia eso sucedió el Lunes. Recuerdo que estuve esperando en aquella banca a que apareciera Paco; pero como habia pasado más de una hora sin verle llegar, decidí llegarme por su apartamento. Él vive a pocos minutos de la plaza y además, me venia bien el ejercicio, así que fui hasta allí.

Cuando llegué, no habia nadie por los alrededores, lo que no me pareció raro, porque siendo dia de semana, los chicos de seguro estarian en la escuela y sus padres, en sus respectivas faenas. Subí hasta el apartamento. La puerta estaba cerrada y pegado a ella, habia un papel que decia en grandes letras negras: " Tuve Que Salir De La Ciudad. No Regreso Hasta El Martes. Paco".

Me volvi pensando: "Qué curioso, Paco no me comentó que pensaba salir de viaje. ¿Qué le habrá pasado?"

Terminé de descender la escalera y salí a la calle, otra vez sin coincidir con nadie en todo el camino a casa.

Ayer llovió mucho y no salí de la casa. Lo llamé por telefono y tampoco hubo respuesta.

Hoy retorné a mi banca del parque y al sentarme, me vino a la cabeza el siguiente pensamiento:

"¿Tendrá la ausencia de Paco algo que ver con el hecho que días antes hablamos sobre las desapariciones en la ciudad vecina?"

Los Ojos - Colaboración desde Corrientes, Argentina


LOS OJOS
Oscar Portela


a Carlos Vitale.

Me miras. Y desde ti me veo. Soy yo otra vez.
En el azul profundo de mar de tu mirada caben
todos los cielos. Me miras. Estoy aquí. Soy un
viento. Soy índigo. Sólo para mí mismo esta fluyendo
mi vida como un río mirado y visto.

Soy esta apuesta. Y te contemplo. ¿De lo contrario
cómo me miraría yo en tus ojos?. ¡Helas!

No tienes tiempos. Y tiene el tiempo alas. El orden es.
Y responsable soy de ese llamado al que contesto
sin misterio ninguno. Vuelvo a ser yo y espero.

Somos hijos de Adán. Somos su sombra y su retorno todo.

¿Qué me lleva hacia ti sino el deseo? Sube desde tu boca
astral un tiempo que se abre como dulce durazno
y sangra mi alma en tu nostalgia pura
de otra patria lejana.

¿Qué me dicen tus ojos, tu mirada? ¿De qué secretos sellos
demoníacos preservados por las semillas
de otras tierras me dictan estos arrobos y estas danzas?

Tu frente el mar, el mar sobre esos ojos sin olas y sereno.

Y en cuadratura exacta la barbilla de lo que fuera fauno
y es mortal ahora. Hijo de un ángel desamparado y triste.

Agrio sabor de un silbo vulnerado por la envidia de Apolo
ya vencido por Marcias. Hay fuegos y lamentos en tus ojos.

El secreto sellado en una urna egea clama por ser colmado.

Y el eco de tu llamado vibra sobre tus puros pómulos.
Oratorio donde se deposita un beso.

Todo tu rostro es un llamado en sombras.

Y yo respondo con cánticos profanos. Sólo tendrías que adelantar
la mano y el viento de ser en abundancia
derramaría todo.

Me miras y devuelves a mí constantemente. A lo que fui
y a lo que soy de nuevo.

Un mensajero solo. El servidor de un Dios ya desterrado
que espera del mortal su guarida segura.

Su aposento y su cuna. El reposo final en ésta tierra.

Ao pó - Colaboración desde Brasil


AO PÓ
Ronaldo Monte

Tu és pó e ao pó voltarás. Disse isto em frente ao espelho da penteadeira,
já com a esponja de pó de arroz pronta para passar no rosto.
Demorou-se um pouco com a mão suspensa,
resignada com o tempo que se recusava a entrar também em suspensão.

Quem disse que não se pode ver o tempo?
Ela o via ali, em sua frente, refletido no espelho oval do móvel antigo.
O tempo tinha a sua cara.
Ali estava escrito o passar das horas, dias, anos, décadas de uma vida às vezes bem vivida.

Ali também estavam os traços de outras vidas, herança confirmada pelos álbuns de fotografia.
Olhava o tempo em sua frente sem remorsos. Tentou lutar contra ele e perdeu.
Gastou fortunas com cremes milagrosos.
Desperdiçou safras de pepino em rodelas. Paralisou-se com litros de botox.
Chegou até pegar o número do cirurgião plástico. Mas não passou daí.

Olhava agora de frente para o tempo. Até gostava um pouco do que via.
Cada marca daquela era uma letra do poema que o tempo escrevera no seu rosto.
Não queria apagá-lo, voltar a ser uma folha em branco.
O que não precisava era que o poema fosse exposto nos mínimos detalhes aos transeuntes.
Um pouco de mistério nunca fez mal a ninguém.
E para isso tinha o bom e velho pó de arroz.

Éste, mi Mundo - Colaboración desde Rosario, Argentina


ÉSTE, MI MUNDO
Betty Badaui

Cómo seguir extasiada
mientras contemplo este cielo;
su variedad de paisajes
circulando
__________el tiempo
__________la natural
aventura
de aquellas aves
—y algún potrillo con su viajero—
Cómo mirar la reunión
de las almas bajo el cielo;
sus andares vacilantes
la intemperie
el escarnio
la obstinación del dolor
—flagelándoles los cuerpos—
Cómo mirar, sin herirme,
el revés de los espejos;
calor de hogar
Verdi o Piazzolla
algo de encaje sobre la mesa
computadora
café caliente
y…
casi rozando
mi piel, mi aliento
—el hombre llora—
__________llora en silencio…

Poesía y yo - Colaboración desde Argentina


POESÍA Y YO
Graciela Wencelblat

Sentadas frente a frente la poesía y yo,
para preguntarnos por nosotras
Tratamos de penetrarnos la carne de chuparnos
los huesos.

Ella lamenta la fuga de los pájaros
yo me desvisto de penumbra.
Apago el día y ella enciende la noche
entre aventuras del vértigo.

Le imploro palabras
me muestra ecuaciones
signos de misterio.
Insisto en sostenerme en el color de la música
ella me muestra mariposas muertas.
Caen todas las máscaras y nos reconocemos en las cicatrices de lo incierto.

A Fome é uma Realidade - Colaboración desde Portugal


A FOME É UMA REALIDADE
Jorge Humberto

Vejam! vejam aquela criança no chão,
ela é fruto de toda a nossa ingratidão!
Passamos por ela e nada nos padece!
A meio ao papelão, jaz fria e arrefece.

Roupas esburacadas são o sortilégio,
de quem não teve na vida o privilégio
de ser criança em toda a sua plenitude!
e anda na vida com um só queixume:

Ser como todas as outras crianças ali,
comer boa comida como lhe é devida
resgatando assim, dos confins a vida

À muito perdida… e mesmo que o fim
seja a tua pobreza, não faças alarido,
também eu andei no mundo perdido...

Como tarde de collar de perlas - Colaboración desde Perú


COMO TARDE DE COLLAR DE PERLAS
Julia del Prado

Tarde no tan tarde
en esa belleza de agua
cristalina que me mira:
Lucas, el delfín, serena
a ese hombre que medita
a orillas de bajamar.

Los sonidos le llegan
hondamente, su corazón
entra en calma.

Como tarde de collar de perlas.

Saber que no me estoy vendiendo - Colaboración desde Montevideo, Uruguay


SABER QUE NO ME ESTOY VENDIENDO
Ariel Demarco

Escribir
ahora por un tiempo,
de mares y veleros,
de pasos en la alta noche,
de grillos, de perros,
de una terrible soledad.

Y no me estoy vendiendo.
No compraran mi canto,
ni con halago, ni con moneda,
ni con otro apremio,
ni con otro premio.
Ni con otro grito,
ni otra bandera
ni la sangre derramada
en cualquier mañana…
por lo que digo.
Y digo.

Esta mañana y aquella ventana,
el sol, la hoja, el árbol,
el pájaro, el grito,
el amor herido de muerte
a las tres de la mañana,
y unos pasos que se alejan,
y el amor herido
grave, a las ocho y media
de otra mañana, y unos pasos
que se alejan.

Se van, se retiran,
vuelven, combaten,
chocan contra el dique
de lo vivido, gritan,
bostezan, caen, murmuran, abrazan
y gozan y gritan tu nombre
a cualquier hora.

Y se que no me estoy vendiendo.
Y no podrás comprar
lo que no te di.
No hay suficiente dinero.
Y un brillo en los ojos,
un paso, tu tacón inquieto
en la esquina,
y en los labios el gusto
de mi piel.

Un aroma, un tú aroma,
un sabor, una piel,
mi mano, el espacio
que busca tu rosa de los vientos
para seguir buscando.
El vientre, un viento brutal,
de la cintura,
trepa vientre arriba,
se aferra, se trepa más,
se bambolea, se toma con sus manos
de alientos y vida,
a esa línea en tu vientre marrón,
plena, mía, tallada a beso y caricia
trabajosamente mía.

Ulula, sopla, entre tu seno,
se convierte en aliento,
en mi aliento, en pezón, en marrón,
en beso, en unos pasos a las dos de la tarde
y el amor estaba herido de muerte.
Y aun así no podrías comprar
ni mi dolor, ni el próximo grito,
ni mi amor, ni el próximo dolor,
ni el canto, ni el verso, ni el beso
que yo dibujé en el aire
inmenso de tu labio.

Un labio, otro, un beso,
una lagrima partiendo tu mejilla,
un suspiro, la música alta
te busca el alma,
te busca el sexo, el pie
y la media, el mantel soñando
un domingo y un buen día, señora,
y un buen día, señor de todos los días,
y el encontrar y el encontrarme
y mis brazos en tus brazos,
un abrazo.

Y el amor moribundo
a las seis de la tarde
te nombro, hilvano
una mueca y en la asquerosa
vidriera social
una comedia gritaba
amor y odio y mentira y fe
y traición, y sexo.
Y supe de pronto
que no me estaba vendiendo.

El amor no podía morir,
ha muerto, porque no voy a morir,
he muerto y te has ido, no estás,
estás entre otros olores
y brazos y palabras y susurros,
y el canto se rebela.
Se alza en sus pies inseguros,
levanto mi mano, abrazo el aire,
rompe el silencio, el oropel,
el eco dice amor y amor el grito.
Y no estás comprando mi pecho,
ni mi voz, ni mi hoy, ni mi ojo,
ni mi lengua, ni mi dolor, ni mi placer,
ni mi historia, ni una mi alma
que nunca tuve,
ni mi próximo abrazo,
no tienes con qué.

Digamos un paso y otro,
una silueta que se esconde
en la esquina más próxima
cuando te busco.
Y la bandera de tu pelo libre
en la prisión de la mano.
Sin broche, por el aire libre.
No está en venta.
No los puedes pagar.

Te lo regalo
con este manojo de rosas
amarillas y rojas y blancas
y negras,
con aroma de mi tiempo.
Qué importa ya,
quizás sólo un tiempo.
Angustiante, perentorio,
terriblemente injusto,
completamente mío, tuyo.
Saber que no me estoy vendiendo.

Aprendi com elas - Colaboración desde Brasil


APRENDI COM ELAS
Ivaldo Gomes

Tudo de bom
nessa vida,
aprendi com elas.
as mulheres.

Aprendi o sabor de
um prato quente
de comida
com elas.

Aprendi o gosto
de gostar de alguém
com elas.

Tudo de bom
na vida aprendi
com elas.

Com os homens
aprendi a mentir,
matar, roubar,
enganar.

Foi com os homens
que descobri a dor,
o rancor, a raiva,
a dissimulação.

Com elas aprendi
sobre carinhos,
cuidados, cafunés,
beijos e abraços.

Tudo de bom que
aprendi na vida,
aprendi com elas.

Que Deus as abençoe.
que Deus as proteja.
e que elas cuidem
do mundo.

Pois o mundo será
melhor cuidado,
por elas.

 
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