junio 16, 2007

Es tan Bella - Colaboración desde Argentina


ES TAN BELLA
Oscar Portela

Es tan bella esta tarde de junio para morir. Escucha en mí las voces del cielo. El cielo azul como el mar cálido se arremansa en mis ojos y los colores son insinuaciones, apenas vislumbres de una paz que llena todos los rincones del ama.

No es bueno, no, despedirse del mundo entre ciclones, entre enardecidas colmenas y tábanos, entre oleajes de mares procelosos y una naturaleza rebelada contra el mortal in-grato. In-habitud es el mundo y no hay refugio para el alma condenada a vagar entre médanos traidores y faros-espejismos que conducen a las rocas que provocan naufragios más hondos que el diabólico soplo de una libertad “increada”. ¿Pues por qué estar siendo entonces?

No es más bello despedirse de los seres amados en una tarde clara donde los ruiseñores callan ante tanta belleza incomprendida. No, no pido la ingle de un ciervo herido para morir sobre él.

Sé de tanta belleza que se ignora a sí misma en medio del horror y del caos.

En intentado recogerla en abandonadas playas, en poema de Edna, en el viaje de Cabeza de Baca, en los niños abandonados a la intemperie de la calle, en el ceremonial de los cuerpos desnudos, sin pecados ninguno, en la Lucha de Marcias contra Apolo, en la búsqueda eterna de Perséfona, y he fracasado en todo. ¿Por qué no renunciar ahora cuando el otoño se adelanta?

¿En éste invierno de días cálidos, donde mi corazón revela sus misterios y los amigos aún están conmigo junto al fuego paterno? ¿Para qué más? ¿Para qué el absoluto?

Es tan bella esta tarde para despedirse y dormir en calmos lagos.
Estoy siendo sí, querida Edna. Pero cansado de soledad y espantos.

El silencio de los corderos aturde a veces y nubla mi visión con espejismos y con musgos ya secos como mi corazón. He desandado mi camino a solas.

Los que conmigo fueron mis tutelares hados ya se fueron aunque permanezcan en perfumes de Opio. No me despido no. Sólo pregunto por qué permanecer cuando las despedidas pueden aún ser bellas y sin dolor ninguno.

Si podéis contestarme habéis hecho lo que Bettina Von Brentano mirando el Rin desde el ventanuco de Holderlin comprendía sólo ella...

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