noviembre 28, 2006

Culpables - Colaboración desde la Patagonia


Culpables
por Aldo Novelli

El mundo está destruido
y yo he descubierto a los culpables.

Los culpables son ustedes
sí ustedes/ poetas/ o lo que es peor: lectores de poesía/
no me miren con esa expresión violenta en los ojos
ya hay demasiada violencia en el mundo/
sean comprensivos por un momento
dejen esa excelsa vanidad de artista a un lado.

Ustedes escribieron tantas palabras de amor
crearon tantos campos verdes avasallados de flores
extasiados de incontables soles/
que el mundo se tornó gris
humeante de metralla y muerte
desquiciado de poder y ambición.

¡Vamos poetas!
hagámonos cargo de la parte que nos toca/
esas incontables noches que hablamos con dios
no le avisamos nada
hasta lo distrajimos con muestras dudas existenciales/
mientras ellos
sin pausa y con esmero
construían la maquinaria infernal
que destruiría el mundo.

noviembre 27, 2006

De cómo hacer amigos


El listado de correos a los que Las Filigranas de Perder envía noticias y artículos, comenzó a crecer gracias a los reenvíos de otras listas y los correos enviados por seguidores del movimiento y miembros activos del mismo.

Debido a que a muchos no les agradó recibir por sorpresa nuestros correos, creamos nuestro grupo de Google, donde las personas pueden suscribirse por voluntad propia. Sin embargo, seguimos utilizando la vieja lista de correos.

Y aunque a algunos les molesta (con razones de sobra) que les llegue a su bandeja de entrada una serie de mensajes de proveniencia desconocida, hay un caso en particular que ilustra parte de la filosofía de nuestro movimiento y de nuestra forma de hacer amigos. Reproduzco el correo que nos envió, a propósito de la noticia del primer premio recibido por el taller "En la Inmunda", y la subsiguiente comunicación que se inició con el grupo:

*PERSONAJE DESCONOCIDO:
ME CAGO EN LA PUTA, ESTOY HASTA LOS MISMÍSIMOS COJONES DE RECIBIR CORREOS QUE NO DESEO NI ME INTERESAN. HARTO DE DENUNCIARLO A TODAS LAS AUTORIDADES NACIONALES E INTERNACIONALES, PORQUE EL HECHO DE HACER MAILINGS NO SÓLO ES ILEGAL SINO UNA AUTÉNTICA PUTADA PARA LOS QUE MANEJAMOS UN CIERTO VOLUMEN DE CORREO FUNDAMENTAL EN NUESTRO TRABAJO.

BORRADME DE VUESTRA PUTA LISTA PARA SIEMPRE, Y HACEDLO AHORA.

GRACIAS

*LAS FILIGRANAS DE PERDER
Ya mismo os borro de nuestra cochina lista de mierda, pero vuestro correo merecería ser publicado. Deberías pertenecer a nuestro grupo, cabrón. No dejes de leernos en http://escritores-rechazados.blogspot.com/

Hasta siempre.

*PERSONAJE AHORA CONOCIDO Y, PARA NOSOTROS, NUEVO AMIGO:
Gracias por la respuesta. Os leeré, sin mailings ;

Saludos

noviembre 16, 2006

¡¡"En la Inmunda" recibe Premio!!


Con premio en el concurso de cuento erótico "Karma Sensual 2" se abre lo que esperamos sea una larga lista de buenas noticias para los talleristas del Taller de Ensayo y Cuento “En la Inmunda”. El premio ha sido recibido por Néstor Pedraza con su cuento “El café no sabe igual”, un texto escrito como ejercicio dentro del taller.

La buena nueva proviene de "El Taller del Poeta", que publicará el libro “Karma Sensual 2: Historias de pueblo”, con los 16 mejores textos de este concurso.

El listado de los textos que se publicarán en esta selección, es el siguiente:

“El máximo error”, Cristina Validakis- Argentina.
“Ahora que remuevo el café”, Pedro Felix Novoa Castillo- Perú.
“El café no sabe igual”, Néstor Hernán Pedraza Hurtado- Colombia.
“Jamás te quites la venda”, Marcelo Brignole- Argentina.
“Amor a lo grande”, Susana Camilletti- Argentina.
“El papiro del deseo”, Carlos Gustavo Bellorín García-Miguel- Venezuela.
“Cristine”, Armando Aravena Arellano- Chile.
“Historias de mi pueblo”, Verónica Roxana Duffau- Argentina.
“Tiempo de juegos”, Carlos Pineda González- España
“Se movía, demonios, se movía”, Juan Ángel Laguna Edroso- España-Francia.
“El servicio”, Ana Inés Urrutia- México.
“101 días sin nieve”, Miguel Rodrigo Gonzalo- España.
“Con antiguo gusto a limón”, Graciela Diana Pucci- Argentina.
“Bajo tus dedos”, Graciela Diana Pucci- Argentina.
“La cuadra”, Juan Carlos Perez Lopez- España.
“Dame mi amor, la eternidad”, Paula Salmoiraghi- Argentina.

El Movimiento Literario Independiente "Las Filigranas de Perder", creador del Taller "En la Inmunda", celebra este triunfo e invita a todos los talleristas a continuar su trabajo literario, a no dejar de escribir teniendo siempre como prioridad el amor y el respeto por la buena escritura, y a compartir con todos los miembros del taller y del movimiento sus experiencias y sus logros.

noviembre 11, 2006

Alcira - Colaboración desde México


ALCIRA
Eduardo Lucio Molina y Vedia

Era fea pero flameaba la llamarada de su cabellera pelirroja, hirsuta, suelta o abigarrada de horquillas. Se acercó a mi mesa en la redacción, tímida, para hablar de no se qué nota, y recordé un ansia pelirroja naufragada en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras.

Vestía insólita Alcira. Medias blancas tres cuartos de colegiala y una expresión en el rostro como de asco placentero, si es posible algo semejante. Pero una confianza de aplomo íntegro envolvía su entorno y era como haberla conocido.

En la plaza San Martín, una tarde fuera del tiempo o robada al tiempo pautado de las obligaciones, sentí su piel y su aroma dulzón, insoportable en cualquier otro contexto e incorporado lentamente a mi mundo de lo femenino a lo largo de esos años cabales de amistad y amor.

Ella era triste y cordial como una auténtica argentina y recorrimos juntos, como si fuera la primera vez, los trayectos de nuestra repensada vida, eludiendo los escollos y los abismos mutuamente respetados. Nos veíamos en la redacción y en unos oscuros depósitos de libros de la editorial donde ella trabajaba por las mañanas. Había en nuestros encuentros una comunión que disolvía las circunstancias, los accidentes de nuestra existencia. El diálogo y los abrazos discurrían por los caminos de un ensueño concreto, más real que el mundo, trascendente de una sabiduría nueva pero reencontrada.

Me contaba de Rosario, de su amigo poeta y periodista, un idealizado Romeo hacia el que habían tendido incuestionablemente sus anhelos de aquellos años, de sus comienzos en la bohemia de un diario provinciano. Narró, minuciosa, el lento suicidio de un amigo alcohólico y edípico que ahora también vivía en Buenos Aires, con la misma magnanimidad con que su mujer intentaba apuntalarlo, lacerante y piadosa, hundida en la catástrofe de su amor.

Las horas eran todas buenas en aquellos tiempos y nos vieron mañanas, tardes y noches, confundidos en la vorágine de una cama, gozando nuestra inédita complicidad entre amigos, escuchando música en su pieza. Yo la veía joven e íntegra, tan mujer, tan sola en el Buenos Aires crispado y tenso de comienzos de la guerra, que ella crecía en medio de los edificios y la rutina, solemne y humilde, como un ídolo civil.

Leíamos horas un libro de Prévert que me había regalado, ella espectando mi descubrimiento de una poesía alzada y popular, también reelaborando ella su propia adhesión en el énfasis de otra lectura. Compartimos la soledad de la soltería y del matrimonio, la modesta repugnancia hacia el éxito, el cotidiano latir de dos vidas.

Mi amigo Daniel no se parecía a mí cuando se enamoró de Alcira. Como éramos compañeros del sindicato, y él se obstinaba en ser un joven discreto y reverente, me preguntó sobre ella como si me solicitara cierta aquiescencia, también discreta. Nos habíamos alejado sin darnos cuenta, ya no nos veíamos tan seguido, aunque para mí Alcira había penetrado definitivamente en el ámbito de lo que jamás me dejará. Le dije a Daniel que sí, en el lenguaje tácito de los elogios sin cálculo, salidos de las entrañas como los insultos y las lamentaciones, y después me enteré, con una tenue y vaga tristeza del alma, de mi inevitable sustitución.

La vi hermosa con él, dinámico y pragmático, un marxista positivo de los que ahogan la utopía. Pero ella había cambiado sorprendentemente a un Áfricalook pelirrojo, inesperado, y yo la elogié con imprudencia, sin que él supiera mi riguroso respeto por los límites y hasta mi agradecimiento por lo que pudiera caberle en la transformación.

Meses más tarde el cerco se hizo mortal. Huíamos como ratas acorraladas en medio de la masacre y los perdí de vista. Visitarlos hubiese sido contaminarlos con nuestro destino, asumido en la tempestad de la derrota. Después un intercambio de cartas MéxicoBuenos Aires, meramente informativo, sin el calor de lo nuestro, y varias cartas mías sin respuesta, perdidas en la incertidumbre de una mudanza, del terror represivo, tal vez de una sórdida reyerta conyugal.

noviembre 09, 2006

Tumbaga - Coraboración desde México


TUMBAGA
Eduardo Lucio Molina y Vedia

La fiesta es cada día
en la plaza de los portales.

Cruzan los jóvenes
cargando el gastado discurso de Occidente
en sus mochilas de arpillera
y la voz me dice
suave, lenta,
milagrosa:
"Escribamos algo..."

Clase de baile en el patio del museo.
Las señoras danzan su hermandad.

Por unas monedas
el pobrerío ambulante
desvive su rutina
y los turistas prueban el hartazgo.

En extraña arqueología
niños cirqueros se apilan en pirámide
sobre el fondo Azul de la marimba.

Oaxaca despliega su alegría.

Desfila la calenda
entre el corrillo celebratorio.
Su rítmica gracia displicente
bambolean los enormes muñecos cabezones
entre porras y fanfarrias de la banda.

Desde el borde de la calle
unos ojos celestes esbozan
la sonrisa del asombro
bajo una grácil cabellera áurea.
La cámara apunta
cuando el alma ha sido ya
herida para siempre.

Noche cerrada.

"¿¡Cuáles derechos!?"
clama la manta indígena
ante el Palacio Municipal.
Los avioncitos pintados
perforan la palabra genocidio,
bombardean la plaza.

Sobre el suelo se extiende
y respira acompasado
un tendal de cuerpos dormidos.

 
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