agosto 16, 2007

Hermoso reencuentro en la Universidad Nacional gracias a Lecturas Inéditas



El pasado martes 21 de agosto, nos dimos cita en la Sala de Conferencias del Auditorio León de Greiff, en la Ciudad Universitaria (UN, Bogotá), con un grupo de autores, lectores y entusiastas del arte y la literatura, para conversar sobre la obra colectiva de la Triada Luminaria y sobre la filosofía y funcionamiento del Movimiento Literario Independiente Las Filigranas de Perder.

De paso, charlamos sobre la mecánica y la programación de los Talleres de Creación Colectiva en Literatura y de cómo ha sido el proceso del desarrollo de este proyecto.

Fue muy agradable reencontrarnos con varios de los talleristas del Taller de Ensayo Cuento "En la Inmunda" que realizamos el año anterior.

Expresamos nuestro especial agradecimiento al Área de Cine y Literatura de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia por su invitación, a la franja Franja “Lecturas Inéditas”, al programa "Libros al Aire" de UN Radio que se hizo presente para invitarnos a participar, y a Unimedios que le dio divulgación al evento.

La nota peridística sobre el evento publicada por Unimedios puede leerse en http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/articulos/cultura/cultura_20070821_creacion.html

Tertulia con La Triada en la Universidad Nacional de Colombia



Gracias a la amable invitación extendida por el Área de Cine y Literatura de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia, Alex Acevedo, Carlos Ayala y Néstor Pedraza, fundadores del Movimiento Literario Independiente Las Filigranas de Perder, y miembros del colectivo de creación literaria conocido como Triada Luminaria, tendrán un acercamiento con literatos, estudiantes, miembros de la academia y público en general, en un conversatorio que forma parte de la programación de la Franja “Lecturas Inéditas”, en el que hablarán sobre sus proyectos, su Movimiento y su trabajo de creación colectiva.


La cita es el martes 21 de agosto a las 6:00 p.m., en la Sala de Conferencias del Auditorio León de Greiff, en la Ciudad Universitaria (UN, Bogotá). Los detalles de este evento han sido publicados por Unimedios en el enlace Los detalles de este evento han sido publicados por Unimedios en el enlace Conversatorios Sobre la Nueva Literatura Colombiana

Están todos cordialmente invitados. El acceso es gratuito.

Estamos en Remodelación


Nos encontramos practicándole cirugía profunda al blog de Las Filigranas de Perder. Buscamos hacerlo más agradable y de fácil consulta para todos aquellos que nos visitan.

Pedimos disculpas por las molestias que este proceso ocasiona.

Diccionario Bilingüe - Colaboración desde Chile


DICCIONARIO BILINGÜE
Pablo Cassi

Si fuera sólo encontrarse
y después seguir el viaje
nada quedaría en el confuso inventario
ni el olvido que asciende por el revés de
la caída.

Llueve en tu mirada,
las buganvilias se avecinan como un jardín
al cristal de tu ventana.

Una canción cruza El Caribe,
con la curiosidad de la noche
el silencio viene a despedirnos
con el temor que aquel día regrese.

Todo vuelve a su sitio
y por más que insista la distancia
las horas transitan por la misma orilla
por una calle que ha perdido la memoria.

Algún día volveré a fecundar tu
indecisión
con la tranquila seguridad
que esta historia me pertenece

donde el verano estuvo sentado oculto
entre tus faldas
y nadie dejó de mirarte con maliciosa
codicia
en cada calle de ese pueblo.

En la Península - Colaboración desde Argentina


EN LA PENÍNSULA
Carolina Contino

Hijos de soles coloreados como en batik
que viven en la península espectacular más alejada
en el insomnio más inmutable,
olvidados de las costumbres
y los usos
y los besos.
Más allá de su cuerpo siguen ardiendo
y por las noches la piel les sigue pesando en calores inconcebibles.
La ascensión
hacia el rostro en caravana
y después
hacia el amanecer
cuando los laberintos se abren y los pasos vuelven
desde allí caen turbulentos
en torrentes de perjurio que los lavan.

Y ellos no pueden ni tocarse.

Bonnie&Clyde 5 - Colaboración desde Chile


BONNIE&CLYDE 5
Galo Ghigliotto

cuando bonnie elige ser clyde
apunta con la mano izquierda y sus tiros nunca fallan
porque caen directo sobre corazones
que se vuelven dragones cruzando el cielo en llamas hasta atravesarlo
cuando clyde elige ser bonnie
dispara con los ojos imágenes que transforman todo cuerpo
en hologramas transfigurados
bonnie&clyde también sabe de transformaciones
y se vuelve la enigmatica coincidencia
de un animal salvaje depredándose a sí mismo

Estampa - Colaboración desde Argentina


ESTAMPA
Rolando Revagliatti

“¡no me venga con andróminas!”
enfatiza muy suelto de cuerpo
el robot ensangrentado

sufría
y yo
irreparable humano (de humanitis, humanidad)
desanduve el desconcierto
testigo
de su soberbio buen humor

Paisaje para Penélope - Colaboración desde Estados Unidos


PAISAJE PARA PENÉLOPE
Daniel Montoly

Siempre sucede, siempre,
que a la sombra
de los trenes
espera una mujer
con un perro
y una joven sonrisa
en los labios.
Pero su destino
nunca llega
y ella no termina
el abrigo
que desteje,
y quedándose
desnuda,
deja volar rollos
de madejas
en su memoria:
pájaros
sin nidos
entre sus árboles
y todos, mueren,
al dormirse
el perro.

Carta - Colaboración desde Brasil


CARTA
Ronaldo Monte

Ele passava geléia de framboesa na torrada quando o silêncio da sala deu passagem a um leve raspar de papel sob a porta de entrada do apartamento. André levantou-se com preguiça e, antes de apanhar o envelope, abriu a porta com má vontade, somente para desencargo de consciência. Óbvio que, seja lá quem tivesse posto o envelope por baixo da porta, já tinha se escafedido escada abaixo. André abaixou-se resignado e emergiu com a cara intrigada. O envelope não tinha remetente. Pelo menos remetente declarado. Metódico que era, voltou para a cadeira, sorveu um bom gole de café com leite, limpou a faca no miolo de pão e serrilhou com certo gozo o vinco superior do envelope. Tirou sem pressa o papel lá de dentro, abriu fingindo indiferença para si mesmo. Mas logo o fingimento deu lugar ao espanto na cara de André: o papel estava em branco. Virou a página. Também em branco. Branco também ficou André.

Poeta que era, André estava acostumado à angústia da folha em branco. Aquela vastidão assustadora a exigir: rabisca-me ou te devoro. Mas aquela folha recém saída do envelope não fazia exigência nenhuma. Deixava apenas um vácuo impossível de preencher. Nada que André pudesse imaginar poderia ser confirmado por aquele vazio. Um irmão mais novo a quem tivesse humilhado. Qualquer uma das muitas namoradas que tivesse abandonado. Um paranóico ciumento de algum dos raros poemas bem sucedidos. Uma mulher trágica a quem não adivinhou o amor tresloucado. O dono da padaria a quem não pagava há mais ou menos um mês.

André esqueceu o café na mesa e foi para o quarto. Deitou-se na cama com a folha em branco em frente aos olhos. E quando todas as hipóteses de remetentes foram esgotadas, continuou com os olhos fixos no papel até esquecer-se do tempo e de si mesmo.
Quando arrombaram a porta do quarto, viram o corpo pálido de André confundindo-se com a brancura da folha em branco que pendia de sua mão.

Estado de Resultados - Colaboración desde Argentina


ESTADO DE RESULTADOS
Santiago Bao

Libros en la niebla,
algunas palabras rescatadas
por otros náufragos como yo,
pérdidas varias, duras,
amigos que extravían
para siempre la tabla
del sobreviviente,
algunos descuentos obtenidos
que se amortizan
con porciones del alma,
negaciones que intentan
aliviar olvidos,
arrastre de saldos
que la realidad no concilia.
Libros en la niebla,
balances que se pierden
incautos en el desorden
creciente del cosmos.

Definición de Bestiario - Colaboración desde Bogotá


DEFINICIÓN DE BESTIARIO
Rodolfo García

Salamandra:
Encendida sin alumbrar
lego al viento esta herida,
mientras en el Sur
agonizan los pájaros.

Aeropuerto 3 - Colaboración desde Chile


AEROPUERTO 3
Galo Ghigliotto

tu vuelo salió muy tarde decías
con una voz que sabía absorber mi piel y el agua de los ojos
eso me hacía convertirme en distintos animales al mismo tiempo
pero yo sabía que la pantera que llevabas adormecida adentro
se sentía sola en medio de la noche porque tampoco sabía mirarse
y la intuición de un animal no bastaba para saberse como el carbón
sobre el cual se sostendría el sol por la mañana

tu vuelo salió muy temprano decía yo
mientras escuchaba el eco de alguien que gritaba adentro
más allá de las diez transfiguraciones de tiempo
en algún punto de la imagen calidoscópica
bautizamos como maldición el hecho
de que hubiésemos aprendido a dormir mientras el otro despertaba
separados como el águila y el lobo

como el agua encerrada de dos vasos que se miran

Súplicas Irreverentes - Colaboración desde Bolivia


SÚPLICAS IRREVERENTES
Pablo Carbone

No me digas que me vaya
con ese silencio tan tuyo,
tan disfrazado de esmeralda.

Apiádate del crepúsculo,
de esta hora solitaria
que amenaza con su fábula de sombras
las paredes de la garganta.

Odio la irrisoria tempestad
de tu piel en trance,
la maquiavélica mansión de tu boca
cuando asiste, con su cortina de humo,
al lodazal de mis dudas.

Me repugna tu vanidad
cuando recorre la tarde,
cuando avanza con ese danzar solemne
que hace relinchar las espigas;
y tiembla el corazón de la selva.

Ya todo es un infinito murmullo.

Horizontal - Colaboración desde Argentina


HORIZONTAL
Susana Cordisco

Sábanas horizontales
tacto de huérfano deseo
percibiendo el secreto
_____ y la entrega
con la alegría
_____ extraviada
en el equívoco sueño.

Hay que abolir las dudas
_____ simular
temporales historias
que esclavizan y atrapan
mientras la balanza calcula
el peso de la culpa.

Y en el perverso cielo
un paisaje de flores
oscurece las tempestades.

Torquatos - Colaboración desde Brasil


TORQUATOS
Ivaldo Gomes

Queria ser qualquer
Torquato.
Não necessariamente
o Joel.
Nem tão pouco
o Neto.
Não tanto
o João.

Era apenas
Um Torquato
num canto qualquer.

Saudades de
Torquato Neto,
que me lembra
o Joel e o João.

Todos Torquato.

E eu sem meus
sapatos, descalço.
No encalço de
Torquato.
Quanto é mesmo
que eu calço?

Un Buzón - Colaboración desde Argentina


UN BUZÓN
Rolando Revagliatti

buzón en venta
el tragaepístolas
engulle sobres
alígeros

¿lo jodido?:
las aftas

El Diario De Un Súcubo - Colaboración desde Ciudad de México


EL DIARIO DE UN SÚCUBO
Jéssica de la Portilla Montaño

Los ojos de él se encontraron con los de ella. Por un instante, el mundo se olvidó por completo de los dos. En la vida de él sólo estuvo ella y el cuerpo de ella no deseaba a nadie que no fuese él...

—¿Pero no te da miedo? —preguntaba ella.

Él se acercó para besar su boca, estaba ansioso por beberla, el sudor le escurría por la piel. Ambos disfrutaban de otra noche juntos, tal vez la última.

Él la esperaba sin una sola prenda encima, ella solía vestirse con las células que le quitaba a su amante. No era la segunda ni la tercera vez que se encontraban así. Esa habitación había sido escenario de diversas peleas en las que él se deslizaba dentro del cuerpo de ella y sentía una lengua hundiéndose en su boca como si fuera un cuchillo.

Las manos de él jalaron el cabello de ella. Un poco más arriba, escondidos entre los rizos negros, había dos cuernos rojos que combinaban perfectamente con una cola roja terminada en triángulo.

Ella tenía los poderes de Luzbel a su servicio; eligió a su víctima luego de hacerle un horóscopo: él era el indicado para saciar sus fantasías y esa gula sexual de tres siglos.

No esperaría un segundo más.

La primera ocasión lo visitó a media noche. Él no estaba dormido y se sorprendió al ver que un demonio había entrado a la oscura habitación. Ella vestía un top negro casi transparente, el ombligo se mostraba como un reto y unos jeans negros con tacones rojos completaban el cuadro. Notó la mirada del chico y se asustó al sentirse descubierta (los humanos jamás deben vernos), pero decidió que sería más sencillo seducir a un hombre despierto que a uno dormido. Caminó hacia la cama, se quitó los tacones y se sentó en las piernas del chico; él puso sus manos en la espalda de ella para ayudarla a equilibrarse y sintió unos invisibles colmillos acariciando su oreja... Estaba aterrorizado: los cuernos rojos brillaban frente a su rostro como luces de neón, la entrada al infierno de Beetlejuice. Él sentía miedo, pero sus manos no. Diez dedos resbalaron por el top negro, llegaron a la cintura y se encontraron con las apetitosas costillas del diablo. El chico abrió la boca, iba a pedir permiso, pero el súcubo ya sabía qué deseaba. Ella se puso de pie para dejar que él la mordiera, una lengua de bronce recorrió el ombligo dejando una marca de fuego alrededor. El súcubo cerró los ojos, puso ambas manos sobre la cabeza del chico y tirando del rubio cabello lo atrajo hacia ella...

—¿Pero no te da miedo? —preguntó ella de nuevo, sacando al chico de sus pensamientos. Él no recordaba lo que era el temor y había olvidado el arrepentimiento.

—Tengo que irme —el súcubo se puso de pie. El amanecer se asomaba entre las cortinas llenas de polvo.

—Quédate —suplicó él.

El súcubo caminó hacia la puerta, pero dudó un instante. Ése fue su gran error. Sabía que de cualquier manera sería castigada: desde el principio la víctima descubrió que era un demonio. Ella lo siguió visitando noche tras noche sin importarle que él no durmiera.

El súcubo se había enamorado de ese humano.

—Haré lo posible por venir esta noche.

—No te vayas —insistió él—. Te castigarán.

El demonio miró al chico directo a los ojos.

—No es por eso.

El súcubo atravesó la puerta. El chico corrió detrás de ella, pero sólo había oscuridad rodeando su habitación. El demonio femenino había desaparecido. Ni siquiera sabía su nombre. El primer rayo de sol inundó las pupilas del chico, pero la luz no lograba borrar de su memoria aquellos encuentros.

Él tomó su cuaderno. Cada tarde escribía lo sucedido por si no volvía a verla, pero ella siempre regresaba.

El súcubo aparecía en cuanto el chico cerraba ese diario maldito...

Da Mulher A Luta Fica - Colaboración deade Brasil


DA MULHER A LUTA FICA
Clóvis Campêlo

Da mulher a luta fica,
fica o exemplo e a história,
ficam momentos de glória
e tudo o que se predica.

A coragem e a beleza,
fica o instinto materno
que faz o Homem eterno
diante da Natureza.

Da mulher fica a ternura,
a eterna perseverança
que mantém a esperança
acesa na criatura.

Fica a firmeza do olhar
na clareza do seu tino,
a certeza do destino,
do caminho a caminhar.

Da mulher fica o segredo,
a face oculta da lua,
e em torno dela flutua
o homem com seu enredo.

No Te Guíes Por Lo Obvio - Colaboración desde Argentina


NO TE GUÍES POR LO OBVIO
Cristina Villanueva

Una chanchita linda y coqueta deshojaba la margarita para saber si su cerdito la amaba, contenta porque el resultado del horóscopo floral fue “te quiere mucho”, pero molesta debido al dicho popular que le hacía tan engorroso encontrar margaritas.

RaStRo ExCrEmEnToL - Claboración desde Brasil


RASTRO EXCREMENTOL
Bruno Candéas

nesse
mundinho
egoísta

não há
tempo pra
pensamento

há o cultivo
do momento:
palavras

taradas
que se prestam
a tudo

se emprestam
a todos

pelo prazer
de serem
bolinadas

grafadas
por canetas
vagabundas
que borram
o papel

escrita
grossa

peculiar
como o ar

milenar
como o mar

Agenda - Colaboración desde Argentina


AGENDA
Santiago Bao

Incluir a la noche
en las etapas del misterio;
del oro,
investigar las secretas genealogías;
encender la sangre
en un foco de rebeldía;
sentarse hacia la mañana
para comer el pan
de todos los días.
Que la lluvia me moje.
Olvidar los antiguos itinerarios;
incorporar al conocimiento
que todas las cosas son únicas.
Para los días que faltan,
zapatos nuevos.
Hay una zona de mi corazón
que inclina el amor:
invadirla con frecuencia.
No respetar el límite de las sombras.
Soñar,
como hasta

Ruta de Purificación - Colaboración desde España


RUTA DE PURIFICACIÓN
Senén Rodriguez Perini

Subió uno a uno, lentamente, los cinco mil escalones hacia el antiquísimo Templo en el lejano Tíbet, buscando la purificación de su Ser, en lo más alto de la montaña.

Esto solo, de por sí, es muestra de una inmensa constancia para alguien acostumbrado a la vida sedentaria de una oficina estatal y algo pasado de peso. Pero la fe todo lo puede. Al llegar a la cúspide jadeando y traspasar el inmenso portón milenario, sintió su cuerpo invadido por un placentero calor. Reconfortado pese al esfuerzo, y con cierto orgullo por llevar tan bien sus cincuenta y cinco años, hizo girar los extraños y pesados cilindros con inscripciones desconocidas para sus ojos, uno tras otro tres veces cada uno de los veinte, según había estudiado antes de emprender su viaje de conocimiento.

Al llegar al último se sentía tan lleno de energía, que su pecho parecía oprimido de tremenda carga positiva. Caminó extasiado hasta el altar y prendió una larga vara de sahumerio, se hincó respetuosamente frente al pequeño Buda dorado rodeado de deidades y flores de loto, juntó sus palmas elevándolas tres veces hacia el infinito y bajándolas simbólicamente hacia la madre tierra de la que somos y seremos parte, y luego se inclinó hasta tocar con la frente el piso de piedra pacientemente cuidado —como todas las riquezas simples del templo— por los monjes que viven desde tiempos inmemoriales allí.

El haber logrado cumplir todas las metas que se había propuesto mucho tiempo antes y que fueron planificadas hasta el mínimo detalle, lo hizo tan feliz que se sintió inundado de sensaciones desconocidas. Junto al calor placentero en todo el cuerpo y a esa energía divina que le oprimía el pecho, comenzaba a sentir un incipiente mareo —fácilmente superable— por el concentrado humo y olor de los cientos y cientos de sahumerios y velas prendidas en el recinto breve, una abundante transpiración empapaba su ropa generando gruesas gotas que le corrían por la frente —nada raro luego de los sacrificios realizados— y que mostraba como un blasón orgulloso, prueba de su decisión y constancia a los monjes y demás peregrinos que lo acompañaban mirándolo a él, un occidental, cada vez con más asombro ante el logro de semejante hazaña.

Un monje, con cara de alarma y señalándolo, algo le quiso trasmitir en su idioma, del que no entendió ni media palabra —cosa que lamentó, porque seguramente era algún viejísimo consejo o un arcaico mantra, pero él nada podía hacer— por lo que se limitó a agradecer tanto interés por su simple persona, bajando varias veces su cabeza. Los cantos plañideros le producían un profundo estado de desconcierto.

Dejó atrás al monje que lo seguía mirando fijo y conversaba a grandes voces con otros de sus pares que también lo miraban atentamente, y allí se sintió más cerca de su kharma, se sintió iluminado, comenzó a entender ese extraño mundo esotérico incomprensible para el humano común de este lado del mundo y el gozo se apoderó de él, emocionándolo de tal forma que se le hacía un nudo, como una garra en el cuello y una sensación de hormigueo e incluso de dolor leve, se le irradiaba al brazo, lo que le demostraba que estaba llegando al máximo de comunicación con lo celestial y casi se elevaba del mundo material.

Comenzó a retroceder por donde había llegado, siempre sin dar la espalda a la deidad, con pasos dudosos, la cabeza baja, muy mareado por la emoción de encontrarse en ese estado espiritual tan especial.

Antes de llegar a la puerta del milenario templo, hizo el infarto masivo que lo condujo al Nirvana de forma expedita.

Um Copo D'água - Colaboración desde Brasil


UM COPO D'ÁGUA
Ronaldo Monte

O corpo do homem sentado em minha frente estava seco. Seus músculos finos colavam nos ossos e eram cobertos por uma pele fosca, quase acinzentada. A alma daquele homem também estava seca.

Sua fala desfilava automaticamente uma série de registros, blocos de traços de memória, comunicados sem qualquer emoção: a casa em que sempre morou, uma velha mansão que já experimentara seus momentos de fausto, agora repartida apenas entre ele e sua mãe. Essa mãe distante, refugiada em seu quarto, que ele apenas entrevia quando passava pela porta do cômodo em penumbra. Aqui e ali uma breve menção a um pai, já morto, homem de prestígio enquanto vivo.

O resto era um amontoado de cenas curtas, flashes de suas errâncias noturnas: sessões coletivas de picos; baladas em boates gays; transas apressadas em banheiros mal-cuidados, despertar em lugares desconhecidos em companhia de estranhos, ou amargamente só e depenado.

O corpo seco do homem sentado em minha frente me dizia que havia muito pouco a fazer. Um copo d’água, pensei. E se eu lhe der um copo d’água? Mas não fiquei certo de que o copo d’água era mais importante do que a minha presença. Tinha que sair da sala para buscar água e tive medo do que ele pudesse sentir com a minha ausência. Não lhe dei água.

Teria sido a última vez. Não voltou mais à minha sala. Semanas depois, soube que tinha desistido da vida. Até hoje ainda penso que um copo d’água o salvaria.

Bergman el mago de Faró nos dijo sólo adiós - Colaboración desde Argentina


BERGMAN EL MAGO DE FARÓ NOS DIJO SÓLO ADIÓS
Oscar Portela

..."existen fuerzas espantosas que cercan al hombre"...

"El silencio"- Pág. 43: "El retorno de lo trágico: Jean Marie Doménech.
ED Península.

El era el único trágico del cine al que cita en su magna obra "El retorno de la trágedia" el sucesor de Emmanuel Mounier, Jean Marie- Doménech. En realidad, si los cuadros y la teología negativa de Dreyer o el hermetismo de Tarkosvski no alcanzan a desentrañar los límites de la condición humana, a través de más de cuatro décadas Ingmar Bergman se impuso como tarea ahondar en los hondones del alma humana como nadie lo hizo hasta el momento. Cabría hablar acaso de un “anti-humanismo de Bergman” frente al neo-humanismo de
Kurosawa.

De este modo no cabrían dudas de que es él el más importante trágico de la historia del cine: un dramaturgo del linaje de Strinberg que sólo admite comparación con Samuel Becketh por su inmersión en la finitud y la capacidad del hombre a través del lenguaje (que es acto del habla), de transformar el mundo y sobre todo, de alcanzar la trascendencia desde lo transmundano, además de la ínter-subjetividad en el silencio de un mundo que se ha convertido en un museo de fantasmas.

Ingmar Bergman supo sacar partido de la gran tradición de Stiller y Bjostrom: no le fue extraña tampoco la ácida comedia burguesa, pero como anota Julián Marías en sus dos tomos de "Visto y Oído" es "Cuando huye el día" (o Fresas Salvajes) su obra más lírica, un bellísimo y cruel “adaggietto”, en el que su antiguo maestro Sjostrom realiza a pesar suyo su última y más luminosa aparición en la pantalla, el film más adorable de su “opús”: el fracaso, la envidia, el egoísmo, la ruindad, se rinden cuentas a sí mismas en un viaje donde el costado del sueño le sirve a Bergman para recrear las imágenes más hermosas del cine con un llamamiento a la luz y la salvación final.

Ahí los cuadros de Frontisekc Vlacil sobre el medioevo no lo emularan. Sería sin dudas "El séptimo sello" la más perfecta de las ilustraciones del trágico ajedrez que juegan la eternidad y el tiempo, la vida y la muerte, el destino y la libertad, ilustrándonos como Durero el cruel viaje de la vida. "Detrás de un vidrio Oscuro" con reminiscencias de Bresson y el más cruel requisitorio acerca del creador y la fe estériles en este mundo para mostrar una salida del túnel de la soledad y el fracaso, su más negra descripción del suplicio de la condena que conlleva la culpa.

"El mago" — juego irónico acerca de la identidad, la fantasía y la realidad" — nos conduce a "El silencio" — cumbre del solipsismo y el escepticismo bergmaniano —. Al silencio de Dios le corresponden los desiertos en los que habitan los” hombres de paja” (Elliot) para los cuales la plegaria a muerto y las preguntas también aunque la alegoría se abra sobre una enorme e inquietante pregunta "pregunta": ¿para qué?

"La hora del lobo" es también una desesperada búsqueda de la identidad en un mundo de máscaras muertas. De esta inmensa filmografía que inicia otro período de la creación cinematográfica y de otra pátina, quizá sea "Gritos y susurros" — la más perfecta de sus obras: un Rembrantdt mezclado con Artaud sin que "Sonata de otoño" — bellísima patética o "Persona", "Cara a cara" — el triunfo del amor y la mistad o "Después del ensayo" — la mejor
interpretación de toda la carrera de Ingrid Thulin— sean obras que cedan en calidad ante ese fresco donde la realidad e irrealidad, crueldad y ternuras juegan la danza extática de la mayor tragedia moderna.

Su último estudio —no nombrada hoy por sus comentaristas— "En presencia del payaso", vuelve a plantear el problema de la transferencial y el final de ese Schubert que somos todos y que deja abierta una vez más la posibilidad de la salvación. Nadie más que Bergman podía hablarnos del duelo como del conyugio de amor y muerte.

Hace algunos años en sus parcas palabras con el periodismo, el mago de Faró pidió que si iba al cielo después de terminar un corto en él hubiese una pequeña pero sustanciosa cinemateca: no habló de sus filmes preferidos: aparte de su obra extraída de sus entrañas — a voces bordeó el límite de la locura—, de sus negativas a ceder ante cualquier intemperancia del otro (su relación con Lord LawrenceOlivier) y el fallido intento de poner “Hedda Gabler” en Londres, a veces de sus imperdonables circunspecciones para retratar a otros en su vejez (Greta Garbo).

Bergman no es un producto sincrético como quiso hacernos creer con facilidad Godard : “Mezclad a Girodoux con Heidegger y tendréis a Bergman". Fuera de las últimas obras de Dreyer como legado al cine, sólo Orson Welles puede comparársele sin que éste haya sido el creador de un cosmos como Bergman. Habló de Tarkovky como del más grande pero hasta el momento Ingmar Bergman está vivo. Nadie tiene por qué llorarlo, pues no existen perdidas: lo dio todo. El cine no ha perdido nada porque su herencia llena todos los vacíos de un tiempo casi estéril como el nuestro. Como sucedió con la muerte de Martin Heidegger en el terreno de la filosofía, con su huida se cierra una época en la historia del espíritu del arte.

Canción Fuera De Tono - Colaboración desde Estados Unidos


CANCIÓN FUERA DE TONO
Daniel Montoly

Llámame maricón.
Id por ahí y decid
a todos,
que me nacen alas
en el culo.
Poco me importa
cuántos soles mueren
al anochecer.
Después de todo,
soy sólo yo, y mi mundo.

—Canción de un gay católico


A Eduardo Haro Ibars y Edrá Parras

Mamá, ya soy un puto,
me gusta besar
las nubes rosas
hacerle el amor
y a las estrellas
con ganas
de hombre joven.

Mama, tu hijo
viste colores
alucinantes,
usa brassiers
con montañas dentro
y enmallados cherry
que traslucen
muchas preguntas
abofeteadas
por el tiempo.

Mamá, voy
por las calles, y
silbo relámpagos
a ojos hipócritas
con mi talismán
hecho de hipérboles
peligrosas.

Me gritan: pájaro,
mariposilla, joto, pato, y puto,
olvidan mamá, olvidan,
que soy poeta
e hijo tuyo.

Bonnie&Clyde 7 - Colaboración desde Chile


BONNIE&CLYDE 7
Galo Ghigliotto

bonnie&clyde es un trapecista compitiendo con su sombra
sin estar seguro de ser el trapecista o la sombra
siguiendo una cuerda que se extiende desde el paraíso de la celula
atravesando noches subterráneas hasta más allá
de la cubierta rocosa del universo
donde no podemos ver porque nuestros ojos

bonnie&clyde es el fantasma de un antílope que corre sobre un lago
creyendo que escapa del reflejo que cree es su alma en pena
bajo la superficie del agua y viceversa
la imagen unida por las patas del antílope gira
en el eje del lago
y es una sola continuación

Um Poema Rápido - Colaboración desde Brasil


UM POEMA RÁPIDO
Ivaldo Gomes

Rápido,
como cometa,
infinitamente procurando
por você.

Muita coincidência.
Encontrar você,
aqui e agora.
Nesse planeta.

Que bom.
Tomemos uma cerveja.
Nada de ler a Veja.
Nem tão pouco de
inveja.

Nem vem de
cereja.
Pois eu gosto mesmo
é de pureza.
Mesmo que seja
a sós.

Gosto
das coisas.
assim.
Muito rápido.
Como esse poema.
Rápido demais.

Alberto Robredo - Colaboración desde Argentina


ALBERTO ROBREDO
Oscar Portela

Embriagues, soledad, igual delirio,
no eres Moisés y en niño abandonado
siente el frío de quien crea
como un pequeño Dios
a quien sus criaturas abandonan.

Éste es el infierno: pobreza y abandono.
la certidumbre de saber que nadie
sabe que existes. Ni hermanos ni familia
ni los amigos a quien diste tu corazón
entero sangrado de los sueños.

Sueños truncados e inflamados que
se apagan ahora con alcohol y gritos
de socorro y ya nadie lo advierte.

Eres un templo abandonado. Una capilla
en ruinas donde los apagados cirios
son los iconos desta tu soledad y tus martirios.

Pide disculpas si en locura
rompiste las imágenes guardadas
dentro de un corazón en el destierro.

Y eso es todo. ¿Cómo explicarlo sino
en algún poema? Ya nada esperas
y aún esperas. Tú no sabes rezar

Y lejanos los días donde el sol esplendía
te quemas con la escarcha del invierno.
Tú eres el pasado y la memoria del pasado.
y un segundo fatal no consumado.

¿Ya lo entiendes Robredo?: Yo lloraba y reía
no importaba nada salvo la música celeste
pues que yo el que era y aquel-sombra fugas

y sigilo — me abandonó hace tiempo.
El alcohol para quien a deriva e intemperie
monta la vida sin ser jinete es la errancia
sin fin sin casa ni deseos.

Eso fue todo y espero que comprendas.
Durante largo tiempo yo te cargué
en mi alma y aún lo sigo haciendo.

Olvida pues, que nada ha sucedido
en el desierto en que mi nombre es piedra.

Acto de Desaparición - Colaboración desde España


ACTO DE DESAPARICIÓN
Senén Rodriguez Perini

El lugar ideal lo encontró junto al borde de un pequeño barranco arenoso. En la base puso un tablón grande, en un ángulo de 45 grados, colocando en el centro con perfecto balance, un palo al que ató una cuerda larga. Delicadamente fue aflojando la arena y tierra seca de la base. Demoró poco menos de una hora para dejar pronto el mecanismo que aseguraba el efecto.
Sin apuro (pero sin pausa) cavó un hueco grande, cómodo, y la tierra que sacaba la fue distribuyendo con mucho cuidado sobre el mismo tablón, procurando que no perdiese el equilibrio. Cuando llegó a la profundidad deseada, colocó en su sitio la cuerda, tomó unos tragos de agua de la cantimplora, luego la guardó en el hueco junto con la pala, se acostó adentro y jaló de la cuerda.

Tal como lo había previsto, esto desprendió el tablón que resbaló cayéndole arriba y tapó perfectamente la fosa, y sobre este cayó toda la tierra suelta y la que se desprendió del pequeño barranco al desmoronarse su saliente, tapando completamente la madera y no dejando huellas de trabajo humano.

En completa oscuridad, pero aún con aire, llevó el 38 de caño corto a su boca. De afuera no se sintió nada.

Se "desapareció" impecablemente.

Primeros Tiempos - Colaboración desde Argentina


PRIMEROS TIEMPOS
Rolando Revagliatti

primeras fechorías del ladrón de calcio
primeros fantasmas primeras ambivalencias
primeras lenguas primeras poluciones
primeros muertos
primeros proyectos primeras obras
primeros tiempos con ángela
últimos tiempos y final con ángela
últimas aproximaciones

agosto 06, 2007

Creación Colectiva de La Triada en Revista Hojas Universitarias


La revista Hojas Universitarias, de la Universidad Central (Colombia), ha publicado en su edición de abril de 2007 la ponencia "La Creación Colectiva en el Género Negro", escrita a seis manos por Carlos Ayala, Néstor Pedraza y Alex Acevedo, fundadores del Movimiento Literario Independiente Las Filigranas de Perder, y miembros del colectivo de creación literaria conocido como Triada Luminaria.

La Triada presentó esta ponencia durante el II Simposio Internacional de Literatura de la Universidad Central, en septiembre de 2006. En la sección "Actividades de Las Filigranas de Perder", del índice de este blog, se encuentra un enlace que brinda información sobre este evento.

El texto completo de la ponencia también puede leerse a través de un enlace que se encuentra en la sección "Creaciones Colectivas" del índice de este blog.

agosto 05, 2007

Viernes 13 - Colaboración desde Perú


VIERNES 13
Harol Gastelu Palomino

—¿Fumas, Agustín? —Susy te ofreció su cigarrillo después de darle una larga pitada.

Empezaba a llover en La Realidad. Jason daba largos trancos en pos de su víctima. La asustada chica avanzaba por la calle desierta volviendo el rostro a cada instante como presintiendo que algo siniestro la acechaba.

—No, tía, gracias.

No, tía, gracias; mocoso estúpido, bien que quisieras darle una pitada a mi tronchito. Cómo se te hace agua la boca.

—Por mí no te hagas rollos —dijo Susy, aspirando profundamente como para tentarte. Jason movía la cabeza como si fuera un radar. Botó el humo por boca y nariz. ¿Estaría tratando de localizar los asustados latidos de la pobre muchacha escondida detrás de unos contenedores? Las volutas se elevaron hacia el cielo raso perdiéndose en la semipenumbra. Susy insistió: toma, Agustín, es solo un cigarrito.

—No, tía. Gracias.

No, tía, gracias. Chiquillo idiota.

—Toma, prueba, no seas tonto, sobrinito. Yo no soy como la anticuada de tu madre que te anda prohibiendo todas las cosas buenas que te ofrece la vida.

De reojo viste que cruzó y descruzó las piernas. Las luces de la pantalla se reflejaban en sus blancas y lisas rodillas como en una fuente de agua.

—Aquí tienes la más amplia libertad para hacer todo lo que se te apetezca, sobrinito. Puedes echarte tus tragos si tienes sed, fumar tus tronchitos, tirarte un polvito con tus amiguitas aunque sea en tu imaginación.

Te pusiste colorado. Qué cosas eran esas que decía tía Susy. La lluvia empezó a caer con fuerza, Jason husmeaba el aire tratando de localizar a la asustada muchacha, los perros daban alaridos como si se sintieran amenazados por el psicópata enmascarado. Tu tía se alisó la faldita celeste.
—¿Es cierto que tu pobre madre te encontró autosatisfaciéndote, sobrinito?

De un certero machetazo, Jason le cortó limpiamente la cabeza a la pobre chica que ni siquiera llegó a decir esta boca es mía. La pantalla y tu rostro se tiñeron de rojo. Sentiste que te morías de vergüenza.

Agustín tenía los ojos fijos en el televisor.

—Te hice una pregunta, sobrinito—. Susy bajó el volumen al mínimo, puso el control sobre sus piernas, ahora se escuchaba la caída de la lluvia en toda su intensidad, el toc toc que producían las gruesas gotas al golpear los ventanales impelidos por el viento nocturno. “A ver, quítame el control si puedes, sobrinito”, parecía decirte. “Este chiquillo, aparte de pajerín, es mudito, ¿no?”

Querías desaparecer del mapa, querías que la tierra se abriera y te tragara. Cómo te ardía el rostro, sentías que tus orejas se derretían como la cera y Susy estaba allí, mirándote, escudriñándote.

—¿Acaso estás esperando que te torture para que me respondas, ah, sobrinito?

—Tía…

—Recuerda que hemos quedado en que no habrá secretos entre nosotros dos, Agustín, ¿o acaso no confías en mí como yo confío en ti, sobrinito, ah?

—Pero, tía…

—¿Acaso yo no te cuento hasta mis cosas más íntimas, ah? Además, no tiene nada de malo autosatisfacerse de vez en cuando, sobrinito. Aunque no me creas, muchas veces yo también lo hago.

¿Sería cierto lo que Susy decía? ¿También jugaba con el Secreto que tenía allá abajo? Mamá decía que jugar con eso era sucio, pecado, cochino, que Diosito castigaba, que te salían pelos en las manos como si fueras mono, que el único que se sentía feliz con esos juegos prohibidos era el diablo que te esperaba con los brazos abiertos para que te achicharraras en el infierno por lujurioso. Pero qué rico se sentía jugar con eso, era mucho más divertido que estar en internet chateando con los amigos o jugando fútbol. Afuera parecía que se había desatado el diluvio universal, rayos, truenos y relámpagos rompían la calma en La Realidad, los perros gemían lastimeramente como pidiendo que les abrieran las puertas del arca de Noé. En la película también llovía torrencialmente, pero Jason cruzaba los charcos y lodazales como si nada con sus botas todo terreno.

—Además, tú estás en una etapa en la cual todas tus hormonas están en plena ebullición, corriendo en fórmula uno, ¿no es así, sobrinito?

Agustín, sin quitar los ojos de la pantalla, hizo un gesto de afirmación.

—Pobre hermana mía. ¿Es cierto que casi le da un infarto?

—Exagera, tía.

Susy te miró las manos, ¿se estaría preguntando con cuál te la estuviste manipulando? ¿Con cuál mano te tocas, Agustín, con la derecha, con la izquierda? ¿O con las dos?

—Qué tonta tu mamá, en lugar de alegrarse porque su hijito ya es todo un hombrecito, ¡y qué hombrecito!, arma un escándalo por gusto. Si tú fueras hijo mío, te habría llevado al Open para que debutes de una buena vez y dejes de estar manchando las sábanas y gastándote las manos, Agustín.

—Tía…

—Si te encontraba fornicando, se moría la pobre.

—Tía…

—Caracho: tía, tía, ¿no sabes decir otra cosa, ah? Pareces un disco rayado: tía, tía. ¿En quién estabas pensando?

—¿Cuándo, tía?

—Cuando estabas jugando con tu chupetín, pues. No te hagas el sonso conmigo, sobrinito.

—No me acuerdo, tía.

—Qué malo eres, Agustín. Cualquiera dice: en ti, tía Susy, estuve pensando en ti, porque tú eres más bonita que la Maju Mantilla y la Marina Mora juntas.

—Ay, tía.

—Ay, tía –remedó Susy, cruzando y descruzando las piernas.

Jason tenía acorralada a su siguiente víctima. La torrencial lluvia seguía cayendo sobre La Realidad. Otro rayo cayó por los cerros. Los perros aullaron asustados, parecían lobos en luna llena.

—¿En quién estuviste pensando, Agustín?

—En nadie, tía.

—¿Nunca piensas en tu tiíta Susy, Agustín? —dijo ella, con la voz lastimera—. Porque tu tiíta Susy siempre piensa en ti, Agustincito.

¿Sería cierto eso? ¿Susy diría Agustín, Agustín, con esa dulce vocecita, mientras jugaba con su cucarachita, mientras le movía la patita hasta hacer que se pusiera dura, rígida, ah? ¿Susy sería capaz?

Jason empezó a blandir su machete en el aire. De pronto, Susy empezó a chillar como si el enmascarado la estuviera amenazando.

—¿Qué pasa, tía? No te asustes por gusto, es solo una película.

—¡Ay, mi pie! ¡Mi piecito!

—¿Has pisado un clavo, tía?

—¡Calambre, sonso! ¡Ay, mi piecito!

—Yo pensé que Jason te había cortado mal la cabeza.

—Ya quisieras, pajerín, para librarte de mí, ¿no? Sóbame el pie, porfa.

Sobarle el pie. Acariciarle el pie, la piel.

Te pusiste de rodillas frente a ella y tomaste entre tus manos ese pie chiquito, ¿calzaría 36? Parecía el piecito de Cenicienta. Era suavecito como la gamuza. Le sobaste el empeine, la planta, no me hagas reír que me voy a hacer pis en mi calzón, sobrinito, los deditos, el dedo gordo, el tobillo. Sentías los movimientos rítmicos, precisos, de esas ¿expertas? manos que te empezaban a llenar de calor. Qué rico era ese calorcito que empezaba a subir por tu sangre poquito a poco como por los escalones de una pirámide azteca.

—Más arribita también, sobrinito, porfa —le pediste sintiendo cómo sus manos empezaban a trepar por tus largas piernas.

Era la primera vez en tus trece años que agarrabas una pierna de mujer, antes solamente en tus fantasías, en tus sueños, en esas noches de insomnio pensando en que te iban a salir pelos en las manos como decía tu mamá y te ibas a ir al infierno a achicharrarte. Susy era velluda como la mona de Tarzán, nunca se depilaba, ¿o le salía tanto pelo por jugar mucho con su cucarachita? En las axilas también tenía un mata de pelos, a ti te gustaba mirárselos e imaginar que allá abajo, en el Territorio Prohibido, también había una selva de pelos cubriendo la entrada al Santuario.

Agustín tenía las manos suavecitas y calientes, los dedos largos y fuertes. Se sentía clarito cómo ese calorcito empezaba a entrar en tu Zona Sagrada. Era un gustito único, rico, desconocido, nuevo, maravilloso, deslumbrante. El calorcito ya estaba dentro de tus entrañas, en tu sangre, en tus fluidos, había atravesado tu piel hasta llegar a tus huesos, a tu alma. Ah, qué rico se sentía. Era mucho mejor que hacerlo solita, que imaginar que tus manos eran unas manos fuertes de hombre.

—Arribita de la rodilla también, Agustincito, por favorcito.

Enrolló su faldita y tus manos empezaron a subir temerosos, dubitativos; los que no tenían temor eran tus ojos que escudriñaban más allá del límite de la faldita tratando de descubrir lo que había entre los pliegues y la penumbra en que te tenía condenado la poca luz que emanaba de la pantalla del televisor. Allí estaría el Bosque No Explorado Aún. Si entrabas allí, era más que seguro que te perderías entre el follaje, la maraña de lianas, de troncos caídos y hojas que estarían pudriéndose formando un pantano que tragaría, devoraría, succionaría todo lo que cayese en él. ¿Allí también llovería como en La Realidad? Seguro que sí.

Susy estaba con los ojos cerrados sintiendo cómo esas manos se desplazaban por su muslo a un par de centímetros del centro de su humanidad, de su universo. Dentro de ella había una caldera hirviendo su sangre, abrasando sus entrañas, quemándole, evaporando sus fluidos.

¿Qué era ese aroma que parecía brotar de la tierra mojada? Era un aroma desconocido para ti, una mezcla dulzona, ácida, salina, como de troncos podridos por el mar, como si un inmenso pez hubiese abierto sus fauces y te arrojase su aliento en el rostro. ¿Sería cierto que Susy también pensaba en ti al tocárselo? Agustín, Agustín. Ah, si tuvieses la llave que abría esa Puerta Prohibida…

—La otra pierna también, Agustincito, porfa.

—¿También te ha dado calambre ahí, tía?

—Por si acaso nomás, sobrinito, porque más vale prevenir que lamentar, ¿no crees?

—Tienes razón, tía.

—Y tú tienes unas manos bien suavecitas, sobrinito —te acarició los cabellos.

Qué ganas de agarrarle la cabeza y hundirlo dentro de ti, en tu Pozo Infinito donde hervían tus ansias, tus ganas, tus deseos contenidos, tu curiosidad. Tu Estalactita estaba a punto de derretirse. ¿Así habría estado el Michael Douglas frente a la Sharon Stone en Bajos instintos, ah? Pero parece que la Sharon estaba sin calzón. Cómo no se te ocurrió temprano lo del calambre, lo habrías planificado con más cuidado, pero te estaba saliendo mejor de lo que habías pensado.

¿Tanto le duraba el calambre a tu tía? Las rodillas ya te dolían. Ese aroma tan raro era cada vez más fuerte, sentías que te estabas mareando, emborrachando, hundiendo en un pozo lleno de flores. Susy seguía con los ojos cerrados.

—Un poquitín más arriba, sobrinito, si no es mucho pedir.

Sus manos seguían escalando tus muslos como por una montaña escarpada. Eso es, así, así, sobrinito, ábrete paso por entre el follaje, pídele ayuda a Jason, ese tipo tiene buenos brazos y maneja bien el machete. Así, así, qué rico.

Ese raro aroma estaba en toda la habitación, si no abrían las ventanas, te ibas a ahogar. ¿Susy no lo sentiría? De repente sí, porque parecía que respiraba con dificultad, no se fuera a ahogar también, ¿abro las ventanas, tía? ¿Quieres que entre la lluvia, ah? Así, así, sobrinito. Qué rico se sentía. Tu vientre estaba en el punto más alto de ebullición, en cualquier momento iba a explotar como una bomba atómica. Las manos de Susy se posaron crispadas como garras sobre tu cabeza. Contuviste las ganas de hundir esa cabeza en tus entrañas. Aaaaah, tu vientre explotó expulsando un torrente de miel, de néctar. Las manos de Agustín debían estar pegajosas.

—Aah, listo, sobrinito, qué relajada me siento. Ahora sí estoy como nueva —le acariciaste los cabellos—. Mil gracias, Agustincito, eres un amor.

—De nada, tía.

—¿Nos vamos a dormir, sobrinito? Jason ya aburre.

Apagaron el televisor, aseguraron puertas y ventanas y se dirigieron a sus habitaciones.

—Hasta mañana, sobrinito —Susy se puso de puntillas y estampó un sonoro beso cerquita de tus labios—. Que sueñes con los angelitos, Agustincito.

—Tú también, tía, hasta mañana.

—Y no te la vayas a tocar esta noche pensando en mis patas flacas porque Jason te puede cortar la cabeza —dijo Susy, riendo, antes de cerrar su puerta.

Un buen rato después, tocaron la puerta de tu cuarto.

—¿Duermes, sobrinito? —Susy asomó la cabeza.

Agustín estaba en su cama, hizo un rápido movimiento y sacó su mano de debajo de la colcha. ¿Se lo habría estado manipulando?

—Todavía, tía.

—¿Se puede?

—Claro, tía, pasa, pasa.

Susy cruzó la habitación. Llevaba una bata rosada, transparente, debajo sólo un calzoncito cubriendo el Lugar Prohibido.

—Esta lluvia no me deja dormir —dijo, sentándose al filo de la cama. Allí estaban otra vez sus piernas, poderosas, largas, velludas—. Tengo miedo que Jason venga a buscarme.

Te reíste.

—Es solo una película, tía.

—Pero a mí me da miedo —sus senos, esas dos perfectas peras de oscuros pezones, se movían al ritmo de su respiración—. ¿Puedo echarme un ratito aquí hasta que me venga el sueño, sobrinito?

—Claro, tía, échate nomás.

Levantaste la colcha. Agustín estaba en calzoncillos, tenía un bulto debajo de la prenda. Te deslizaste a su lado.

—No estorbo, ¿no?

—Claro que no, tía, cómo crees —sentiste al lado tuyo ese cuerpo tibio lleno de curvas y sinuosidades. Era la primera vez que tenías una mujer echada a tu lado, tan cerquita de ti. El aroma dulzón y marino, tenue esta vez, entró por tus fosas nasales.

—¿Qué lees, ah? —su aliento te quemó el rostro.

—Esta enciclopedia de arte.

—A ver. ¿Se puede mirar?

—Claro que se puede, tía.

Pusiste el grueso libro sobre el vientre de Susy. Sus senos se marcaron, la punta de sus pezones parecían querer atravesar la bata. ¿Los tendría suavecitos como sus piernas? ¿Se pueden tocar, tía?

—Mira cuánto realismo hay en estas esculturas, Agustín. Hasta parece que fueran de carne y hueso.

—Los griegos fueron grandes escultores, tía.

—Eso es lo que estoy viendo. Mira cuánta perfección. Mira su ombliguito, mira su pancita; están mejores que yo, ¿no, sobrinito?

—Tú eres bonita, tía.

—Pero estoy media chorreada, ¿no crees?

—Claro que no, tía, tienes una bonita figura.

—Lo dices nomás por halagarme, Agustín. Mira, toca —agarró tu mano y la puso sobre su vientre, entre su ombligo y su pubis. Allí la piel era suavecita como la seda—. ¿Ves que tengo la panza como una bolsa de agua, ah?

—Está durita, tía —Agustín cogió un pliegue de carne—. Y firme.

—Sólo lo dices para no quedar mal conmigo, Agustín. La verdad es que estoy peor que la Alicia Machado.

—¿Quieres que te diga vieja y choclona, tía?

—Ay, sobrinito, tampoco, tampoco. Apenas tengo veinte abriles.

—Por eso, tía. Cuando tengas cien años recién te desmondongarás.

—¿Aquí también está durito? —movió tu mano y lo puso al filo de su monte de Venus.

—Claro, tía —un poquito más y le tocabas el calzoncito.

¿Por qué no avanzas un poquito más, sobrinito? No te voy a decir nada, tú continúa nomás, ¿por qué tienes miedo si no es territorio minado?

—Tú si tienes la barriga bien durita, sobrinito —pusiste una mano sobre su ombligo. Agustín también era velludo—. Bien podrías haber sido un dios griego. Baco, Apolo, o Zeus, mínimo.

—Exageras, tía.

—En serio, Agustín. Tú sí eres perfecto, y peludo —enredó su índice en tus vellos.

—Pero no soy un dios griego, tía.

—Para mí lo eres, sobrinito —te acarició la barbilla, su cálido aliento te abrasó el rostro, su voz parecía el ronroneo de una gata en celo, y ese aroma que parecía brotar del fondo de la tierra te invitaba a dormir, a cerrar los ojos, a hundirte en las profundidades del sueño.

Agustín se quedó dormido. Afuera la lluvia había cesado, por fin. Los perros ya no aullaban, estarían en su casita, juntitos, dándose calor, sin temerle a nada, ni a la penumbra, ni a ese silencio que daba miedo. Agustín estaba profundamente dormido. Despierta, Agustín, Jason ha venido a buscarnos. Lo sacudiste y nada, no despertaba, estaba seco como un tronco. No le importaba que Jason viniera por ti, por lo visto. Dormía como un angelito, ajeno a tus súplicas, a tus necesidades, a tus ganas, a tus deseos. Era lindo, tenía un perfil perfecto. Recordaste sus manos, ahora inertes, friccionando, sobando, masajeando tus piernas. Tu Estalactita estaba dura de nuevo. Agustín, vamos, despierta. Nada. Pusiste tu mano derecha sobre su pubis, la izquierda la tenías ocupada en ti. Le empezaste a acariciar el pubis, el hoyito del ombligo. ¿Y si se despertaba? ¿Qué haces, tía Susy? Nada, nada, sobrinito, vi una pulguita y la estaba buscando para matarla, no te asustes por gusto. Eres una viciosa, tía Susy. Eso no se hace, te van a salir vellos en las manos, se te van a morir las neuronas y te vas a volver loca, Diosito te va a castigar y te va a condenar al fuego eterno. Viciosa. Cochina. Sucia. No me digas eso, Agustín. Tuve curiosidad nomás. Es que nunca he visto una, nunca he tenido una en las manos, entre las piernas, tu mamá sí es una viciosa. ¿Es cierto que casi se desmaya? ¿De dónde sacaste esa revista de calatas? ¿Por qué nunca piensas en mí, ah? Yo siempre pienso en ti, Agustín. Tiíta Susy siempre piensa en ti, Agustincito. Por eso te traje aquí, para que te distraigas, para que te olvides de todas esas cochinas que salen en las revistas de calatas y solo pienses en mí, en tu tiíta Susy. Separaste tus labios mayores y empezaste a friccionar tu Estalactita mientras tu otra mano reptaba como una serpiente y se metía debajo del calzoncillo y llegaba al Objeto Anhelado. ¡Agustín, despierta! Nada, estaba bien dormido. Se lo tocaste. Primera vez que tocabas uno. Parecía un gusano gigante, todo flácido. Lo cobijaste en la palma de tu mano y lo empezaste a manipular, primero lentamente, luego con mayor rapidez hasta hacer que se pusiera dura. Era grandaza, caliente, nervuda, llena de vellos. Te echaste saliva en las manos y proseguiste tu afán, una mano debajo de ti, la otra en ese objeto que se ponía cada vez más duro y caliente. Extrañaste sus manos acariciándote las piernas, haciéndote imaginar tantas cosas. ¿En serio que nunca piensas en tu tiíta Susy, Agustincito? Cómo tu tiíta Susy siempre piensa en ti. Mira cómo te ayuda, cómo te lo acaricia, cómo te lo besa, cómo se lo mete en la boca y se traga toda tu miel, todo tu néctar.

Aeropuerto 2 - Colaboración desde Chile


AEROPUERTO 2
Galo Ghigliotto

imagino que tienes la capacidad de abducirme a diferentes películas
que me raptan sin intención alguna sin siquiera conocerme
esta dimensión que me invento se cruza a veces con la tuya
como aviones que pasan de un lado a otro formando asteriscos
mientras somos el ojo que puede ver cualquier cosa menos a sí mismo
y enfrentamos con estoicismo el dolor que produce
ser órganos que se miran
al interior de cuerpos que se alejan

Memoria Flotante - Colaboración desde Argentina


MEMORIA FLOTANTE
Cristina Villanueva

La mujer tenía una memoria muy especial vaga, vaporosa, ciertamente difusa. Cada hombre entonces era el primero. Eso los arrojaba hacia ella .Querían ser la Magdalena en la boca de sus recuerdos. Querían romper la tersura que bordea el olvido, hasta inscribir su rotundo cuerpo-nombre de varón .Querían meterse tan adentro como una verdad o una belleza. Ella, deleitada por esos intentos, les abría las puertas del alma y de la vida. A todos, menos al neurólogo, que le había dejado esas pastillas que seguro eran capaces de terminar la magia.

Memory - Colaboración desde Argentina


MEMORY
Santiago Bao

El polvo
de la memoria pura
es el terciopelo tierno
la tapicería del humo
de madreperla
la pátina de las fracciones
breves del tiempo
la ilusión del fragmento fino
conque están hechas
las inocencias que valen
las lloviznas dulces.

La Muerte Llevaba Vendas En Los Ojos - Colaboración desde São Paulo, Brasil


LA MUERTE LLEVABA VENDAS EN LOS OJOS
José Geraldo Neres

(traducido por Adolfo Ruiseñor -México-)

I

La muerte llevaba vendas en los ojos. Grandiosa voz domadora de los desiertos —mi corazón— combatía a los ángeles. Era el niño en su caballo blanco. Atravesaba los espejos; andaba descalzo sobre las tumbas de las almas perturbadas; bebía la sangre de las sombras en un cáliz tomado de la voz de un cuervo, del lecho profundo de un dios olvidado. La muerte tenía los ojos de ese dios, hacía de él su casa. Corría por las venas como humareda y cruzaba la ciudad y sus torres de sangre; vendedora de milagros.

El deber en los callejones y callejas, un ángel traza una jeringa. En aquella prisión de vidrio ellos viajan con otros dioses. Descubren el útero del tiempo. Encuentran el poeta que vive en el abismo.

II

María no consigue más evocar el rostro de su madre. Cuando alguien pregunta, da siempre la misma respuesta: ¡Mi madre es la calle!

María, doce años. Carga una muñeca, regalo de Navidad. Pero la miseria no le da tregua; el hambre tiene rostro antiguo dentro de María. La virginidad tiene su valor. El sudor de aquel hombre le corre por el cuerpo. El sol es un puñal. Rehace su rostro. Corta el alma. El lloro, el grito, y ningún ángel para escuchar. Ninguna lágrima.

¡Hoy ella almorzó!

José usa la muñeca para limpiarla. La sienta a su lado. Llora.

—¿Qué fue? ¿Por qué está llorando? Guardé un poco de comida para usted.

III

Un minuto. La encrucijada. Árbol de ramas retorcidas y frutos sueltos. A los pies pedazos de pan, un espejo, una vasija con agua, una madeja de lana, una vitrola. Una pequeña con un mazo de naipes en las manos. Ella cubre el espejo con pequeños pedazos de pan. Toma una carta y la escudilla. Mira para los dos objetos. Zambulle la carta. Comienza a moverse de un lado a otro. Gira, gira. Retira la sombra dentro de la sombra, arrastra el silencio para dentro de la vasija. Eleva las manos, las juega para lo alto. El agua cae en la madeja de lana. Cada milímetro de la madeja conduce a otro laberinto. Con un rosario de carnes la pequeña coge niños sin sombras.

IV

Está surgiendo un silencio nuevo cada día, y siempre surge ese abismo que ronda las sombras blancas del papel. El disparo de un ángel sádico quebró mis alas. —Madre; hoy no escuché su bendición; siento una risotada cortar el aire.

En el lecho profundo de un dios olvidado la muerte llevaba vendas en los ojos.

Afrodite - Colaboración desde Brasil


AFRODITE
Ivaldo Gomes

Afrodite,
minha filha.
menos...

Essa sua saia está
acabando muito cedo.
isso não se faz.
Esses rapazes vão ficar
doidos.

Afrodite,
minha filha,
acredite...

Assim tão curta,
não há como curtir
a paisagem.
Esses rapazes vão bater
com a cara no poste.

Afrodite,
minha filha,
aposte...

Mas isso pode ocorrer.
com essa sua saia,
acabando tão cedo assim.
Esses rapazes vão sofrer,
deixe de ser ruim.

1985 - Colaboración desde Ciudad de México


1985
Rodrigo Márquez Tizano

Treinta y cuatro sales minerales
en cada bocado.
El poema piensa por sí mismo, controla,
manipula las fibras,
las uñas.

El viento desordena.
__________El poema desordena,
_____cimbra el edificio.

¿Cuántos puntos richter
_____llevas en la pluma? _____34
¡Ah!

Treinta y cuatro poemas por bocado.
Treinta y cuatro poemas por temblor.

Festín - Colaboración desde México


FESTÍN
Eduardo Lucio Molina y Vedia

A la mirada de Emilia

San Luis Ocotlán era un pueblo como tantos, perdido entre áridas serranías, antes que hiciera historia su última fiesta patronal.

Nadie hubiese imaginado que su destino conmoviera a otras regiones, que su nombre se silenciaría desde entonces con recelo para protegerlo del oprobio.

El ocote que se quemaba en el sahumerio había desaparecido con los bosques, convertidos en tablones, por la nueva ruta de tierra apisonada que iba a la capital. El beneficio de café del vasco Azcona, un usurero sordomudo que prestaba dinero para agrandar sus campos por vía de los remates judiciales, era la principal actividad productiva fuera de los cultivos de subsistencia. El único y exótico vínculo con el exterior eran los programas de radio y TV, que descargaban sobre los lugareños historias y escenarios inverosímiles.

Desde que el vasco aprendió por carta el lenguaje de las manos, junto con los otros dos sordomudos de la comunidad se la pasaban hablando todo el tiempo como unos charlatanes. Todo transcurría sin sobresaltos ni amenidad entre rutina, hábitos y costumbres.

Pero la tarde de la ignominia, el pulque que corría de buche en buche los había embriagado hasta hacerles perder el sentido y tenderlos a todo su largo sobre el lodazal de orines del atrio.

Frente a ellos y otros borrachos que se recargaban en las bardas, bajo las tiras de papeles de China, los danzantes cubiertos con máscaras de ancianos y animales fabulosos repetían incansables los movimientos del ritual, aturdidos por el ajetreo bullicioso y el derrape desafinado de la banda, entre gritos, alboroto de peleas, risas superpuestas y llanto de niños.

Las cosas empezaron a cambiar cuando primero algunos, después la mayoría y más tarde casi todos, levantaron la mirada con cierta inquietud hacia el pajarraco negro, aparentemente solo, lejos de su bandada, que observaba inmóvil la vasta escena desde el campanario.

Su plumaje brillaba como un liviano espejo de tinieblas sobre la pesada campana de bronce, exhibiendo una apostura entre soberbia y amenazante.

Después de la sequía interminable del lustro anterior, los zopilotes ya no caían por las tardes sobre la tierra blanquecina y dura de los campos a limpiar de carne los esqueletos de las vacas muertas.

Ya casi no había animales en el pueblo, salvo la yunta de don Regino, que ahora deambulaba por el atrio, y la escuálida ternera que solía abrevar conducida por Emilia, una adolescente de pesadas trenzas negras, en el hilo de agua que sobrevivió a la presa.

Así que se había acabado el espectáculo de las aves de rapiña disputándose los jirones flacos de las reses, desgarrándolas minuciosas y voraces contra la puesta de sol.

Sólo restaba la fiesta patronal para perderse en el pulque entre el sonido confuso de la banda, la salmodia de las alabanzas, el monótono baile de los danzantes y la indiferencia del santo de palo, cuyos ojos absortos parecían sorprendidos por la desgracia general.

Esa desgracia sin cuento que los perseguía a todos de mil formas. Porque después de la sequía vino el ejército sembrando muerte y escarmiento entre los jóvenes, la presa que desvió las aguas y la peste de los niños panzones, que se llevó a decenas hasta que mandaron las enfermeras y los camiones con suero y maíz.

De modo que cuando al primer zopilote se le fueron agregando un segundo, y otro, y otros más, clavándose exultantes hasta cubrir de negro los techos y la cúpula del templo, la inquietud se hizo pavor.

Tal vez llegaban atraídos por los aromas de fritura que despedían los puestos de comida, pensaron al principio algunos, mientras se alejaban cada vez más presurosos de la iglesia entre restos de alimentos, máscaras grotescas y el barro meado por los varones.

Cuando el viento se fue deteniendo poco a poco hasta extinguirse cesaron también, como bajo un conjuro, el griterío de los vendedores, la danza, la música y los rezos.

Inmovilidad y silencio fueron otra vez el horror en ese instante previo al desprenderse brusco de los zopilotes y su descenso convergente sobre la decena de cuerpos ebrios y dormidos, que libraron su lucha desigual contra los ávidos picos.

Los demás huyeron despavoridos dejando allí abandonados a sus borrachos bajo la hambruna de las aves rapaces, como si no los unieran a ellos historias comunes, lazos de vecindad y parentesco, o la simple piedad por los semejantes que predican los sacerdotes en los templos.
Regino alcanzó a levantarse a duras penas y escapó tras su yunta antes de perderla. Llegó al paradero de los autobuses con toda la ropa desgarrada, a tiempo para sumarse al éxodo con el cura y el monaguillo en la camioneta municipal.

Cuando al día siguiente el pueblo amaneció bajo el maleficio de la ausencia, aparecieron la Cruz Roja y la policía para llevarse los despojos, junto al grupo anhelante de periodistas y camarógrafos. Uno de la televisión que repartía billetes entre los policías, puso en medio de la escena de los esqueletos al santo de madera. “Para darle realismo”, dijo.

El cielo estaba despejado y la brisa volvía a revolver la polvareda y a balancear las cuerdas con los papeles recortados de pálidos colores.

En la calle central de tierra quedó el carro de una de las víctimas, el frutero de nombre Pulido, con una leyenda pintada en la defensa trasera que decía: "No me compares".

Eran las cinco en punto de la tarde cuando Emilia, como todos los días sin lluvia, cruzó espectral por el pueblo con su magra vaquilla y su mirada oscura y filosa hasta el arroyuelo que llegaba del cerro.

Se habían ido los zopilotes, el cura, los policías, las cámaras de televisión y la Cruz Roja.

Quedaban los muertos en el camposanto, las piedras del crucero mágico embrujadas por el mito de los ancestros y las casas vacías, como detenidas en el tiempo.

Para El Que Ríe - Colaboración desde Argentina


PARA EL QUE RÍE
Carolina Contino

Para el que ríe, véanlo,
el más tibio asilo de la burla
el hombre más hombre gracioso del mundo
y parado en su hueso,
controlando las roncas aguas de los mares,
_____allá en lo alto…
todo lo lleva
todo lo trae,
desde inmemorias,
todo lo arrastra
pobre y urgente hermano de alejandra
todo lo sufres
tardíamente
Veánlo…
si dice si mira si escoge si calla
o se arroja al abismo por dos moneditas
y un aplauso senil.

Incertidumbre - Colaboración desde Argentina


INCERTIDUMBRE
Marga Seoane

¿Queremos el poder que nos humilla?
La gente que dice si, pero piensa NO.
Personajes que actúan inmoralmente
pero dan discursos de moral
El mundo está cerrado al ser humano
tal vez porque adoran lo que les hace daño.
también ¿queremos lo que nos ahoga...?
A veces siento culpas y condenas que terminarán solamente cuando decida con certeza en qué empezar a soñar... nuevamente.

Fonte - Colaboración desde Brasil


FONTE
Ronaldo Monte

Teus sonhos não são enigmas.
Olha-os com calma:
Eles são a fonte dos enigmas.
Tua fonte.

Não busques, portanto,
o sentido dos teus sonhos.

Dorme, apenas.

E deixa que desfilem
teu mistério
no chão do sono.

Aeropuerto 3 - Colaboración desde Chile


AEROPUERTO 3
Galo Ghigliotto

tu vuelo salió muy tarde decías
con una voz que sabía absorber mi piel y el agua de los ojos
eso me hacía convertirme en distintos animales al mismo tiempo
pero yo sabía que la pantera que llevabas adormecida adentro
se sentía sola en medio de la noche porque tampoco sabía mirarse
y la intuición de un animal no bastaba para saberse como el carbón
sobre el cual se sostendría el sol por la mañana

tu vuelo salió muy temprano decía yo
mientras escuchaba el eco de alguien que gritaba adentro
más allá de las diez transfiguraciones de tiempo
en algún punto de la imagen calidoscópica
bautizamos como maldición el hecho
de que hubiésemos aprendido a dormir mientras el otro despertaba
separados como el águila y el lobo
como el agua encerrada de dos vasos que se miran

Ciudad Bajo la Niebla - Colaboración desde Colombia


CIUDAD BAJO LA NIEBLA
Edgar Cortés Mendieta

Otra ciudad en penumbras espera tu guiño, a otras lunas abierta, con sus alas extendidas sobre la sabana, hincada en la tierra picoteando sus entrañas ardientes. Como oros has buscado el sentido, que nada escape a tu hacha, a tu cuerda. Esta ciudad escondida todo lo recicla, todo en ella retorna con otros colores, con otros lenguajes, camuflado el verso entre las basuras y los extravagantes titulares. Solo basta un movimiento de tu mano o una sonrisa o una palabra extraviada que se adhiera al muslo y acumule la gracia. Sólo basta el temblor del rocío en tu retina que recorre los lugares de la calle, acaricia el metal, sufre la aspereza del asfalto y huye de los motores. Una mano invisible trazó los umbrales en los muros grafiteados, ahí está la entrada, solo tienes que oír las corrientes subterráneas, hay quienes hacen cuevas bajo la calle buscando el agua, las piedras preciosas y las tallas engastadas por nativos en el tiempo perdido. El fondo de la copa conserva la cifra. Hay quienes no esperan el amanecer y aún en penumbra atraviesan toda la ciudad buscando la entrada, trasiegan en buses y en camiones, conversan sobre regiones devastadas, han habitado cielos vengativos y festines de cerdo y machetes iracundos. Quisieras tu nombre escrito en la piedra, en aguas que regresan al río oscuro, en los palacios sellados, en las mesas servidas que quedaron abandonadas por la huida. Cada mano que tiendes al cielo, cada mirada que pones en el hombro y en la cadera del público, contiene el grito, lanza el fruto que estallará en vendimias. Hemos llegado a la ciudad por generaciones a instalar carpas en los portales, hemos llegado a poner las piedras coloridas en los espacios ocupados por los emblemas reales, hemos sembrado huertos para alimentar animales domésticos y sueños imposibles. Hemos elevado plegarias con promesas de amor eterno, pero el amor es viajero y carga pocas cosas de valor, solo deja recuerdos, pistas, cuerdas para morir o para buscar la salida. La ciudad permanece oculta bajo la niebla para quien quiera verla.

Sueño - Colaboración desde Argentina


SUEÑO
Isabel Celia Domínguez

Con el fuego ardiente
de una pasión total,
viví una entrega
de sangre y alma
junto a ti, vida mía.

Te abracé mil veces
y mis labios ansiosos
recorrieron tu cuerpo,
libando el sentimiento
con tesón, con urgencia,
sin medir nada;
sólo tu presencia.

Tus cabellos suaves
fueron mi juguete,
tus ojos cansinos y dulces,
fueron mi mar de paz
y tu boca fue la miel;
la más dulce y sabrosa
que mi piel conoció.

¡Qué locura carnal la vivida!
Pero también mi alma
gozó esta dicha
y se entregó feliz a la tuya,
para viajar cual ángeles,
por el firmamento
que el amor regala
y entre fuego y cielo
y entre palabra y beso.

Sonó una campanilla;
no era la del cielo,
era la del reloj
que rompía mi sueño.

Así - Colaboración desde Argentina


ASÍ
Oscar Portela

a Milagro Haack

Así titiláis vosotros bajo un límpido
cielo y sois estío, agua y deseo
como estrellas de galaxias lejanas
hermosos como la mar desnudos
como hijos de Adán sin pecado ninguno
y deste modo deberíais andar
por las calles y campos sin temblores
ni asilos, mostrándoos al mundo
para que éste se goce en el deseo
de vuestros cuerpos Adonais de todas
las épocas y edades: Os miro ya
desde lejos y a mi memoria acuden
las horas en que mis manos acariciaron
vuestros cuerpos, sudorosos espasmos,
bellos, bellos como un rubí
en la frente en un Dios y un río de
cristalinas aguas y yo también temblaba
y oraba frente a vosotros pequeños
dioses parados frente a mí,
y yo abrazado a vuestros cuerpos
perfectos como la primavera
hoy y siempre: bebe el deseo de
vuestras briosas fuentes
y los miembros de vuestros cuerpos
donde se gozan labios y manos
y el alma toda se enciende de deseos
para ya no apagarse
lejanos éxtasis ahora pero aquí
junto a mí reverdecidos
en mi memoria crecéis como el álamo
airoso en el aire más puro
aquel que da la vida y el instante
del goce eterno
que vuelve eternamente sobre sí.

Atentando José Carlos Capinan - Colaboración desde Brasil


ATENTANDO JOSÉ CARLOS CAPINAN
Jomard Muniz de Britto

Era um rapaz quase desesperado
que admirou a dramaturgia do bumba-meu-boi
talvez antes de amar as dissonâncias dos Beatles e Rolling Stones em plena Jovem Guarda.
Culturas populares e massivas linguagens
na mais refinada canção por Clarice.
Prisma luminoso do mais fiel Paulinho da Viola.
Cumplicidades sempre recomeçando com
o inquietante herdeiro de João Gilberto:
Geraldinho Azevedo. Brasiliricamente.
Parcerias prismáticas aquém e além das
tropicálias em movimento dos barcos.
Entre bumbas e Beatles, o ícone da beleza
guerreira latino-amareicana: Che Guevara.
Soy loco por ti, desesperadamente.
Esses rapazes tão militantes e lúdicos
porque lúcidos na esperança de outras
transformações na antropologia do cruel
cotidiano quartomundista.
Capinan: poeta do inteiro ambiente:
deflagrando desesperos em ciclos de navegação,
bahias e gentes, personas e cancioneiros.
Capinan, um cosmolírico.

Y Si Les Digo - Colaboración desde Argentina


Y SI LES DIGO
Aldo Novelli


Y si les digo FELIZ DÍA!, y el comercio, y la boludez, y la amistad, y esa cosa inefable, y el escudo misilístico y Putin y Busch, y la mierda, y las horas como piedras, y la piedras que no arrojamos a tiempo, y los poetas, y la vanidad, y la mentira, y la felicidad, y la busqueda, y el inerminable camino, y el amor, y el sexo y las calenturas, y esa puta poesía que siempre escapa....

Sólo eso.

Encuentros - Colaboración desde Argentina


ENCUENTROS
Santiago Bao

“¿Y tu destino? Te sonrió una sola vez,
y tú no estabas allí…”
Vladimir Holan


Es un viento inesperado que nos sopla en la nuca y recupera sombras, el niño torcido de la memoria, el puñal que clava en la noche el sudario del pasado oculto; una señal, patear piedras en la soledad imposible; una colina de yerba usada; caminos; pájaros, ramas, seres que regresan desde el sueño, perfiles, una clara melodía que luego se olvida.

Separado del fondo, en el medio de las aguas, permanece el torbellino, luces tenues o la miseria de los cielorrasos.

Colgados de las risas, algunos harapos que al final nos cubren.

Desde abajo comienzan a doler los pasos. Al doblar las esquinas tratar de esquivar las estocadas del otro que no fuimos.

Nunca estar preparados.

Vistam Saias, Meninas: É Agosto - Colaboración desde Brasil


VISTAM SAIAS, MENINAS: É AGOSTO
Ronaldo Monte


Há um certo prazer em falar mal de agosto. Dizem que é o mês das bruxas, onde cai o dia das sogras, foi quando morreu Getúlio e costumam ocorrer desgraças políticas. Pouca gente fala bem de agosto.

Quase ninguém se lembra que é o mês do mais belo luar do ano, promovendo encontros e reconciliações entre os já românticos e convertendo ao romantismo alguns indecisos pós-modernos. Em mim, particularmente, o luar de agosto produz um estado intermediário entre uma lânguida melancolia e uma vontade enorme de uivar.

É certo que em alguns anos agosto lembra um velho sombrio, com suas nuvens cinzentas, suas chuvas fora de hora, invadindo maleducadamente com seus miasmas setembro a dentro. Mas num ano como este, agosto merece ser tratado com toda a consideração. Já na primeira semana faz um sol quase de verão, esquentando um pouco a água do mar, levando à praia uma boa safra de mulheres e, vá lá, alguns homens dignos de nota. Só temos que aturar o vento forte, o bom vento de agosto que, se algumas vezes aborrece ao derrubar varais, espalhar jornais ou varrer areais, nos compensa com um dos mais belos espetáculos ao ar livre: a dança das saias.

E não me venham dizer que isto é coisa que só interessa aos homens. Alguma coisa me diz que as mulheres esperam ansiosas por agosto, preparam-se em academias e clínicas de beleza para o encontro com este mês abertamente masculino. E tenho certeza que uma pesquisa de mercado revelaria um forte incremento no comércio de saias ou cortes de tecidos para elas, cremes e óleos para pernas, além de peças íntimas de langerri a serem desvendadas num momento de estudada distração.

Os homens esperam por agosto como a um velho camarada. Um amigo maroto que faz por nós o que mais gostaríamos de fazer em plena rua: levantar as saias das mulheres.E reparem bem no rosto de uma mulher a quem o vento de agosto vai levantar a saia. Há, de início, uma certa expectativa, quase uma ansiedade, um temor de que não sopre vento nenhum e tenha sido em vão todo o preparo, todo o cálculo de chegar naquela esquina no momento em que um homem, ou um grupo de homens, passa atento pela calçada contrária. Logo, sopra o vento. Primeiro, de leve, deslocando os cabelos e fazendo a vítima fechar os olhos numa mescla de vago aborrecimento e satisfação. Quase um agradecimento.Ato contínuo, vem o farfalhar da saia. Aí é necessário que a dona da saia tenha alguma coisa em uma das mãos. Pode ser um sortimento de livros e cadernos, algum pacote não muito volumoso, até sacola de supermercado serve em certos casos. O importante é que apenas uma das mãos fique livre para segurar a saia em um dos lados, deixando o outro ao sabor do vento de agosto e dos olhos dos seus gratos amigos do outro lado da rua. O movimento, brusco mas não tanto, de segurar um dos lados da saia leva a um certo desequilíbrio que faz com que o volume sustentado pela outra mão ameace cair. Nisso, a mão que segurava a saia vai em ajuda à sua irmã, deixando agora todo o campo livre para o trabalho do vento e dos olhos.

Há variações do rito, é certo. A melhor delas é quando agosto apanha com seu vento um bando de mulheres no meio de uma ponte ou numa rua larga, de preferência ladeirosa, em que estejamos todos subindo. Mulheres na frente, como manda a boa educação, homens regulando o passo até alcançar a melhor distância para um visão de conjunto e, finalmente, ele, o ruidoso, o assobiador, o vigoroso e salutar vento de agosto, causando desordem e euforia, quebrando a monotonia das tardes friorentas. Estamos no começo de agosto. Já é tempo, meninas, vistam saias. E deixem brincar com elas o vento de agosto, para o alimento de vossas vaidades e o bem dos nossos olhos. Antes que todos, olhos e vaidades, sejam desviados pelo despudoramento de setembro, escancarando corpos e tornando vulgar o jogo sedutor que agosto sabe tão bem jogar.

Especialización - Colaboración desde Argentina


ESPECIALIZACIÓN
Cristina Villanueva

Cuando cursaba la especialización en Psiquiatría, no quiso anotarse en la materia semestral suicidología, tenía miedo a aprobar los trabajos prácticos.

Saudade Anticipada - Colaboración desde Brasil


SAUDADE ANTICIPADA
Ivaldo Gomes

Quando os olhos procuram o dia,
a noite já vai longe...
Fica o orvalho dos teus olhos,
na doce saudade da minha boca.

O teu corpo escorre da cama.
Meu peito treme de frio.
Minha paixão por um fio,
vendo você ir embora.

Aeropuerto 7 - Colaboración desde Chile


AEROPUERTO 7
Galo Ghigliotto

las azafatas siempre estaban en turbulencia
y los pilotos lucían sus gorras oficiales para distraernos
ellos eran todos del mismo bando de una misma empresa
que lucraba de modo extraño de nuestras uñas bien firmes
sobre la tela de los asientos
a la espera de la bolsa que caería para que bebiéramos de ella
todo nuestro desprecio

La Piel - Colaboración desde Argentina


LA PIEL
Oscar Portela

A Marily Morales Segovia

No Johann. No es “gris el árbol de la ciencia
y verde el árbol del conociendo”: aquello que se da
y florece conoce de la muerte la osadía de ser
un breve instante y en el amor bebe del cáliz de
la muerte como yo renazco del ocaso en la piel
usurpada del amante.

Quien conoce es el cuerpo.

Gramática del cuerpo del deseo y la magia de
poros abriéndose a la luz, al agua y a los rayos
que golpean las puertas de ser monadas
sólo concientes de saberse ostras: es el viento
que nos lleva hacia el otro.

Los extraños camino y los acaecimientos
del azar quienes nos abren
a nosotros desnudos en el otro:

Oh fiestas del “candor”.

¡Oh turbulentas siestas del verano!

¡Oh Deseos y goces, zureos de palomos en
vacíos alfeizares y la luz, la luz que tú pedías
en el cuerpo y las piernas del amado!

En el beso se enciende la amapola y
del conocimiento todo arde la vida que se extingue
en muerte para volver a sí "misma"
en "eterno retorno de lo mismo".

Es deseo de ser más ser
y más deseo: cuando el poro de la piel
se seca, cuando se seca el agua de la fuente,

cuando el poniente corre hacia los astros
hay vida todavía y habrá vida en esta
exangüe entrega de un cuerpo al otro
para hacerse uno.

La noche del invierno y el
poniente corren hacia las playas y mareas.

Allí duerme el delfín en la bahía. Y aquí en los
inmensos lagunares la garza blanca milagrosamente
se posa en el lapacho florecido y la quietud es todo.

Reposar en el cuerpo del amante hombre-delfín,
águila y leopardo para heridos en lucha
renacer al espacio de lo “otro” que es un viento
inasible, un mano de espuma,

una dulce mirada que es entrega y libre donación,
que es interrogación, plegaria , y llamado a ser más

de lo que soy ahora que sólo canto
y memorado digo lo que fui, lo que di,

dejándome fluir en esta líneas que son también deseo
y luces del conocimiento de la muerte.

Si me despido es porque sé que estuve aquí
y en una extraña tarde no olvidada bajo un río de olvidos,
besé al amado en un extraño rito de iniciación
y entrega bajo el agua del río.

¡Ay! Y no ceso de crecer hacia lo hondo,
desde ese momento.

Hoy... - Colaboración desde Argentina


HOY...
Marga Seoane

Me haré pequeña,
muy pequeñita,
como la diminuta partícula
que flota en el aire,
para poder esconderme
en el nudo de tu corbata,
bajar despacito hasta
el medio de tu pecho,
y sentir los latidos
de tu corazón...

Ayer, Hoy y Mañana - Colaboración desde España


AYER, HOY Y MAÑANA
Senén Rodriguez Perini

No creía lo que veía. La menor de las Arrospide, Cristinita, con la que jugamos tanto de chicos, con la que enloquecíamos a las maestras, aquella amiga entrañable de mis lejanas épocas de niñez e incipiente adolescencia, estaba otra vez frente a mí: el destino nos había juntado a la entrada de un teatro en la ciudad vieja.

Nos habíamos dejado de ver muy jóvenes, cuando mis padres se vinieron para Montevideo y su familia quedó en nuestro Salto natal. Luego —y qué bien lo recordaba—, nos encontramos de pura casualidad cuando apenas pasábamos los veinte años; una vez, una sola vez, en plena dictadura, después de una pintada contra los fascistas.

Había sido una sola noche, pero quedó marcada al fuego en mi recuerdo para siempre. Fue un encuentro con un amigo en un boliche del centro. Él vino acompañado por la novia y una amiga. Vos eras esa amiga y allí nos volvimos a ver, aunque realmente nos reconocimos cuando estábamos frente a frente sentados en la mesa del café. "¿Cristinita?... ¡No puede ser, Cristina Arrospide!, ¿sos vos? ¿Y dónde esta la rubia de trenzas, aquella con la que jugábamos a las escondidas, la de pecas y cachetes colorados?"

"Sí, soy yo. La rubia creció, Carlos, los años pasan". Y siguieron los recuerdos en avalancha.
Eran tiempos duros, de plomo, por eso no pudimos permitirnos mucho tiempo. Quedamos en vernos, me diste tu teléfono y yo prometí llamarte, pero vino la cárcel, el exilio, la separación, y otra vez dejamos de vernos, hasta ahora.

Habían pasado casi treinta años más, pero el reencuentro renovó las picardías de aquellos tiempos. Seguramente también ella recordaba cada detalle en esa especie de carrusel mental que tenía los engranajes oxidados y que ahora el reencuentro lubricaba, haciéndolos girar incansablemente, generando imágenes tan queridas, desempolvando los recuerdos casi olvidados, girando y girando sin parar.

Concordamos que este encuentro no podía ser casual, tendría un motivo. Del hoy y del nosotros a los lugares conocidos y los que tenemos por conocer y por la necesidad de recomponer nuestras existencias y cómo se nos fueron nuestros viejos, y los pibes que han volado y hecho nidos propios y la soledad que nos avanza, y cómo es feo sentirnos solos, y este soplo de vida, de aire fresco el estar otra vez juntos, que de tan chicos nos hacía tan felices y que de jóvenes la vida no nos había permitido disfrutar mejor, y, y...

Por eso estamos ahora reviviendo. Ahora parece que siguiésemos jugando desde nuestra madurez con la vida, enloqueciendo ya no a profesores y maestros, sino a los hijos, las hijas y los nietos. Nadamos en un mar de coincidencias, empapándonos en todo lo que antes no podíamos reconocer, lo que antes no sabíamos.

Por fin dejamos de lado el Teatro y nos fuimos al mismo boliche, ese en el que nos habíamos reencontrado aquella noche, lejano 1974, otoño, un día de frío húmedo que avisaba la proximidad del invierno. Buscamos instintivamente la misma mesa, sin haberlo programado.
Caballero, separé la silla y vos dijiste: "Me parece un deja vú", porque era la misma silla y yo, casi cuatro décadas mas joven, también supe repetir ese movimiento. Ella no lo había olvidado.

"Fue cerveza, ¿no es cierto?", dije mirándola fijo, repasando que aunque los años habían pasado para los dos, esos ojos caramelo tenían la misma, exactamente la misma mirada de aquel tiempo "Sí —aseguré canchero sin esperar la contestación—, estoy bien seguro que los dos tomamos cerveza."

"Doble Uruguaya —dijiste enseguida—, aquella de botella barrigona, ¿no te acordás? Y vos pediste un sandwiche caliente y yo..."

"¡Pizza... vos pizza, dos porciones de pizza con fainá!, cómo no me voy a acordar —retruqué retomando la iniciativa en los recuerdos— si me llamó la atención la cantidad de pimienta que le pusiste, casi estornudo de mirarte", terminé entre risas. "Por el frío, la pimienta por el frío, me encanta ponerle mucha pimienta a la pizza ‘a caballo’, y ese día hacia un frío increíble... mirá cómo te acordabas... y yo puedo decirte que cuando llegaste, la primera vez que te vi traías puesta una boina como el Che, que te quedaba hermosa. Eras tan guapo, alto, elegante..."

"Y tenía un susto impresionante —le confesé—, los milicos habían estado a punto de agarrarnos con cantidad de publicidad y unos crayones negros que me ensuciaron las manos". "Me acuerdo —dijiste entrecerrando los ojos—, las tenías negras del carbón, estabas todo sucio... ¡que días tan feos nos tocó vivir!, más vale ni acordarse de eso." Bajaste la mirada y la dejaste fija en la mesa, como presa en recuerdos tristes.

Yo te traje otra vez al presente: "¡Y ahora me lo venís a decir, veinticinco años después! Pero no me jodás Cristinita... ¡veinticinco años después!"

Asombrada volviste a mirarme y preguntaste: "¿Qué fue lo que te dije veinticinco años después, me podés decir? Y yo: "Lo de la boina, eso que decís de que me quedaba linda, eso de que era alto, elegante, que era un pintún bárbaro a tus ojos, eso". Sin quererlo me quedé medio pensativo, entonces intentando retomar la alegría le pregunté: "¿Y cómo vas a decir ‘eras’... mira que la pinta todavía la tengo, vengo siendo un galán recio maduro, vengo siendo", dije de un tirón con voz tanguera, haciendo un gesto con los ojos y sugiriendo que me tocaba el borde del sombrero como Carlitos Gardel.

"¡Seguro que seguís siendo!, ¿quien te ha dicho lo contrario?", dijiste sin anestesia, y quedé en la lona completamente noqueado, tanto que el árbitro podía contar hasta mil que no me levantaba. Es cierto que no esperaba tanta sinceridad, pero lo que más me había impactado era el tono de voz con que habías dicho todo. El "seguro que seguís siendo" casi te había salido con bronca, como reprochándome que pudiese pensar que vos no lo creías, y el "¿quién te ha dicho lo contrario?", con un cariño reconcentrado de años, que era como una caricia sostenida, más cuando la acompañaste con un cambio en el brillo de los ojos, que casi parecían estar a punto de llorar, desbordados de amor.

"Y de vos... ¿qué puedo decir de vos...?”, le dije casi susurrando. “Que a mis ojos sos mucho más hermosa que aquella maldita vez en que te volví a tener y te volví a perder en mi vida, oculta por la gorrita coqueta marrón —mira cómo me acuerdo— y la cara tapada por la bufanda hasta los ojos. Parecías una afgana con los burkas esos que ahora vemos en la televisión. Pensar que sólo fueron unas horas y después cada uno a sus tareas y dejamos de vernos otra vez, ¡que destino maldito! Pero te cuento que pese al tiempo, esos ojitos siguen igual de hermosos y vos toda estas tan, tan..."

"¡Pará un poquito!”, me cortaste. “¿Qué te pasa?, nos conocemos desde niños... ¿te me estás declarando ahora?", propusiste a las risas y después ya mas seria: “¿Y por qué decís eso de ‘aquella maldita vez en que nos volvimos a ver?’

"Lo de maldita es porque te dejé ir, ¿entendés?, porque te dejé ir y desde hace veinticinco años he lamentado no haberte dicho lo que descubrí en ese momento, allí en el boliche, en el medio del remolino que ha sido nuestra vida, decirte que fue verte y descubrir que el cariño de niños era amor. Te lo repito, quizás no pude decírtelo —quizás ni tiempo tuvimos para nosotros— había que seguir la militancia, pero era —y es— amor. Te aseguro que hasta hoy te he extrañado, que jamás te olvidé, siempre te quise."

Quedaste confundida pero enseguida te repusiste: "¿Vos no acabás de retrucar el por qué no te lo hice ver hace tantos años?, la vida se nos va Carlos, el tiempo es cada vez mas breve... ¡y no pienso repetir esa equivocación de nuevo! Decís bien, no tuvimos tiempo para nosotros, nuestros destinos se han cruzado ya tres veces y ahora con la madurez me doy cuenta que en esas poquitas horas vos no entendiste mis mensajes y yo no supe manejar tu timidez... porque me pareciste tan heroico en ese entonces, tan valiente... quizás casi tan valiente como tímido, porque eras muy tímido..."

Seguramente me puse colorado, porque señalándome acusadoramente con el índice de la mano derecha moviéndolo para arriba y abajo me dijiste entre carcajadas: "¡Se puso colorado!, seguro que le acerté, lo seguís siendo! ¡Seguís siendo tímido pese a los años!

Entonces no me pude aguantar: "¡Carajo!, pensar que yo me quise dar de canchero... pero tenés razón, pese a los años sigo siendo un tímido de mierda, un tímido que no va a dejar que pase de nuevo lo que nos pasó en aquellos días tristes."

"¿Y que nos pasó?”, dijiste intrigada. "Que no aproveché esas pocas horas de calma en la tormenta para decirte de frente cuanto te quería, que no las aproveche para abrazarte, besarte, amarte. Cristina... fui un miserable tonto que nos hizo perder media vida juntos y bien decís, ¡no nos va a pasar de nuevo, te lo juro!", y sellé mi declaración agarrándole fuerte las manos sobre la pequeña mesa del boliche. Vos las dejaste en las mías con un leve temblor y ese morderte lentamente el labio inferior mientras me traspasabas al mirarme, me dieron la contestación sin necesidad de palabras. Los dos sentimos que la mesa nos separaba molestándonos y casi la pateo a un lado cuando llegó el mozo con las cervezas y tuvo que carraspear varias veces, cada vez más fuerte, para que nos soltáramos y así poder servirnos.

"¿Qué son casi treinta años?", te pregunté, y vos, triste contestaste: "Toda una vida Carlos, toda una vida". Entonces yo te hice ver, siempre alegre: "Una vida, decís bien, pensalo: una vida, esa fue una vida. Esta que empieza hoy es otra, no lo dudes. ¿Qué cuanto durará? Sólo Dios lo sabe, pero lo que dure, ¿sabés? Lo que dure será todo nuestro, todito."

Vinieron otra vez las risas, las sonrisas, los abrazos, los cuentos, las desgracias, su viudez, mi divorcio, nuestros hijos, los nietos que no tuvo y los que me regalan su alegría día con día, sus estudios, mi carrera de arquitecto, el viejo Uruguay, la vieja España, Suecia, todas las experiencias, hasta el hoy.

Por primera vez en mucho tiempo no me sentí solo. Cuando salimos rumbo al futuro abrazados como dos adolescentes del boliche, no pensábamos perder tiempo lamentando el ayer, lo que había podido ser, lo que habría sido. Las vivencias de antaño no eran más que recuerdos, ahora la prioridad era vivir el hoy. Y vivirlo febrilmente, disfrutando cada hora, cada minuto, cada segundo.

El ayer ya fue, y pos... ni modo, como dicen los hermanos mexicanos, el hoy es hoy y hay que vivirlo a plenitud, y para nosotros es algo invalorable. Y el mañana, sea como sea, dure lo que dure, venga como venga, el mañana para dos almas enamoradas será intenso, será hermoso, será inmenso. ¿Quién puede decir cuánto nos queda?, fue desafortunado no haber tenido estas vivencias casi treinta años antes, pero peor seria no haberlas tenido nunca.

—Te das cuenta —le dije filosófico—, la vida nos está dando una nueva oportunidad... ¿Sabes a qué poquita gente le sucede?

 
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