agosto 16, 2007

Súplicas Irreverentes - Colaboración desde Bolivia


SÚPLICAS IRREVERENTES
Pablo Carbone

No me digas que me vaya
con ese silencio tan tuyo,
tan disfrazado de esmeralda.

Apiádate del crepúsculo,
de esta hora solitaria
que amenaza con su fábula de sombras
las paredes de la garganta.

Odio la irrisoria tempestad
de tu piel en trance,
la maquiavélica mansión de tu boca
cuando asiste, con su cortina de humo,
al lodazal de mis dudas.

Me repugna tu vanidad
cuando recorre la tarde,
cuando avanza con ese danzar solemne
que hace relinchar las espigas;
y tiembla el corazón de la selva.

Ya todo es un infinito murmullo.

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