agosto 05, 2007

La Piel - Colaboración desde Argentina


LA PIEL
Oscar Portela

A Marily Morales Segovia

No Johann. No es “gris el árbol de la ciencia
y verde el árbol del conociendo”: aquello que se da
y florece conoce de la muerte la osadía de ser
un breve instante y en el amor bebe del cáliz de
la muerte como yo renazco del ocaso en la piel
usurpada del amante.

Quien conoce es el cuerpo.

Gramática del cuerpo del deseo y la magia de
poros abriéndose a la luz, al agua y a los rayos
que golpean las puertas de ser monadas
sólo concientes de saberse ostras: es el viento
que nos lleva hacia el otro.

Los extraños camino y los acaecimientos
del azar quienes nos abren
a nosotros desnudos en el otro:

Oh fiestas del “candor”.

¡Oh turbulentas siestas del verano!

¡Oh Deseos y goces, zureos de palomos en
vacíos alfeizares y la luz, la luz que tú pedías
en el cuerpo y las piernas del amado!

En el beso se enciende la amapola y
del conocimiento todo arde la vida que se extingue
en muerte para volver a sí "misma"
en "eterno retorno de lo mismo".

Es deseo de ser más ser
y más deseo: cuando el poro de la piel
se seca, cuando se seca el agua de la fuente,

cuando el poniente corre hacia los astros
hay vida todavía y habrá vida en esta
exangüe entrega de un cuerpo al otro
para hacerse uno.

La noche del invierno y el
poniente corren hacia las playas y mareas.

Allí duerme el delfín en la bahía. Y aquí en los
inmensos lagunares la garza blanca milagrosamente
se posa en el lapacho florecido y la quietud es todo.

Reposar en el cuerpo del amante hombre-delfín,
águila y leopardo para heridos en lucha
renacer al espacio de lo “otro” que es un viento
inasible, un mano de espuma,

una dulce mirada que es entrega y libre donación,
que es interrogación, plegaria , y llamado a ser más

de lo que soy ahora que sólo canto
y memorado digo lo que fui, lo que di,

dejándome fluir en esta líneas que son también deseo
y luces del conocimiento de la muerte.

Si me despido es porque sé que estuve aquí
y en una extraña tarde no olvidada bajo un río de olvidos,
besé al amado en un extraño rito de iniciación
y entrega bajo el agua del río.

¡Ay! Y no ceso de crecer hacia lo hondo,
desde ese momento.

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