agosto 16, 2007

Bergman el mago de Faró nos dijo sólo adiós - Colaboración desde Argentina


BERGMAN EL MAGO DE FARÓ NOS DIJO SÓLO ADIÓS
Oscar Portela

..."existen fuerzas espantosas que cercan al hombre"...

"El silencio"- Pág. 43: "El retorno de lo trágico: Jean Marie Doménech.
ED Península.

El era el único trágico del cine al que cita en su magna obra "El retorno de la trágedia" el sucesor de Emmanuel Mounier, Jean Marie- Doménech. En realidad, si los cuadros y la teología negativa de Dreyer o el hermetismo de Tarkosvski no alcanzan a desentrañar los límites de la condición humana, a través de más de cuatro décadas Ingmar Bergman se impuso como tarea ahondar en los hondones del alma humana como nadie lo hizo hasta el momento. Cabría hablar acaso de un “anti-humanismo de Bergman” frente al neo-humanismo de
Kurosawa.

De este modo no cabrían dudas de que es él el más importante trágico de la historia del cine: un dramaturgo del linaje de Strinberg que sólo admite comparación con Samuel Becketh por su inmersión en la finitud y la capacidad del hombre a través del lenguaje (que es acto del habla), de transformar el mundo y sobre todo, de alcanzar la trascendencia desde lo transmundano, además de la ínter-subjetividad en el silencio de un mundo que se ha convertido en un museo de fantasmas.

Ingmar Bergman supo sacar partido de la gran tradición de Stiller y Bjostrom: no le fue extraña tampoco la ácida comedia burguesa, pero como anota Julián Marías en sus dos tomos de "Visto y Oído" es "Cuando huye el día" (o Fresas Salvajes) su obra más lírica, un bellísimo y cruel “adaggietto”, en el que su antiguo maestro Sjostrom realiza a pesar suyo su última y más luminosa aparición en la pantalla, el film más adorable de su “opús”: el fracaso, la envidia, el egoísmo, la ruindad, se rinden cuentas a sí mismas en un viaje donde el costado del sueño le sirve a Bergman para recrear las imágenes más hermosas del cine con un llamamiento a la luz y la salvación final.

Ahí los cuadros de Frontisekc Vlacil sobre el medioevo no lo emularan. Sería sin dudas "El séptimo sello" la más perfecta de las ilustraciones del trágico ajedrez que juegan la eternidad y el tiempo, la vida y la muerte, el destino y la libertad, ilustrándonos como Durero el cruel viaje de la vida. "Detrás de un vidrio Oscuro" con reminiscencias de Bresson y el más cruel requisitorio acerca del creador y la fe estériles en este mundo para mostrar una salida del túnel de la soledad y el fracaso, su más negra descripción del suplicio de la condena que conlleva la culpa.

"El mago" — juego irónico acerca de la identidad, la fantasía y la realidad" — nos conduce a "El silencio" — cumbre del solipsismo y el escepticismo bergmaniano —. Al silencio de Dios le corresponden los desiertos en los que habitan los” hombres de paja” (Elliot) para los cuales la plegaria a muerto y las preguntas también aunque la alegoría se abra sobre una enorme e inquietante pregunta "pregunta": ¿para qué?

"La hora del lobo" es también una desesperada búsqueda de la identidad en un mundo de máscaras muertas. De esta inmensa filmografía que inicia otro período de la creación cinematográfica y de otra pátina, quizá sea "Gritos y susurros" — la más perfecta de sus obras: un Rembrantdt mezclado con Artaud sin que "Sonata de otoño" — bellísima patética o "Persona", "Cara a cara" — el triunfo del amor y la mistad o "Después del ensayo" — la mejor
interpretación de toda la carrera de Ingrid Thulin— sean obras que cedan en calidad ante ese fresco donde la realidad e irrealidad, crueldad y ternuras juegan la danza extática de la mayor tragedia moderna.

Su último estudio —no nombrada hoy por sus comentaristas— "En presencia del payaso", vuelve a plantear el problema de la transferencial y el final de ese Schubert que somos todos y que deja abierta una vez más la posibilidad de la salvación. Nadie más que Bergman podía hablarnos del duelo como del conyugio de amor y muerte.

Hace algunos años en sus parcas palabras con el periodismo, el mago de Faró pidió que si iba al cielo después de terminar un corto en él hubiese una pequeña pero sustanciosa cinemateca: no habló de sus filmes preferidos: aparte de su obra extraída de sus entrañas — a voces bordeó el límite de la locura—, de sus negativas a ceder ante cualquier intemperancia del otro (su relación con Lord LawrenceOlivier) y el fallido intento de poner “Hedda Gabler” en Londres, a veces de sus imperdonables circunspecciones para retratar a otros en su vejez (Greta Garbo).

Bergman no es un producto sincrético como quiso hacernos creer con facilidad Godard : “Mezclad a Girodoux con Heidegger y tendréis a Bergman". Fuera de las últimas obras de Dreyer como legado al cine, sólo Orson Welles puede comparársele sin que éste haya sido el creador de un cosmos como Bergman. Habló de Tarkovky como del más grande pero hasta el momento Ingmar Bergman está vivo. Nadie tiene por qué llorarlo, pues no existen perdidas: lo dio todo. El cine no ha perdido nada porque su herencia llena todos los vacíos de un tiempo casi estéril como el nuestro. Como sucedió con la muerte de Martin Heidegger en el terreno de la filosofía, con su huida se cierra una época en la historia del espíritu del arte.

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