julio 25, 2006

La Ciudad en el Viaje del Mirar - Colaboración desde Brasil


LA CIUDAD EN EL VIAJE DEL MIRAR
Almandrade

Las ciudades son tristes cuando una curiosidad, una presencia, o un lugar no acalla la soledad de quien vive en la abstacción de la vida cotidiana. Nada tiene sentido. La falta siempre remite a una especie de desierto que desorienta al viajante solitario de su propio espacio.

—¿Será que las ciudades deberían ser habitadas por las imágenes que deseamos y por las imágenes poéticas? "Mas el deseo, la poesía, la risa hacen necesariamente deslizar la vida en el sentido contrario, yendo de lo conocido a lo desconocido" (Bataille).

Enfrentar lo desconocido es una tarea difícil para el hombre, principalmente cuando vive en ciudades hostiles al mundo del conocimiento.

La publicidad hace la imagen de la ciudad, como si la naturaleza fuera una imitación de alguna otra naturaleza. La arquitectura no es más arquitectura, es imagen out-door. La fiesta hace el paraíso urbano y una música mediocre anuncia el Carnaval, esta intervención autoritaria que desapropia la vida de la ciudad, para aquellos que no tienen el derecho a opinar contra la fiesta.

La ciudad es una multitud que cambia de imagen siguiendo la moda. Pero tiene la imagen que permanece en la memoria, como objeto de pasión para el apasionado. Pensé en Walter Benjamin y el "Diario de Moscú": El mirar apasionado de un filósofo sobre una ciudad: "En aquella mañana me sentí con energía y, por eso, conseguí hablar de manera sucinta y calma sobre mi permanencia en Moscú y sobre sus perspectivas inmensamente reducidas". Una relación de pasión compartida con el conocimiento de las imágenes percibidas de una ciudad.

Desde la ventana, contemplé la calle como un voyeur de ciudad. El tránsito, la publicidad, la multitud, el centro histórico. Los monumentos y la arquitectura eran objetos para las cámaras fotográficas de turistas, como escenarios sin fecha. Sin la imaginación el pasado es una imagen estancada, un efecto especial de lo cotidiano, donde todo es repetitivo. La historia, en este caso, no pasa de una mercadería para un mirar carente de anhelo cultural. "La era fastuosa de la imagen y de los astros y de las estrellas está reducida a algunos efectos de ciclones y terremotos artificiales, de falsas arquitecturas y de trucos infantiles con que las multitudes fingen dejarse engañar para no sufrir una decepción amarga por demás" (Baudrillard).

Por otro lado, la singularidad de un espacio, de un monumento o de una arquitectura fascina al viajante. Es como las imágenes poéticas que provocan el deseo de mirar y de vivir un estado de deslumbramiento. Mas las imágenes no son totalmente transparentes sino que se revelan ante cualquiera que mire sin reflexión: ellas provocan la imaginación y exigen un mirar atento, con un repertorio de referencias. Esto es, una sensibilidad capaz de percibir en las imágenes sus historias y sus verdades, para llegar a ser una sensibilidad marcada por la pasión de una imagen.

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