mayo 14, 2007

Vitral - Colaboración desde México


VITRAL
Eduardo Lucio Molina y Vedia

Primero fue tal vez
un ciego pulso mineral
de contraria simetría,
el reto de un desdoblamiento
bajo oceánicas tinieblas,
la minúscula alquimia del azar
duplicando pequeños universos.

Después quizá un desglose
en secreto fulgor de nervaduras,
el remedo vicario de la fuente,
la fantasmal repetición
que el eco prolonga
(fugaz sucedáneo de lo otro),
la trémula superficie descifrada
desde el lejano incendio
en el inicial asombro
de la bestia junto al lago.

Más tarde acaso un día
dos miradas,
el brillo de unos ojos,
íntima colisión de lo diverso,
mágica travesía de amor y odio
en gravidez de luz.

Entonces,
reflejo de abismos invertidos,
apenas deletreado el lenguaje de las cosas,
llegaron infalibles
diálogos sobre diálogos,
la ficción de lo múltiple,
el fracaso de suscitar la imagen ida
en concepto y carnadura,
la remota discordia de lo semejante.

Como símbolo de algo que ignoramos,
tras el tiempo circular de los relojes
se fueron las estrellas del sur,
el río mar adentro
con sus aguas color de león,
la rosa sangrienta del ocaso,
la pampa desmedida.

Ahora soy sólo yo,
frente al espejo,
preguntándome por qué.

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