julio 13, 2008

Lo que Queda - Colaboración desde Bogotá, Colombia


LO QUE QUEDA
Norma Pasto

El peso de los recuerdos de ocho años, el dolor de un final, un ajedrez que cuenta historias, una cama que guarda secretos y que se quedó sola, una silla damnificada de un juego de sala que no conocí, un escritorio que se está haciendo mi amigo. Julio Cortázar, García Márquez y Luis Carlos Restrepo hacen inventario de mis hojas en blanco y animan a mi Bic transparente a que dispare sentimientos.

Dos paredes pintadas de esperanza y dos de magia, una ventana sin cortina para que la luz de los sueños pase con toda libertad, y permita distinguir lo premonitorio del horizonte, donde tengo fija la mirada; apretando los dientes para que esta vida no se me desencaje mientras pasa la próxima ilusión para colgarme de ella y retomar el rumbo de esta aventura por el mundo, por la gente, a través de mi.

Me dispongo a dejar lo que queda de ti en el papel. Tal vez no por última vez, seas el motivo que me lleva a escribir, pero esta vez es diferente. No se trata de desprenderme de tu aliento o despedirme de tu olor o de la sensación de tenerte, sino soltar ese delgado hilo que me une a ti, es dejar de creer, de recoger todos los quizá, de enterrar todos los tal vez. Es verte desvanecer irremediablemente hundida cada vez más en un simple recuerdo, dejando de ser real, de ser vida; dejando de ser esperanza.

Me siento a mirar como tu lugar lo va llenando la nada; ni siquiera una nueva esperanza o una mentira momentánea para asimilar que ya no eres parte de mi.

No estás reducida a una simple terapia de tiempo: ayer y hoy, pasado y presente. De forma natural te desvaneces como un copo de nieve bajo un rayo de sol, sin la mínima lucha empiezas a ocupar un lugar al lado de las canicas, un trompo, un yoyo y las cartas de amores que nunca lo fueron.

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