julio 06, 2007

Elegía al poeta Jorge Teillier - Colaboración desde Canadá


ELEGÍA AL POETA JORGE TEILLIER
Jaime Serey

Caminé como un poeta y traté que mi murmullo
fuera algo real y se convirtiera en un manifiesto
en una poesía al alcance del pueblo.
Yo, sin calcularlo pude alzar una copa de vino
para brindar por las mujeres
los pensadores que siempre estuvieron esperándome
a pesar de los muros que nos sitúa la muerte.

Por muchos instantes tuve ocasiones hermosas
de estar en un coloquio con vosotros.
Fui poeta en mis legítimas vivencias
viví en la ilusión y en el alma
viví con mi biografía y mi expiración,
fui infatigable y porfiado, puesto que viajé por muchos siglos
por otras humanidades que sufrían transformaciones culturales y sociales.

También aprendí que esta situación
no lograría cambiar mi privilegiado destino,
pues seguí siendo el mismo poeta
que calmaba su sed con vino y nostalgia.
Mi dolor me entregó un andén de trenes
me enamoró, entregándome parámetros para habitar
mi escritura fue cotidiana y fue mi ojo clínico quien la hizo elaborar.

Mi poesía fue la de todos los poetas.
¿Las escuelas literarias existen?
Mi vida fue como la lluvia,
fui un ángel un soldado desconocido
mi prioridad fue defender la eternidad
la palabra que nos quedo por conquistar
mi pensamiento fue pacífico, siguió la ruta de los espíritus sureños…

Mi honor no me llegó y también los 15 minutos
de la celebridad, aunque nunca lo estuve anhelando.
Pero oí a Gardel, conociendo los sonidos del tango
que excitaron mi modo de existir y mi filosofía.
Quise fecundamente conquistar
el pensamiento del amor fronterizo.
Yací en mi mundo viviendo entre las higueras,
disfruté del sol de los huertos y los manzanos
durante los largos meses de la melancolía
puse mis amores al servicio de los gatos
y los rocíos matinales a los recuerdos inmortales.

Déjenme subirme a los álamos pintados de amarillo,
desnudarme para que tirite con el frió cordillerano
y contemplar el viento atropellándolo todo sin piedad.
Déjenme traducir el lenguaje del atardecer y el trigo
mostrándoles mi rostro iluminado
por la armonía infinita de las cosechas.
Quiero que disfruten con mi presencia y mis estrellas
porque quiero ser amado odiado y criticado.
El poeta sólo existe para escribir
es una luz que no desaparece
que no se olvida en el horizonte
que muere y vuelve a nacer…

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