septiembre 04, 2007

Breve Encuentro Confundido - Colaboración desde España


BREVE ENCUENTRO CONFUNDIDO
Senén Rodriguez Perini

¡Doctor! —gritó al cruzarse con nosotros en la calle dirigiéndose hacia mi— ¡qué bueno que lo veo, Doctor!, ¿cómo está usted? —, yo le contesté pausadamente, “bien, bien, aquí estamos, ¿cómo va todo?”, y el hombre siguió como en un informativo tipo flash.

—... ya la pasaron al gastroenterólogo que le pidió un estudio especial del estómago, por suerte como usted ya había sospechado, del corazón no tenía nada y mire que le hicieron todos los estudios, hasta ese del aparatito las 24 horas y no salió nada, está mejor que yo, pero algo encontraron en el estómago, inflamado creo que me dijeron, si yo me acordaba de usted que fue el primero que nos alertó de esa posibilidad, ¡no sabe cómo agradezco su interés!

Era como una ametralladora, intenté tranquilizarlo, “pero por favor, no faltaba más, menos mal que pudimos solucionar y ahora le van a hacer los otros estudios, seguramente”, él consentía nervioso moviendo afirmativamente la cabeza.

— ¡Sí doctor, ya mañana empiezan la rutina de estudios digestivos, por allí está la cosa bien decía usted, nosotros estábamos tan nerviosos, pero por suerte es algo menor, quizás una úlcera, pero nada comparado con lo que nos imaginábamos...!

Mi voz ahora era complaciente y trasmitía seguridad, “bueno mi amigo, me alegro que las cosas estén encaminadas, ya sabe que siempre estamos a las órdenes”, esto desató una gran sonrisa en la cara colorada del hombre, nervioso y deseoso de trasmitir su agradecimiento.

— ¡Muy agradecido, doctor, muy agradecido! Se va a quedar contenta mi señora cuando sepa que lo encontré, que lo pase usted muy bien!

Decidí darle un toque final de familiaridad: “Me saluda a la señora”, el hombre me contestó rápidamente dándome la mano con vehemencia, “¡claro que sí Doctor, tenga buenas noches!”, me despedí cariñosamente, “igualmente para usted, nos estamos viendo”. Mi amigo había contemplado toda la conversación guardando un respetuoso silencio, en el momento que el señor se alejaba me preguntó intrigado:

—¡Pero mirá vos! ¿y desde cuándo sos médico?, hace añares que trabajamos en la oficina y no estaba enterado che, ¿quién era ese tipo?

Le fui totalmente sincero, “la verdad, no tengo ni idea”. Ahora estaba todavía más asombrado: “¿Y la señora?”,siguió preguntando. “ Menos”.

—¿Pero entonces cómo le seguiste la conversación si no sabes quién es?

—Pues yo no sé quién es, pero él estaba seguro que estaba hablando con quien quería hablar, ¡no viste que felicidad tenía de poder contarme todas esas cosas! ¿Con todos los problemas que tenemos, todavía vos querés que le pinche el globo a ese hombre? Si él está convencido que justo encontró a quien quería encontrar y que charló con su médico y para mejor cuando hable realmente con el médico, esos tipos tienen tantas consultas que no se va a acordar de nada y le va a decir que sí, que todo estaba bien... ¡¡y todos felices che!!

Se ve que fui muy convincente porque mi amigo pensó un momento, se rascó la pera y estuvo de acuerdo: “Y pa que te voy a decir que no, si sí. ¡Tenés razón, hiciste bien!”

Y aclarado el punto, seguimos caminando en la noche Montevideana hacia nuestro destino.

La vida fluye.

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