septiembre 04, 2007

Gitano - Colaboración desde México


GITANO
Eduardo Lucio Molina y Vedia

Al Gitano Ruiz, que jugaba de centrojás y la pisaba

Sentado en las desechadas cajas de cartón del Mercado Viejo, cartones apilados que habían contenido huevos o latas de conserva, miraba al Gitano Ruiz, que bajo el chorro del piletón de los pescaderos, acentuando la carnosidad anhelante de sus labios, imploraba borracho: “Quiero más café.”

La barra se divertía con su módico drama y yo me hundía más y más en los cartones, y les iba dando la forma complementaria de mi cuerpo, la forma de un sillón retacón y cómodo, armado por las capas superpuestas de una especie de hojaldre corrugado.

(Una obra de arte precursora del diseño escandinavo, se diría hoy, si se hubiese conservado en algún museo del mueble efímero.)

La módica tragedia del Gitano cobraba un grave patetismo ante mis azorados ojos infantiles. Los gritos, las risas, las burlas afectuosas de la muchachada, volvían la escena más absurda y escarnecedora, hasta que se fueron convirtiendo en un balbuceo incomprensible, que semejaba la parodia de un idioma inexistente.

Entonces me quedé dormido.

Fue un sueño de cartón. De cartón y mimbre.

Repetía, con el ligero matiz irónico de los sueños, una secuencia única, conocida, cómoda como zapato viejo: la escena de la Celebración del Mimbre.

Era el atardecer y pasaba frente a la puerta de mi casa el recargado carretón del mimbrero, con sus percherones de tiro, el farol a querosén bailando abajo y un infaltable perrito seguidor. El barrio se llenaba de una solar luz vegetal. Las canastas y canastones, las sillas y mecedoras, las mesas oblongas que se retorcían e interpenetraban en incesantes curvas, mantenían en tenue balanceo su increíble equilibrio, como si llevaran a conciencia, delicada y muellemente, la pausada tardanza de los artesanos.

El carretón pasaba una y otra vez en cámara lenta, interminable. Yo lo veía pasar, sentado en el umbral de mi caserón de higueras y magnolias, como décadas después al buque de Fellini.

Se hizo noche y me anduvieron buscando.Cuando volví a mi casa el alivio era bronca, amor, silencio.

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