septiembre 03, 2007

Narcissus - Colaboración desde Argentina


NARCISSUS
Oscar Portela

A Rafael Lazzini

Ya se nublan mis ojos donde antaño
florecían los dátiles silvestres y se abrían
las bayas o la entera floresta era la voz
secreta y silenciada de zafiros que brillan en el cielo.

Todo ha pasado ya. Ya todo está enterrado conmigo.
Soy sombra de mi sombra. Un caminante extraño
y un mendigo. Más todo reunido en la memoria
"habla en voz baja y en secreto". Hay un zureo en
mi —digo presagios—, hago caer las lluvias,
y en esta noche clara donde mi ojos claman
por la luz arde el deseo.

¿Adónde el diamantino espejo, adónde?

Así hablaba callando cuando me vi en tus ojos
raudamente y en tu sonrisa sentí virar mi alma
como torna hacia aquellos espacios siempre abiertos.

Era yo el que miraba y a mí mismo veía en los tus ojos
calmos lagos y en tu sonrisa me vi otra vez, adolecido
de amor, desfalleciendo quedamente. ¿Cómo perderme ya
si de tus ojos mana mi imagen claramente?. Eso es todo Rafael.

Jamás nadie en mundo, atónito volvió a su patria
cuando se vio en tus ojos nuevamente y tú me sonreías.

¿Era el Dios prometido? ¿O es Perseo que vuelve a mí
marcándome los rumbos que yo creí perdidos para siempre?.

Y Pegazo en tu rostro descubría sus alas de cometa.
No era el sueño que un sueño a mí traía. Eras tú Rafael, que de las
aguas de América emergías, todo magia y belleza,
todo poder y fuerza de elementos. Rodocrozita para ti Lazzini.

Bello Dios de una Arcadia que no ha muerto.

Y sólo en ti me veo ya. Y todo es eso. Como el loto se abre
solitario así en tu boca me abro hacia el afuera.
Y estoy aquí otra vez. Es un destino cierto. Ya no esperaba.

Pero un relámpago alumbró tu imagen de Dios y de Hombre

Y a mí mismo me vi otra vez, ya sumergido para siempre
y en mi propio elemento convertido.

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