septiembre 21, 2007

La Cadena Que Sujeta Tu Muñeca - Colaboración desde Argentina


LA CADENA QUE SUJETA TU MUÑECA
D. R. Mourelle

Veo venir la vieja y
por vieja
conocida
pasión por las jaulas
propia mansión y ajena
adornada con fausto de cerrojo versado
y telas carnívoras

la veo venir
de la mano de gesto tan humilde como falso
y el olor
que se anuda por sus pliegues
ahora un poco abiertos
lava el mundo y le agradezco
que me haya dado
apenas
tiempo para retirar mi ropa
y conservar las manchas
mi tesoro

Llega la fabulosa pasión por las jaulas
y — los cuadros
se van descolgando ...

Queda — eso sí — la sombra de los bordes
el decir de días y días
infusiones calientes recibidas por espíritu de entraña
lecciones previas al cenit
incluso cuando invierno se agachaba detrás
del arbusto fundido con la pared
de ladrillo puesto en desorden

Y detrás ... lo que llega detrás ... los cascos
a galope del ruido
polvareda
el temblor contra suelo enrejado
perfume de los hierros
el cuero embebido en sal
las cintas
el aire cautivo a la sombra
quietud de asilo
tanta demora detrás
tanto reloj de arena gruesa
de sol reseco
detrás

Veo venir la pasión por las jaulas ...
ya era vieja hace siglos
la recuerdo
vieja cuando — repetidamente
dijera adiós y jugara a no ser
la recuerdo — casi
un poco más

En su no ser
tan de conquistador que abandona el frente
la línea resiente sus doce cromosomas

uno más y el verano se habría rajado al medio
justo al medio
entre la crisma y el martillo
justo antes de chuparse la última gota del árbol que enfriara la infancia
vereda recién baldeada y ya
nuevamente
lozana de tierra de jaulas a cumplir

Y llega
consentida en fuegos varios
consumiendo el brillo de lo ... intrascendente
detrás — hacinada en las ruecas de su detrás
defendida su espalda por muchedumbres cargosas y adictas
al calor de unas pocas retinas
sobrevivientes

Y llegan estas jaulas
apasionadas
a darnos la herramienta que construya
el futuro
bajo sencillo rigor de lo sensato

las veo venir pero no me muevo pues
para hacerlo
debería dejarte sola
en esta mesa
cubierta de libros
que se incendia
y — en lugar de correr
acaricio la cadena que sujeta tu muñeca
y me pregunto si la piedra que reluce contra tu cuello
será fósforo atrapado en los nudos de la profunda
así de roja
y oscura
y enjaulada

y no importa si mantiene la silueta
de la flor que supimos vestir en la guerra
olvidaremos todo menos eso
lluvia que arreciaba el corazón
en otra tarde que perdíamos

Y la vieja pasión por las jaulas vuelve cada año
justo cuando hablamos — en esta mesa
encontrados — detrás y bien encontrados
igual que los chicos cuando cantan el himno por primera vez
e inventan con qué llenar los huecos
o mueven la boca sobre lo que ignoran
primera vez — auténtica — como pocas

Allí — donde la pasión no puede
ni jaula se quiere
aquí
donde cierro un ojo y me abrazo
a tu cadena

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